El resto del día fue para Pipa como un carrusel. Las horas pasaban entre el análisis de un caso prácticamente vacío, el sarcasmo de Castro, la ausencia de Lorenzo y de nuevo informes mal confeccionados y escasa recolección de pruebas.
Pipa comenzaba a perder la paciencia, no quería confirmar la ineficiencia de la unidad, no quería volver a construir prejuicios acerca de las personas que veía a su alrededor, aunque actuaran contrariamente a lo que había imaginado. Tampoco podía contarles de dónde conocía al cómplice de Rolo, al menos no todavía. Necesitaba ganarse su confianza y a juzgar por el trato que estaba recibiendo, se sentía demasiado lejos de aquello.
Miró su reloj por quinta vez en el día, las horas se movían con la presteza de un perezoso, aniquilando sus problemas de ansiedad. Suspiró echando los brazos hacia atrás como si acabara de levantarse y cerró sus ojos mientras inspiraba.
-Si terminaste con tu siesta, hay algo en lo que podes ser útil.- la voz de Castro tan apática como la recordaba, la llevó a acomodarse rápidamente en su silla.
-Hay que ir a bomberos por el informe del inicio de incendio, ¿crees que ahí no vas a desmayarte?- agregó con una sonrisa sarcástica.
Pipa prefirió no responder de inmediato, necesitaba contener sus impulsos de arrojarle la cantidad de groserías que cruzaban por su mente. En su lugar tomó el papel que Castro sostenía en la mano y luego de leerlo se puso de pie.
-¿Voy sola?- preguntó, sabía que era solo un informe, pero a juzgar por su última salida de aquel piso, prefirió estar segura.
Castro ni siquiera sonrió, se limitó a mirar hacia los lados como si fuera evidente que se encontraba sola.
-Ok, ok, ya entendí, no hace falta que me trates como a una nena. Me equivoqué y pedí perdón, me volvieron a admitir en la unidad y se supone que somos colegas. - le arrojó con los dientes apretados para evitar aumentar el volumen de su voz.
Entonces Castro sí, emitió una carcajada a gran volumen.
-Sabes la sopa que te falta tomar para ser considerada mi colega, chiquita. No me fío de vos, no te creo este papel de policía ruda, aunque te recojas el cabello hacia atrás, el disfraz no te sienta nada bien. No entiendo que estás haciendo acá pero no debo recordarte que somos detectives, vamos a averiguarlo. - respondió acortando la distancia entre las dos como si estuviera analizando su gesto frente a sus palabras.
Pipa se cubrió la cara con sus manos, fingió buscar serenidad mientras ocultaba lo que aquello le había provocado en realidad. Tenía miedo, no quería precipitar las cosas, no podía confesar nada aún y por eso escogió el camino de la sumisión. Prefería que Castro sintiera que había ganado la batalla antes de que continuara indagando en su pasado.
-Mejor me voy a buscar el informe de bomberos.- le respondió finalmente.
-¿Mejor? ¿O qué? ¿Qué pasa princesa, dije algo que te inquietó?- la presionó Castro, sabía que algo no encajaba en ella pero no podía lograr descubrirlo y eso la ponía de muy mal humor.
-Vos me inquietás Castro, vos con ese gesto de mujer ruda, con tus comentarios lascivos y tu dedo inquisidor. Somos las únicas mujeres de la unidad, podrías ser un poco más compañera conmigo. Que sepas manejar a gran velocidad o soportes el desagradable olor de la morgue no te hace mejor policía. - le respondió cansada de luchar contra ella misma, había elevado el tono de voz y si bien no había sido su intención, una vez desatado el huracán le era muy difícil calmarlo.
-A lo mejor manejar rápido, como decís no, pero los años que llevo trabajando, exponiendo mi vida, manteniéndome en forma cada segundo, si lo hace.- respondió la mujer imitando su tono, mientras ambas acortaban la distancia llamando la atención de todos los presentes.
Entonces fue Pipa quién río con exageración.
-Si eso es lo que haces con tu vida me das pena. Nada de eso es duradero, por más que lo intentes, tus reflejos van a disminuir en la misma curva que tus músculos y un día te vas a levantar sola, sin trabajo, sin músculos y te vas a dar cuenta de que estás vacía.- le arrojó, no quería ser cruel, no conocía su historia, del mismo modo que Castro no conocía la de ella, había intentando entender por qué actuaba así y había caído en el preconcepto de que no tenía nada más que la unidad, pero no fue prejuzgarla lo que la afectó, si no haber dado en el blanco. La mujer tragó saliva y sus ojos se inyectaron de rabia, fue una pausa breve pero una que le demostró a Pipa lo sola que estaba y, como no era novedad en ella, se sintió culpable.
-Lo siento, yo…- comenzó a decir pero Castro se abalanzó para tomarla de las muñecas.
-¡No seas cobarde, hacete cargo de lo que decis!- le gritó empujandola contra el escritorio y Pipa intentó buscar clemencia en su mirada.
-¡¿Qué está pasando acá?!- el gritó de Lorenzo las obligó a separarse, Castro se llevó las manos a la frente mientras intentaba respirar con normalidad de nuevo y Pipa, al verla se apresuró a responder.
-Nada, lo siento, es que tengo que ir a buscar el informe a bomberos y no sabía si correspondía que fuera sola. - dijo sin querer mirar de nuevo a su colega a quien había lastimado demasiado, ella podía sentir un ardor en las muñecas, pero Castro intentaba recoger los pedazos de su propia verdad, y eso de seguro, dolía mucho más.
Lorenzo alternó la mirada entre las dos y luego miró al resto de lo presentes que se apresuraron a negar con su cabeza y alzar los hombros como si no tuvieran idea de nada.
-No voy a tolerar este comportamiento en la unidad, no va a haber más advertencias, si vuelvo a escuchar este trato entre cualquiera de ustedes están fuera con una mancha en sus expedientes que les va a quitar las posibilidades de lo que sea. ¡Somos una unidad! Puede ser que nos intenten boicotear a cada rato, pero yo creo en ustedes, creo que somos capaces de formar un buen equipo y eso nos incluye a todos, pero no así. Si queremos sacar esto adelante necesito que nos comportemos como lo que somos, una unidad.- la voz de Lorenzo se había vuelto grave y segura, había sido un discurso cargado de intensidad y si bien Walter y Gonzalez habían bajado su vista asintiendo con sus cabeza, Pipa pudo percibir una sonrisa socarrona en Correa que no le gustó nada.
-Yo.. Lo siento, Castro no tiene la culpa, me está costando adaptarme, eso es todo.- dijo Pipa tocándose el cabello mientras intentaba no mirarlo a los ojos, si normalmente la ponía nerviosa en ese momento no se creía capaz de contenerse.
Lorenzo hizo una pausa clavando sus ojos en la oficial de cuerpo fornido y gesto de consternación. Intercambiaron una mirada fugaz y supo que no tenía que presionarla, pero creyó ver que había entendido el mensaje, cosa que Castro agradeció tácitamente.
-Será mejor que vaya por el informe, en cuanto tenga todo lo envió a ver si logramos dar con un inicio de pista para encontrarlos.- dijo Pipa cambiando el tono, como cuando alguien fue testigo de una discusión y desea cambiar el clima.
Lorenzo asintió con la cabeza casi sin mirarla, no porque no le interesara, sabía perfectamente lo que tenía puesto, como iba peinada y que ese color de remera le quedaba especialmente hermoso, pero, claro, no podía ni siquiera pensarlo, por eso esperó hasta que la puerta se cerrara para volver a respirar y convocó a Castro a su oficina para una conversación necesaria.