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1931 Palabras
La tarde se había convertido en noche demasiado rápido. Pipa continuaba dándole vueltas a la pajilla que tenía su vaso concentrada en la forma en la que el hielo se derretía dejando de notar donde comenzaba el gin y donde el agua. Llevaba menos de una hora en aquel bar, justo enfrente del único edificio que estaba segura que no volvería a pisar. No había sido capaz de irse a su casa, no quería dar por finalizado su intento de remendar el daño que había hecho en el pasado. Sabía que el silencio tenía consecuencias, sabía que la huída traía consigo una culpa creciente imposible de dejar atrás y, sin embargo, lo había vuelto a hacer. No entendía qué era lo que le pasaba con la figura de Lorenzo Zarate. No podía ser solo atracción, era un hombre algo mayor que ella, no tenía nada que destacara de su fisionomía y sin embargo cada vez que la miraba sentía que deseaba explorar hasta el último rincón de su cuerpo. ¿Cómo podía sentir eso? ¿Cómo había abandonado su confortable soledad justo en el único momento en el que necesitaba toda su concentración en su trabajo? ¿Cómo había perdido tanto la perspectiva como para ir sola detrás de un delincuente? La música del lugar se mezclaba con sus pensamientos volviéndolos tan reiterativos como dañinos. La culpa entrelazaba su tenacidad con la vergûenza de no haber sido capaz de enfrentar ni siquiera la mirada de su jefe. ¿Dónde la dejaba aquello? Había terminado de confirmar a los miembros de esa unidad lo que ya pensaban: que era infantil e inmadura. Y no era que lo que opinara un hombre como Correa le afectara, el problema estaba en que ella había comenzado a creer que tenían razón. Con cada minuto su decisión se volvía más tonta a sus ojos, pero no podía cambiarla. Dio un nuevo sorbo al trago y el alcohol le quemó la garganta, no sabía si se debía al humo que había inhalado o a su falta de cultura alcohólica, pero tampoco quiso averiguarlo, alzó su mano para llamar al único empleado detrás de la barra y le pidió una soda con hielo. ¿a quién quería engañar? No era una habitué de bares, como tampoco era una detective. Tenía que aceptarlo, debía dejar atrás su idea de atrapar a ese monstruo, incluso cuando había vuelto a estar a pocos metros de él. Estaba claro que el tal Rolo no iba a regresar a ese lugar, tampoco iba a volver a utilizar un teléfono rastreable, si antes había logrado desaparecer, ahora de seguro lo haría mejor. Ni siquiera entendía que tenía que ver un hombre acusado de robos con el demonio que ella había visto. Había leído los antecedentes del caso por arriba, pero no recordaba nada que le hubiera llamado la atención. Ella había intentado investigar a aquel hombre por su cuenta y el tal Rolo nunca había entrado en la ecuación. A lo mejor no era buena detective después de todo. Bebió la soda con mayor placer que antes, cerrando sus ojos mientras el líquido frío atravesaba su garganta y sonrió con sus labios apretados disfrutando la sensación. -Por más placentero que parezca ahora, el alcohol nunca es una buena solución.- la voz de Lorenzo la sobresaltó tanto que casi tira el resto de su bebida y como si fuera nuevamente una estudiante de la academia se levantó poniendo firme. Por suerte antes de esbozar un saludo ridículo con su mano él colocó su mano sobre su brazo y le mostró una sonrisa de lado que le recordó porque le gustaba tanto. -Podes quedarte sentada, no soy tu jefe acá.- le dijo señalando la silla a su lado, en una gesto tácito que pedía su permiso para acompañarla. Pipa asintió con su cabeza mientras volvía a sentarse a su lado. -No estaba tomando alcohol.- lo sorprendió, obteniendo su mirada inquietante nuevamente. -Lo intenté, no voy a mentirte, pero creo que el humo me dañó al garganta.- agregó al notar que no la comprendía del todo. Entonces Lorenzo cambió su gesto al de preocupación mientras la miraba como si estuviera examinando una escena del crimen. -Castro me dijo que te habían dado el alta. - le dijo con genuina zozobra. Y entonces Pipa por fin sonrió. Fue la primera vez que Lorenzo la vio hacerlo, había sospechado que sería más hermosa si sonreía pero el resultado había sido abrumador. Aquel rostro delicado, que poco tenía que ver con los que había cruzado en la policía anteriormente, se volvía angelical al sonreír. Por eso apartó la vista. -Estoy bien, en serio, solo sentí que el alcohol me raspaba, por eso lo cambié por agua. ¿querés?- le preguntó, sin entender de dónde había sacado la valentía para invitarle algo al hombre frente el cual se había humillado minutos antes. -Ok.- le respondió él regresando a su mirada enigmática que no terminaba de transmitirle lo que despertaba en él. ¿Sería lástima? ¿Sería pena? ¿Sería acaso…? No. No era atracción, ella no le gustaba, no había tenido la más mínima intención de pasar tiempo junto a ella, no la había rozado ni una vez, no había entablado ninguna conversación. Hasta ahora… pensó Pipa sin querer perderse en tonterías cuando en realidad debía averiguar si aún seguía teniendo empleo. -Perdón por como actué hoy.- se lo arrojó sin pausa, sin endulzarlo, sin mirarlo. -Y por no haber estado a la altura de la sanción que merezco, no debía irme así, sin hablar. Lo que dijo Correa es cierto, creo que no estoy preparada para la unidad, ni siquiera puede aguantar un segundo en la morgue sin desmayarme.- dijo sin tomar aire por miedo a perder la valentía. Lorenzo volvió a sonreír de lado, no era una sonrisa completa, pero sin dudas era una que le quedaba muy bien. -¿Cuál es tu historia?- la sorprendió mientras le agradecía al cantinero su bebida, era una suerte que ella hubiera pedido agua, no estaba preparado para contarle lo mucho que le había costado entrar a aquel bar. Pipa lo miró arrugando sus cejas, no terminaba de entender lo que quería, le había puesto las cosas fáciles para que la echara y él le preguntaba por su historia. -Digo.. ¿Por qué decidiste entrar a la unidad?- agregó Lorenzo al notarla confundida y ella entonces volvió a sonreír, fue breve pero suficiente como para confirmarle cuando le gustaba. -No vas a creerlo, pero necesitaba un cambio. Cuando te dejan plantada en el altar, toda tu vida deja de tener sentido y necesitas encontrar uno nuevo.- le respondió, lo que le decía era cierto, aunque definitivamente no era la historia completa, pero eso no podía contarse, al menos no, por ahora. -¿A vos? ¿Te dejaron plantada en el altar? Pero qué clase de loco haría algo así.- le respondió Lorenzo perdiendo por unos segundos la formalidad que había impostado en cada frase. Pipa se sintió halagada de que pensara de ese modo, pero no iba a arriesgarse a arruinarlo, no estaba allí para seducciones, sí había una chance de regresar, no iba a perderla. -Uno muy cuerdo y si te soy sincera, hizo bien en dejarme. Ni siquiera le guardo rencor.- le confesó recordando aquella etapa de su vida como si fuera una novela que hubiera leído alguna vez. Lorenzo volvió a mirarla, era tan hermosa como misteriosa y si había algo que a él le gustaban eran los misterios. -¿No le guardas rencor? Supongo que no lo querías.- respondió volviendo a beber un poco de agua, no debía ir por ese camino, se suponía que había ido para asegurarse de que estuviera bien, cuando Wilson le había contado donde estaba, su lado moral lo había llevado a buscarla. No quería que abandonara la unidad, era cierto que su accionar no había sido el correcto, pero con apenas dos días allí le había devuelto las ganas de trabajar y eso era mucho decir. -Querer… amar… ¿Qué es eso en realidad? No se si estamos preparados para atarnos a una persona para toda la vida cuando el amor, esa sensación de plenitud y gozo solo dura un momento. Me parecía un buen chico, es una buena persona con la que fui feliz de a ratos, pero creo que con eso no hubiera alcanzado, incluso si se hubiera presentado ese día.- le confesó con sinceridad. -De a ratos…- repitió él sin querer que su mente dibujara escenas en las que aquella jovencita disfrutaba junto a un hombre que no era él. -De a ratos, sí. ¿Demasiado fría para ser mujer?- le preguntó y él negó con su cabeza. -Realista, supongo.- agregó bebiendo un nuevo sorbo para intentar recordar el motivo de su presencia allí. -Entonces, después de un desencanto, lo dejaste todo para ser ¿policía?- le preguntó sin terminar de creer la historia. Una chica como ella, que había estudiado medicina, que había estado a punto de casarse, de repente se volvía policía. Pipa debía pensar algo, no estaba dispuesta a contarle sus verdaderos motivos, pero tampoco quería perder la oportunidad de regresar. -Aja… aunque duré demasiado poco. -dijo intentando descubrir si en verdad tenía una chance de regresar. -La primera vez que fui a la morgue vomité una semana.- respondió Lorenzo, sabía que no le estaba contando todo, pero también sabía que no debía apresurarse, si lograba que regresara tendría tiempo para resolver el hermoso enigma que se había presentado ante sus ojos. Pipa lo miró apretando sus labios, en un intento por contener la sonrisa, no sabía si era cierto, pero le encantaba lo que intentaba demostrarle. -¿Te había llevado Castro? ¡Por Dios, cómo maneja esa mujer! - respondió y ambos no pudieron evitar sonreír. Fue un momento breve, pero la conexión se hizo palpable, si no hubieran sido un jefe de unidad y su subordinado, de seguro la hubiera besado. Pero no podía. No iba a hacerlo cuando podía ver esa sonrisa cada día para intentar volver a disfrutar de su vida. -No podes volver a ir sola a ningún lugar.- le arrojó cuando las risas se aplacaron y ella negó enfáticamente. -No, te lo prometo.- respondió como si fuera una niña de escuela frente a su director. -No es algo a la ligera, fue muy peligroso lo que hiciste hoy, a mi no me importa si perdimos la pista o si los delicuentes escaparon, a mi me importás vos.- le dijo serio, pero tan cerca que ella se tomó de la silla para no caerse. -Vos y cada uno de los miembros de mi unidad y por eso siempre voy a priorizar su seguridad. ¿Entendido?- agregó bajando su cabeza para demostrar que hablaba en serio. -Entendido, jefe.- respondió ella alzando su pecho mientras contenía la alegría que aquellas palabras le producían. -No hace falta que me llames jefe, Almada.- respondió llamando al cantinero para pagarle las bebidas. -A mi me gustaría que me llamaran Pipa, si no es mucho pedir, Almada suena como mi papá.- respondió ella sacando los billetes antes que él para pagar las bebidas. -No hacía falta que pagaras, te lo agradezco.- le dijo mientras ambos salían del bar. -No hacía falta que vinieras, pero te lo agradezco mucho.- le dijo ella y sin querer caer en la tentación de acortar las distancias o hacer algo estúpido, alzó su mano en señal de saludo y prácticamente corrió hasta su auto, dejando a un Lorenzo que se sintió vivo por primera vez en mucho tiempo..
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