"Me das asco"
Eso fue lo último que le dije a Aidan. Me sentí un poco mal después, porque podría malinterpretarlo. Me da asco su actitud, que haya jugado conmigo sin importarle mis sentimientos... pero no importa lo que haga, sigo sin poder olvidarlo.
Después de salir de su edificio, subí directamente al auto y me puse a llorar amargamente. Nunca había estado tan triste, tan enojado ni me había sentido tan traicionado. Henry manejó en silencio y dio varias vueltas por la ciudad, esperando que me calmara.
Cómo no me di cuenta antes. Yo era el pasatiempo. Yo fui el estúpido que creyó todas las mentiras de ese imbécil. El único que se enamoró y que ahora siente un vacío insoportable en el pecho. ¿Cómo puede haber gente que se atreve a jugar con los sentimientos de otro?
Sira notó que algo andaba mal, porque realmente me cuesta esconder mis sentimientos, sobre todo cuando son tan intensos como un corazón roto y engañado. Pero no puedo decirle nada a ella. Cuando me preguntó qué pasaba, le mentí y le dije que no me estaba yendo bien en los exámenes. Aunque esa respuesta aparentemente no la convenció del todo, no insistió más.
Toda esta semana he sentido que he hecho todo en automático. Ir a la escuela, estudiar, comer, distraerme, dormir, despertar y todo de nuevo. A veces me he juntado con mis compañeros y reímos de tonterías, pero mi risa la siento vacía, como si alguien más se riera por mí. No estoy feliz nunca.
Quiero olvidar a Aidan, pero no puedo. Y lo odio. Lo odio tanto porque aún no dejo de quererlo. A veces me imagino su risa o sus besos y me vuelve a doler el corazón. No sé qué hacer con todo esto que siento.
Alguien toca la puerta de mi habitación.
-Señorito Raen -dice James asomándose- su padre dice que se arregle para la cena, porque tendremos invitados.
-Gracias, James -le respondo.
¿Invitados? En fin, tampoco es que me importe mucho. Elijo una camisa y pantalones de tela. Me pongo un chaleco semi formal y bajo.
Cuando llego a la sala de estar veo a mi padre con uno de sus amigos políticos, que no recuerdo como se llama. Junto a él, está sentada una chica afroamericana con su pelo crespo y n***o hasta los hombros. Tiene los ojos negros y es muy, muy linda.
-Ahí está mi hijo. Raen, ven a saludar al senador Coyle y a su hija Emily.
Al escuchar ese apellido el corazón me da un vuelco doloroso. Me acerco a ambos y los saludo con un apretón de manos. En seguida llena mi madre y mi hermana y pasamos todos al comedor.
Mientras cenamos, mi padre y el senador conversan alegremente de cosas sin importancia, como un partido de golf con no sé quién el matrimonio de otra gente que no me importa y así. Cuando traen el plato principal, Emily le dice algo a su padre y él pide que le cambien el plato.
-Olvidé decirte que me hija no come carne -dice el senador a mi padre- ya sabes, esas modas de los jóvenes.
Y ambos ríen.
Toda esta situación me quitó el apetito, así que solo juego un poco con la comida en el plato. Maldita sea, todo me recuerda a Aidan, todo está relacionado con él. Qué puta rabia.
-Raen, podrías mostrarle el jardín a Emily -me dice mi padre cuando ya nos han retirado los platos- sé que a ella le gustan las flores y nosotros tenemos muchas.
Asiento con la cabeza y miro a la chica, indicándole que me siga. Al llegar al jardín, ella se acerca a los alelíes, los huele profundamente y sonríe. No puedo negar que es muy guapa. Creo que ya entiendo por qué mi padre la invitó a ella también.
-Son muy lindas -me dice- ¿Quién las cuida?
-James, nuestro mayordomo -le contesto- a él también le gustan mucho las plantas y las sabe cuidar perfectamente.
-Que bueno -responde ella mirando nuevamente el florido paisaje.
-Y, Emily... vi que no comes carne -le digo como para hacer conversación.
-Sí, hace un tiempo vi un documental y me impactó tanto el daño que se le hace al medio ambiente con la industria de la carne en general que decidí no volver a comer nada de eso -dice ella con convicción.
-¿Y no por los animales?
-También, pero más me preocupa el medio ambiente en general -me responde.
-Ah... conocí a alguien que no comía carne porque le daba pena saber que los animales estaban siendo maltratados... -apenas estas palabras salen de mi boca, siento una punzada en el corazón.
-Esa también es una razón muy noble -dice Emily- debe ser una persona muy empática.
-No lo creo -respondo con sequedad y quedamos en silencio algunos segundos.
-Bueno, al menos empatiza con los animales -comenta ella con una sonrisa.
-Supongo -le digo, pero sería mejor que empatizara con los seres humanos para así no hacer sufrir a quien más lo quería.
Seguimos caminando por el jardín mientras Emily va de un lado a otro, maravillada con todas las flores que hay por aquí. Tiene paso ligero y tiene gracia y elegancia al moverse. Casi parece un hada.
Luego de unos quince minutos, una de las empleadas nos viene a buscar. Entramos y el senador le dice a Emily que ya deben irse.
-Fue un gusto tenerlos en nuestro hogar -dice mi madre estrechando la mano del senador.
-El gusto es de nosotros -le responde él amistosamente.
-Nos vemos, Raen -me dice la chica.
-Hasta luego, Emily -le respondo, mientras me despido agitando la mano.
Después de que ellos se van, mi padre me lleva con él a su despacho.
-¿Y qué te pareció esta chica? Es guapa, ¿verdad? -me dice sin rodeos.
-Sí, mucho -le respondo con sinceridad.
-Sería bueno que siguieran viéndose, ¿no crees?
-Qué estás planeando -le respondo con suspicacia.
-Ella es una buena chica, es guapa y de buena familia. Me gustaría que se conocieran más, que se llevaran bien.
-¿Quieres emparejarme con ella?
-Míralo como quieras. Pero quiero que seas feliz, hijo -me dice colocando una mano sobre mi hombro.
Yo suspiro. No tengo nada para refutar esa última frase. Sí, encuentro algo arcaico el que quiera juntarme con una chica que "me convenga", pero no pierdo nada en probar, realmente. Quizás así logre sacarme de una vez por todas a Aidan de la cabeza y pueda superar esta tristeza y dolor que no dejo de sentir.
-Sí, podría seguir viéndola -le contesto con una sonrisa.
-¡Ese es mi hijo! -exclama mi padre alegre dándome unas palmaditas en la espalda- El senador Coyle también está muy interesado en que te acerques más a su hija.
-Ah, que bien.
-Los invitaré a cenar más seguido -me dice emocionado.
Yo asiento con la cabeza.
Sí, conocer mejor a Emily podría ser lo mejor para mí y para todos.