XV. Ataque

1390 Palabras
-Has estado demasiado contento últimamente -me dice Mary mientras nos cambiamos en los vestidores. -Yo creo que este chico está enamorado -ríe Carmen guiñándome un ojo. -De qué hablan, yo siempre estoy contento -les digo apartando la mirada. Carmen se acerca y me toma el rostro con suavidad, y me mira a los ojos como si estuviera leyéndome el pensamiento. No puedo evitar sonrojarme. -Aquí hay amor, Aidan. A mí no puedes engañarme -dice finalmente con voz cantarina mientras Mary se ríe tras ella.  -Ya, de cuándo tan adivina -le dijo apartando la mirada- quizás me guste alguien, ¿Qué tiene de malo? -¡No tiene nada de malo! -dice Mary dando un aplauso- es genial. Estar enamorada es lo mejor del mundo. Miro a Carmen y ella me rueda los ojos. Mary siempre ha sido una enamoradiza empedernida, aunque nunca ha tenido pareja, siempre habla de que tal o cual hombre era muy guapo y que ojalá vuelva y la elija de nuevo. Su sueño es que alguno de estos millonarios guapos la saque de aquí para casarse con ella. Soñar no cuesta nada.  Esta tarde fue tranquila. Vinieron pocos clientes y ninguno me eligió, así que básicamente vine a perder el tiempo. En fin, mientras muestre mi cara y esté lindo y disponible para que alguien requiera mi servicio, Agnes no se enojará conmigo.  Me despido de las chicas y voy camino a mi casa.  No sé si estar enamorado es lo mejor del mundo, pero sí una de las mejores cosas que me ha pasado. Y lo mejor es que soy correspondido. Además, Raen es tan bueno y lindo. A pesar de que llevamos poco más de dos meses juntos, aún me cuesta creer que se haya fijado en mí. Lo quiero tanto. Cuando llego a casa prendo la televisión un rato. Justo cuando estoy por tomar el celular para mandarle un mensaje a Raen, suena el timbre y me da un salto el corazón. Sonrío a más no poder y voy hacia la puerta ¿Acaso vino a verme? A penas abro, dos hombres entran violentamente y cierran tras ellos. Uno me tapa la boca con la mano mientras el otro me amarra las muñecas por la espalda. ¿Qué está pasando? -Así que, Aidan. Vives en esta pocilga, ¿eh? -dice el hombre que está a mi espalda, tapándome la boca con su mano.  Logro reaccionar y me zafo de su agarre. -¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué están aquí? -les pregunto. Entonces me doy cuenta que uno de los tipos fue el que dijo mi nombre en el burdel hace algún tiempo.  -No tienes permitido hablar -dice el otro sujeto y me amarra un pañuelo en la boca. -Venimos por encargo. Esto es de parte de los Koch -dice el primero y me da un fuerte golpe en la mejilla, que hace que me tambalee. Entonces me empuja y me tira sobre la cama.  -Sabes que Raen tiene un próspero futuro, ¿cierto? -dice el más corpulento, y me toma del cuello de la camiseta- pero si tú estás rondando, puedes arruinarle la vida. Así que nos enviaron a convencerte de que te alejes del hijo menor de los Koch. Frunzo el ceño, ¿Qué se cree este par de idiotas? ¿Cómo es eso de que los mandaron?  -El pequeño Koch ya se divirtió mucho contigo, pero es suficiente -continúa hablando, y me toma del cabello- una puta como tú no le llega ni a los talones. No eres nada, no vales nada y eres solo un pasatiempo. Él mismo lo ha dicho varias veces. Esas palabras calan hondo en mi corazón. No puede ser verdad. Raen nunca diría eso.  -Así que dejas de verlo por las buenas... o tendrá que ser por las malas. El hombre que ya había visto antes, me vuelve a tirar boca abajo sobre la cama y se coloca sobre mí. -Es hora de acabar lo que empezamos, pequeño bastardo -me dice riendo.  Entonces me baja los pantalones y la ropa interior. Yo intento moverme, pero él me tiene firmemente sujeto con sus piernas y con sus manos sobre mi espalda. No puedo escapar.  -¿No quieres intentar algo con esta puta? -dice. -Me da asco -dice el otro. Entonces siento que el tipo que está sobre mí mete su m*****o en mi interior. Y me duele, duele mucho. Grito desesperado, pero con la mordaza casi no se oye mi voz y él continúa haciendo eso. Se mueve una y otra vez mientras yo siento que me rompe por dentro. A pesar de mis intentos por escapar, no logro hacerlo así que me rindo y quedo lánguido, dejando que ese hombre me viole sin compasión. Finalmente se detiene y siento escurrir un líquido que sale de mí. El maldito enfermo eyaculó dentro mío, pero aún así no me muevo, no serviría de nada. -No vuelvas a acercarte a Raen -me dice el otro tipo tomándome del cabello para levantar mi rostro- o para la próxima no seremos tan amables.  -De todas formas -dice el violador- solo eres un bastardo que se prostituye. No eres nada, no vales nada.  -Raen tiene un prometedor futuro, conseguir una esposa, tener hijos. Tú solo eres una piedra en el camino, una pequeña rebelión contra su padre. Pero ya fue suficiente. Sal de su camino -dice el otro. Oigo que salen y cierran de un portazo. Me levanto lentamente. Todo me duele, pero sobre todo el trasero. Voy al baño y me meto a la ducha, con ropa y todo. No me importa. Quiero lavarme, quitarme todo esta sensación de vulnerabilidad, de asco, de impotencia, de rabia y de pena. Dejo que el agua corra por mi cuerpo por varios minutos, luego me hago un lavado profundo, pero con cuidado. Finalmente me seco y coloco algo de ropa. El timbre vuelve a sonar y me paralizo, hasta que oigo la voz de Raen al otro lado de la puerta.  -¿Aidan, estás aquí? -dice. Así que le abro. Él entra y me abraza, pero yo sigo lánguido.  -Qué pasa, Raen -le digo cuando por fin me suelta. -Solo quería verte -responde y luego agrega- ¿estás bien? -Perfectamente.  -¿Y ese golpe en tu cara? -me pregunta intentando tocar mi mejilla, pero yo volteo el rostro. -Fue... fue un cliente -le miento.  "No eres nada, no vales nada y eres solo un pasatiempo. Él mismo lo ha dicho varias veces". Las palabras de esos hombres vienen a mi cabeza.  -¿Estás seguro? -vuelve a preguntar. Entonces me paro frente a él, pero no puedo mirarlo a la cara.  -Raen, no quiero que sigamos viéndonos -le digo sin rodeos. Él se queda en silencio algunos segundos. -¿Qué? -dice finalmente.  -Quiero que terminamos... ya lo pasaste bien, yo también, pero no debemos seguir.  -Pero, Aidan, ¿por qué? ¿Qué está pasando? Oigo su voz entrecortada y me rompe el corazón, pero debo hacer eso. Por mí y por él. Solo soy un pasatiempo. Y si sigue estando conmigo, no tendrá una vida feliz. -Porque no somos compatibles. Tú eres un niño rico y yo soy... yo soy... nada. -¡¿Por qué dices eso tan de repente?! -exclama. -¡Por que es la verdad! -le respondo y subo la mirada. Debo convencerlo de que se aleje de mí-. Solo quería saber lo que se sentía estar con un chico con mucho dinero y ya lo sé. Ya no necesito seguir contigo. -¿Qué? -Lo que oyes. Fuiste solo un pasatiempo. Y ya me aburrí de ti -le miento. Raen empieza a respirar de forma entrecortada. -Eres... terrible, Aidan.  -Tú fuiste el iluso, Raen -le respondo. Sus ojos se llenan de lágrimas y yo tengo que aguantar las mías para que me crea. -Nunca nadie va a querer a alguien como tú. Me das asco -dice Raen y se va rápidamente, cerrando la puerta tras de sí.  Cuando dejo de oír sus pisadas por el pasillo, me apoyo en la puerta y dejo que las lágrimas salgan de mis ojos como cascadas. Me duele el corazón, me duele demasiado. Y me duelen sus palabras, pero es lo que merezco.  Quién va a querer a un maldito bastardo que se prostituye. Solo doy asco.
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