Acosador

1431 Palabras
Ya han transcurrido dos semanas más. Es cierto que mi vecino es sexualmente activo. Casi de lunes a viernes escucho a diversas tipas gritar. Nunca es la misma voz. A veces solo duran dos horas, otras tres y está última ya son casi 4 horas de puro grito. Solo tuve 20 minutos de silencio. La música clásica que me obsequio ya no me relaja. No voy a negar que en alguna ocasión he utilizado esos gritos como auto motivación y me he tocado, deseando ser yo la que estaba ahí. Claro hipotéticamente. Ese hombre debe de estar lleno de enfermedades. Manolo me dijo que ese tipo tiene como una doble vida. Le pregunté si era trabajador s****l, el cual se carcajeo por mi ocurrencia. Aunque tampoco lo negó. Me parece qu mi querido Manolo recibe alguna clase de pago por su silencio. La prostitución está penada. No volví a ver al guapo de ojos azules. Pero para mí mala suerte si al hippie Mario. Me lo cruce una vez muy temprano cuando salía del edificio y el entraba, creo de una fiesta. Y eso fue mi tortura. Cada vez que bajaba en la mañana el estaba esperando en el lobby. Tratando de conocerme, saber en qué piso vivo. Por el tuve que cambiar mi horario de ingreso o salir. llamar a Manolo para saber si el tipejo está o no. Incluso bajar las escaleras y subirme en otro, para que no vea de que piso bajo. Este mocoso es bastante persistente. Son 8:30 am para mí mala suerte Manolo ya hizo cambio de turno, me llamo para avisar Mario sigue abajo, con un ramo de flores para declarar su amor por mi. Que pesado. Al no tener muchos amigos, he tenido que usar a mi asistente para que me auxilie y se pase por mi novio. Se negó, pero a tanta insistencia, a salido del hotel para venir a verme. Salgo casi corriendo a las caleras y bajo dos pisos para tomar el elevador. Llevo tacos así que no quiero bajar los 8 pisos. A esta hora todo los elevadores van llenos, creo que he conocido a la mayoría de mis vecinos hoy. Toca el p**o de que el elevador a llegado y ruego que este este vacío. Para mí suerte, hay gente pero no tanto, subo rápido, saludo y al girar me encuentro con el chico guapo. Vestido de traje, bien pegado a su cuerpo que se le nota todos sus músculos. —Hola — Digo tímidamente. —Hola — me sonríe. — Así que no fue mi imaginación, vives aquí. — Me dice y yo lo miro. — Ohhh... claro —Se vuelve abrir el elevador en otro piso e ingresan más personas pese a qué ya estamos llenos. Esto hace que nos paguemos más, veo que varios tipos del elevador me recorren con la mirada y eso me incomoda. Hoy tengo un evento, un matrimonio de mañana, así que llevo un vestido amarillo ceñido y tacos altos. Un tío del costado se pega mas a mi. Pero en eso siento unos brazos que me envuelve. Es el guapo de ojos azules. Quien me a pegado mi espalda a su tórax. Siento su perfume, me parece que es Pulso de Cristian Meier o algo así. Cómo lo sé, simple, le regaló todos los años a mi padre ese perfume. La gente empieza a empujar, él en esta posición, me proteje con su brazos que no me golpeen. Pero eso hace que me acerque más a él. Trato de controlar mi respiración. Él es mucho más alto, casi un metro noventa. Agradezco no sentir nada en mi espalda, a eso me refiero a una erección. Me alegra que este chico no tenga otras intenciones más que protegerme de ser golpeada. Por suerte llegamos al piso 0, empiezan a bajar rápido las personas. Él aún no me a soltado. Varios de los tipos me observan antes de bajar. Pero su cara de pocos amigos de mi nuevo amigo los espanta. Ya solos y siendo los últimos en bajar. Aún nos quedamos en esta posición. —Se nos hace tarde— digo algo avergonzada. Esperando que él me suelte. —No es el fin del mundo — veo su reflejo una tierna sonrisa, cuando vemos que se va a cerrar la puerta del elevador, él me suelta. —Gracias —Agradezco y estoy saliendo cuando veo a Mario de espalda, busco a Osvaldo y no lo veo. Lo voy a matar. El nota que no salgo del todo del elevador. Así que carraspea su garganta. —¿Saldrás? —Me pregunta. —No —Digo mientras miro mi reloj, estoy tarde — Si, hay Dios porque a mí — Él me mira con una ceja levantada y me empuja un poco para mirar fuera del elevador. —¿Huyes de alguien? —Mira afuera. —Si, de ese tal Mario. —saco mi cabecita para mirar afuera. —Ven. —Me coge la mano — Acabemos con esto. No entiendo que va ser, pero dejo llevarme. Voy detrás de él, trato de taparme con su cuerpo. Justo en ese momento Mario voltea, me ve y se le iluminan sus ojos. — Princesa, hasta que por fin apareces — tiene una amplia sonrisa. Al parecer no se a percatado de mi acompañante. —Mario, deja de estupideces — Escucho su voz gruesa de mi guapo, digo, mi vecino — Ella no quiere nada contigo. Si me entero que la volviste a molestar, no solo tendrás una denuncia por acoso, sino que te daré una paliza. —Pero Wesley —Trata de refutarle. —Pero nada —Dice muy serio — ¿Me has entendido? —Todas las quieres para tí — Dice entre dientes. — Nunca fuerzo a nada, no seas tóxico. Ahora, ¿entendiste? — Si — Dice apretando lo puños — Él solo te usará —me mira — Yo si te quiero. —Desaparece Mario, antes que pierda mi paciencia — Le da una mirada de enojo mi acompañante, Mario me mira, suspira y se va. —Julio — Se dirige al recepcionista de la puerta que no me cae —Si vuelve Mario a molestarla, me avisas. —Él solo asiente — Si Wesley. — Ahora sí, eres libre. —Dice señalandome la puerta. — Gracias — él me sonríe, si que es guapo. — Anda, se te hace tarde — asiento. —por cierto, ¿Dónde trabajas? —Rocío —Escucho la voz de Osvaldo. — Nos vamos — Luego se fija en mi acompañante — Ohh Señor Wesley. ¿Cómo está? —Me mira y luego a él. —Vive en el edificio — Le informo, su rostro es de sorpresa. —Entiendo —Dice aún mientras nos observa a ambos — ¿Y tu acosador? —Llegas tarde — Digo poniendo mis manos en forma de jarra — Gracias a Dios el señor Wesley me ayudó. De lo contrario estaría quizás secuestrada y descuartizada. —Lo siento, justo llegó un cliente y pidió una cotización. Tú siempre dices que ellos son primero. —¿De dónde se conocen? —Pregunta Wesley al ver nuestro interacción. —Ella es mi ....—Va ser responder Osvaldo. —Del trabajo, me preguntaste dónde trabajaba. Bueno trabajo en el hotel. —Uhmm, entiendo, por eso sabías dónde quedaba esa sala el día que nos encontramos ahí. —Si, bueno nos vemos, gracias por todo. Digo acelerando el paso y jalando a Osvaldo. —Hasta luego Señor Wesley. Él solo asiente y nos perdemos. —¿Por que no me dejaste decir que eras mi jefa? —No lo sé, no me gusta que sepan dónde trabajo, más aún el área. Si decias que era tu jefa, sabria a qué área pertenezco. —Oye y si es tu vecino, él no es tu vecino el gigoló. —Jajajaja rio. —Claro que no, es guapo pero no tiene cara de pervertido. —Tanto hablas de él, que hasta curiosidad me ha dado a mi por conocerlo.Y pedirle unos consejos. —Le doy un golpe en su hombro. Osvaldo ríe. —Vale, un día te invito, hacemos guardia para esperar su llegada y conocer su rostro. —Tendria que invitar a Susy, de lo contrario pensaría que tengo un amorio con mi jefa. Llegamos al hotel y empezamos a trabajar, por un momento pienso en Wesley, es un hombre tan guapo, seguro y si trabaja en finanzas debe ser inteligente. Hace mucho que no tengo pareja, ¿Podría considerar un candidato?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR