La mañana transcurre tranquila. Los 3 coffee break para las empresas que tienen capacitación en nuestros auditorios han ido de maravilla.
Para la hora del almuerzo tenemos 3 salones reservados, uno para una empresa minera, otra para una empresa de finanzas que se que nos hace la auditoría y la última que es una pesquera.
Estoy de espalda esperando el elevador, cuando una voz varonil, me habla.
—Disculpa, ¿Sabes dónde queda la sala Oasis? —Al girar me encuentro con el hombre alto y ojos azules que ví en mi edificio la vez pasada.
El me mira y levanta una ceja, su expresión es tan sexy y su voz, Dios, ha hecho que se me erice el cuerpo.
—Siga ese pasadizo y es la segunda puerta a la izquierda. —Señalo.
—Gracias — da un paso a la dirección donde le indique, se detiene y gira a mirarme por completo. Me barre con la mirada desde los pies a la cabeza —¿Trabajas aquí?
Obviamente yo no llevo el uniforme de este hotel, llevo el sastre de la sede principal de Italia y me percató que hoy no me coloque mi gafete con mi nombre. Voy a responder cuando alguien nos interrumpe.
— Sr. Wesley, buenas tardes — Saluda Osvaldo, que viene para nuestro encuentro. —El evento, está por dar inició —Lo guía con la mano para la dirección que yo le había indicado.
—Gracias —Va a decirme algo, cuando una voz lo llama.
—Wesley, apúrate —Grita un joven alto e igual de guapo de ojos verdes. Él suspira y camina rápido en su dirección.
—¿Interrumpo algo? —Me dijo Osvaldo.
—No, solo el joven me preguntaba dónde estaba la sala —Me mira con una sonrisa.
—Se que está soltero y quizás lo veas con frecuencia. Trabaja para la empresa que nos audita ahora. —Comenta.
—¿Asi? —Él asiente.
—Si, se que es soltero. —Dice con una sonrisa.
—¿Algo que quieras insinuar? —Él ríe.
— No, solo que ellos desde hace dos meses vienen frecuentemente. Se nos ha hecho clientes frecuentes desde que tomamos sus servicios.
—¿Por qué auditoría? ¿Tan malos estamos? —él se pone serio.
—El anterior gerente hizo fuga de dinero. No sé exactamente la cifra, pero fue mucho dinero. Eso fue antes que venga el señor Martín.
—Entiendo. —Miro al auditorio donde se perdió el guapo —Vamos tenemos que seguir con la agenda.
Caminamos a las demás áreas, revisamos las reservas y programar horarios para estos días de varios eventos.
Son 5 de la tarde, me alistó para ir primero al gimnasio y luego ir al mi hermosa morada.
Me cambio en el baño del personal con unas mayas pegadas.
Estoy por subir al elevador e ir al piso 10 donde está el gimnasio. El ascensor se abre y veo a varios hombres vestidos de traje que están bajando. Asiento con la cabeza en forma de saludo. Y evito mirarlos más, miro mi móvil evitando sus miradas, escucho varios piropos proviniendo de adentro. Evito mirar y solo cuando siento que se está cerrando las puertas levanto la vista para llamar el siguiente elevador.
Al hacerlo me cruzo con los ojos azules del chico de la tarde, él me observa y luego se cierran las puertas.
Su mirada fue intensa, se abre las puertas del costado y subo al piso a realizar mi rutina de ejercicios.
Agotó todas mis energias, está vez no me baño en el hotel, decido ir de frente a mi departamento.
Llegó y saludo al de seguridad, este no me da confianza, tiene cara de mañoso. Al subir veo la puerta de mi vecino. Me preguntó si ya llegó.
Sacudo mi cabeza para quitar esos pensamientos, ingreso y me dirijo a mi habitación, me desnudo, voy a la tina y la lleno. Le agrego unas sales. Sumerjo mi cuerpo. Hoy si a sido un día largo.
Pongo un poco de música y me relajo. Tanto que termine dormida. Al despertar ya mis dedos estaban como viejito y el agua estaba fría.
Salgo y me coloco algo cómodo, un shorts y un top. Muero de hambre, pido un delivery de Sushi. Lo malo es que no dejan subir al piso. Tengo que volver a bajar por el.
Hace demasiado calor, es solo recoger, así que decido salir así. Me da pereza ponerme el brasier. En tal caso ya son las 8:30 pm, Manolo ya debe estar en recepción y no el mañoso de la mañana.
En mi edificio hay 4 ascensores, dos en cada extremo, cada uno frente al otro.
Bajo sola por suerte, pero al abrirse las puertas el del frente se estaba cerrando. Habían en su interior un hombre mayor, un joven de mi edad, otro medio hippie y el guapo de ojos azules. Él estaba mirando su móvil. No sé percató de mi hasta que el hippie hablo.
—Dios, de dónde cayó este ángel. —Es donde todos esos varones pozan su mirada en mi. Para mí suerte se cierra su puerta.
Voy rápido a recepción. Tratándome de cubrir un poco.
—Señorita — Me saluda Manolo sin antes inspeccionar mi atuendo.—Ahora entiendo el comentario que hizo Mario.
—¿El hippie es Mario? —Asiente con su cabeza.
—Vive en el piso 10. —Vuelve a observar mi vestimenta —Señorita, se que usted viene de europa y ahí la mente es mas amplia, pero sugiero no salir así.
—Lo siento Manolo, no volverá a pasar. —Él me sonríe.
—Lo siento por ser metiche, pero como padre te aconsejo.
—Gracias.
—Aqui está tu pedido —Me entrega mi paquete con sushi —Y esto te dejo tu vecino.
—¿Mi vecino? —él asiente.
—Hoy me tomé la atribución de darle tus quejas por el ruido, me preguntó cómo eras e información. Pero le dije que eras una señora gorda y fea —Me empecé a reír sin parar. —Bueno, así que él muy amable te dejo esto. Son audífonos para que evites escuchar su disturbio... —Hace una mueca —Que por cierto, me avisó que tendría visita y dejara pasar.
—Ohhh osea que hoy también tendré esa bulla — Manolo me regala una sonrisa triste. —¿Hace mucho que llegó?
—No, justo en ese grupo personas que llegaron, él ingreso. No me fijé en que ascensor subió. Pero por suerte no te lo cruzaste.
—Sii.... por suerte —Digo pensando en los tipos que ví en ese elevador, aunque el otro también estaba subiendo. ¿Quien será mi vecino?
—Señorita Rocío — me trae de vuelta al presente.
—Si —Respondo.
—Creo que debe irse, a esta hora hay mucho tráfico de personas y si no quiere que varios solteros estén afuera de su puerta. Sugiero que suba. —Rio por su ocurrencias.
— Gracias —El me acompaña al elevador.
Pide dos elevadores, yo detengo un y el marca los primeros pisos antes luego marca el mío. Me pide que no deje aún cerrarse la puerta. Hago lo que me pide. En el otro marca los pisos por arriba de 12 y lo deja ir.
—Bien ,ahora sí se puede ir. —Rio sin entender porque marco varios pisos.
—¿Y eso porque fue? —Él me sonríe.
—Es muy posible que Mario se haya quedado en el pasadizo esperando a que piso se detiene el elevador y deducir dónde vives. Lo conozco desde que tiene 15 años. Mejor prevenir.
—Rio por su ingenio —Eres un sol. —Me despido con la mano y subo a mi departamento.
Me detengo unos segundos en la puerta y miro la de mi vecino. ¿Así que ya llegó?.
Miro el presente que me dió y me dan ganas de ir y tocarle para devolverlo. Pero sería involucrarme mucho con un promiscuo.
Ingreso a mi departamento y me siento en mi sala a comer mi rica cena.
A las 9:20, escucho que suena el timbre de mi vecino, corro a ver por la perilla pero es tarde. Parece que ya pasó la persona. No pasan 10 minutos y empiezo los gritos de placer y gemidos de la tipa. ¿Que acaso no hay previos?
Miro el regalo del tipo y dentro no solo hay una nota que dice "disculpe por las molestias", sino también los audífonos viene con una radio y un CD. La música es clásica como las que escuche la primera noche.
Decido hacerle caso, me colocó los audífonos y escucho su música. Ya que está tipa tiene una voz horrible y pareciera que la mataran.
Así serán mis noches a partir de ahora.....