Capítulo 4: Rencor

2482 Palabras
Elizabeth se puso rígida al escuchar ese apelativo que solamente él le dice, ¿Acaso la reconoció? Pero, ¿Por qué hasta ahora? —Prefiero que me llame por mi apellido o por mi nombre completo, señor Hamilton. —Dio media vuelta y caminó en direcciones a su escritorio, él no puede darse cuenta de su perturbación. —¿Cuál apellido prefieres? ¿Bonett o el de tu apreciado esposo? —Su corazón se detuvo al igual que sus pulmones dejaron de funcionar. —¿Cómo pudiste? —Tomándola con fuer por el brazo, la giró para mirarla de frente. —Presentarte aquí y fingir que no nos conocías. —Elizabeth trató de alejarlo, pero el agarre es realmente fuerte. —Señor, Hamilton, le pediré que me suelte. —Le exigió mirándolo a los ojos, ¿Cómo se atreve él a reaccionar de esa manera? —No fue mi culpa que usted y su familia no me hayan reconocido. —Mantuvo la compostura. —¿Sabes todo lo que ocasionaste? —Gritó lleno de furia. —¿Sabes todo lo que pasé por tu maldita culpa? Debí saberlo, eres una maldita cazafortunas y... —La bofetada lo volvió al shock del que había salido, su dulce Elizabeth jamás habría reaccionado así, pero está claro, esa no es la mujer de la que se enamoró y por la que casi lo pierde todo. —No vuelva a dirigirse a mí de esa manera. —Lo miró con el odio que la consume siempre que se trata de él. —No permitiré que venga aquí a mi empresa a ofenderme de esa manera. —Lo empujó con fuerza. —No se confunda, señor Hamilton. —Lo trató con la misma indiferencia con la que lo había estado tratando desde el inicio. —No soy una niña que se dejará pisotear por los demás, vaya con cuidado o lo podría lamentar. —El corazón de Christian latió furioso y dolido, ¿Cómo puede ser tan despreciable? —¿Que yo lo voy a lamentar? —Gruñó acercándose a ella, no sabe por qué se acerca tanto cuando debería alejarse y repudiarla, pero es como si lo hiciera en automático. —¡¿Qué yo lo voy a lamentar!? —Su grito, si bien la asustó, Elizabeth mantuvo su mentón en alto. —Maldita seas mujer, maldita seas. —La maldijo al saber que no es capaz de gritarle y tratarla con el desprecio que se merece. —Siempre supe que eras tú. —La miró al borde de la locura. —Maldita sea, lo sabía y opté por ignorarlo, opté por desconfiar de mí y mírate. —Recorrió su cuerpo con la mirada, su belleza muy diferente a la de antes, pero esos enormes ojos no cambiaron, su cuerpo más voluptuoso y ese maldito vestido rojo que le queda a la perfección la hace otra persona. Ella no es su Liz. —Eres una mujer podrida, eres una bruja sin sentimientos y digna de... —Calló, tras negar, no valía la pena decirle aquello. Furioso con el destino por traerla de vuelta, se marchó para no lidiar más con su presencia. Elizabeth lo miró irse y finalmente respiró, ¿Cómo pudo reconocerla? Cerrando los ojos se llevó la mano al cuello, ¡La cicatriz! Maldijo por su descuido, no la maquilló para ocultarla. Christian subió al ascensor, se sentía como si todo a su alrededor había desaparecido y su cuerpo flotara sin rumbo. "—Mira, es un gatito. —Elizabeth corrió para tomarlo en brazos, pero antes de que llegara, Christian la detuvo. —No deberías acercarte, puede ser peligroso. —Elizabeth lo miró con gesto descolocado, ¿Cómo puede ser peligroso ese pobre animalito? —Míralo, mi vida, está solito y asustado. —Le regó con la mirada. —Ha de tener mucho frío y hambre, no podemos dejarlo aquí en medio de la calle. —Christian miró al animal con gesto de desagrado y después miró a la mujer que lo es todo para él. —Dios, ¿Por qué eres tan buena? —Gruñó, jamás le han gustado los animales. —Vale, lo llevaremos a un refugio, ¿De acuerdo? —Los enormes ojos de su chica brillaron cómo siempre que algo la hacía feliz. —¡Muchas gracias! —El tirón lo hizo gruñir, pero el beso en los labios jadear. —Ven aquí, cariño... —El zarpazo que tiró el gato alcanzó su cuello. —¡Lo ves! —Christian se apresuró a alejarla del animal, pero Elizabeth se negó. —No te enojes, por favor. —Protegió al gatito. —Es normal, no me conoce y yo traté de tomarlo en brazos sin previo aviso. —Christian retiró su pelo y al ver la sangre se puso pálido. —¡Estás sangrando! —Gritó con histeria. —Deja a ese animal, vamos a un médico ya mismo. —Tomó su mano, pero Elizabeth se ancló al lugar. —No lo dejes aquí, por favor. —Lo miró con lágrimas en los ojos. —No puedes odiarlo, él se defendió... debes darle otra oportunidad. —Christian quería perder la cordura, ¿Cómo puede perdonar a alguien que la dañó? —Lo dejaremos en el auto, pero primero iremos a un médico. —Elizabeth sonrió agradecida por su decisión. —¡No! —La detuvo antes de que intentara acercarse al animal nuevamente. —No te acerques a él, seré yo quien lo tome. No soportaría que te hiciera más daño. —Elizabeth se apartó sin rechistar, le dolía mucho el cuello. Christian se quitó el saco y tomó al animal en brazos, la preocupación lo estaba matando, aquella herida no deja de sangrar. —Estoy bien. —Trató de tranquilizarlo. —Me han suturado y además, tengo una C y así inicia tu nombre. —Sonrió acariciando su pierna. —El gatito está a salvo y tú hiciste eso posible, ¿No eres feliz? —Descuidando el camino, la miró aún más enamora que antes. —Eres tan perfecta que considero, no te merezco. —Me mereces y siempre lo harás, no importa qué, yo siempre te amaré." Golpeando el volante con fuerza, gritó de la misma manera, ella no podía ser Elizabeth, esa mujer tan material, fría y calculadora, no podía ser la chica de la que se enamoró y por la que sufrió tanto. ¿Cómo podía ella cambiar tanto? ¿Cómo tratarlo de esa manera después de las promesas y el daño que le hizo? Con deseos de alejarse de todos y de todo, se puso en marcha y aceleró el auto. El dolor en su corazón finalmente estaba desapareciendo, sus dolorosos recuerdos ya estaban en lo más profundo de sus recuerdos y la tristeza ya no era preocupación para él, ¿Por qué tiene que revivir todo eso? ¿Por qué se siente tan dolido que la odia incluso más de lo que lo hacía cuando estaba lejos? —Señora. —Lena volvió a llamar a su jefa, se veía afligida. —Es hora de su junta. —Elizabeth volvió en sí. —Oh, sí, es cierto. —Espabiló, Christian sabe que es ella y no es hora de permitir que las cosas le afecten. Desde ahora tiene que ser más fría e inquebrantable, desde ahora tiene que ir con mucho más cuidado. Él la lastimó una vez y no duda de que lo vuelva a intentar. —Lena, quiero que te comuniques con los representantes de la compañía Investors Berrycloth Becker Entrepice y a los de Dankworth Company e intenta por todos los medios sacar una cita con ellos. —Poniéndose en pie miró a la chica. —Dependo mucho de esas citas, Lena, no me falles. —No pararé hasta lograrlo, señora. —Tras asentir, tomó sus cosas y salió del despacho, es hora de contactar a esos amigos de los que su suegra siempre le habló, es hora de irse por lo alto y destruir a los Hamilton antes de que ellos la destruyan a ella. Al llegar a la sala de juntas, todos la recibieron con respeto, se dice muchas cosas de la mujer y nadie desea averiguarlo. —Buenas tardes, señorita Ferguson. —Saludó la cabecilla de los empresarios. —Aquí nos tiene, listos para escucharla. —Elizabeth suspiró, sabe que debe mover bien sus fichas o de lo contrario no obtendrá lo que quiera. —Como ustedes ya saben, estamos revolucionando la industria de la construcción. —Los miró a cada uno. —Ferguson Construction Company se está aliando con pequeñas empresas con el fin de ayudarlas a crecer y hacer del negocio algo más sólido. —Todos en la sala la miraron con atención. —Nuestro plan es ayudar a crecer las empresas y no limitarnos solamente a construir. —¿A qué se refiere? —Uno de los representantes la cortó. —Su trabajo es únicamente construir lo que nosotros queremos y ya está. —Elizabeth, con su elegancia habitual, mostró una pequeña sonrisa. —Cuando se habla de presentación, señor Philips, se habla de explicar, detallar y ofrecer el proyecto. —El hombre pasó saliva. —Si me permite hacer mi parte, estoy segura de que lo entenderá todo. —Desvió la mirada del hombre y miró al resto. —¿Alguien quiere preguntar algo antes de que inicie a hablar? —Nadie dijo nada, todos se tensaron por el incómodo momento. —Bien, cómo iba diciendo, Ferguson Construction Company no sé limitará solamente a construir, nosotros junto a empresas de inversiones, haremos un trabajo exhaustivo para que los nuevos proyectos sean éxitos reconocidos. —¿Por qué se molestarían en hacer aquello? —El cabecilla no pudo evitar hacer la pregunta. —Fácil, nuestro trabajo se conocería más y de esa manera más clientes vendrán con nosotros. —Pasó por alto la nueva interrupción. —¿Por qué cree que deseamos cambiarnos de constructora? —Cuestionó otro. —New Era Construction Company ha estado con nosotros desde que iniciamos y... —¿Cuánto han crecido desde entonces? —Elizabeth lo miró a los ojos. —Dígame, señorita, ¿Acaso han hecho proyectos fuera de Londres o de Inglaterra? —La mujer calló dando una respuesta. —Nuestra intensión es llevar sus empresas más allá, si construyen un hotel, los inversores le harán propuestas para sacar el máximo provecho, sí desean construir un área recreativa, los inversores harán propuestas y mis socios hoteleros pueden aliarse con ustedes para que la estadía de los clientes sea más fácil, porque no nos vamos a limitar a los clientes nacionales, nosotros queremos que sus proyectos sean de ambición. —Mirando a Olivia, indicó que repartiera las carpetas. —No subiremos los precios de nuestro trabajo, cómo se hace siempre, discutiremos el porcentaje y es todo. —Los representantes ojearon los documentos, la idea es buena, pero una pregunta resurgió. —¿Por qué se interesaron en nosotros habiendo empresas más grandes y más prestigiosas que las empresas Williams? Ferguson Construction Company es reconocida a nivel mundial, ¿Por qué desear más popularidad? Su suegra no era tan ambiciosa. —Elizabeth sonrió. —Señor Philips, mi suegra era una excelente empresaria, nadie puede tener dudas de ello, pero ella trabajaba a su ritmo y yo trabajo con el mío. No es ambición, señor Philips, es una nueva visión la cual no tengo miedo en materializar. —Poniéndose en pie le dedicó una mirada a cada uno. —Los puntos son claros, inician a trabajar y le dan su lealtad a Ferguson Construction Company y crecen como empresa, o se quedan con New Era y siguen como están. —Estirando su vestido, dio un asentimiento. —No tienen que responder hoy, cuando gusten pueden llamar a mi asistente y ella nos concertará una cita. —Tras despedirse, salió de la sala en dirección a su despacho, no debería sentirse perturbada por lo que pasó, pero que Christian la haya reconocido la ha desestabilizado y esa escena no ha hecho más que profundizar en sus pensamientos así ocupándole tiempo y desconcentradola. —Señora. —Lena la miró con una sonrisa. —Hablé con el propio señor Dankworth y aceptó verla, está en el país y pasará aquí en dos días. —Elizabeth se sintió aliviada. —Y los representantes de Investors Berrycloth Becker Entrepice, han accedido a darle una cita para dentro de tres días en sus oficinas. —Buen trabajo, Lena. —La felicitó, James supo exactamente lo que ella necesitaba. La chica es todo lo que una persona de negocios pediría a gritos, competente e ingeniosa. —Llama al señor Scott y dile que lo veo en media hora en el lugar acordado, cancela las otras dos juntas. Hoy me iré a casa temprano. —La chica se puso en marcha y Elizabeth terminó de entrar a su despacho. "Sabes todo lo que ocasionaste?" "¿Sabes todo lo que pasé por tu maldita culpa?" "Debí saberlo, eres una maldita cazafortunas". —¡Mierda! —Golpeó con fuerza el escritorio al recordar esas palabras. —¿Cómo te atreves cuando fuiste tú quien me destrozó la vida? —Cerró los ojos con fuerza y al abrirlos miró el teléfono y a sus pensamientos se vino James, pero negó sacudiendo la idea, no puede contarle lo sucedido, no aún. Christian pasó el día vagando sin rumbo, odiando a la mujer que una vez amó, llenándose de ese resentimiento que juraba había olvidado. Trató de tomar aire, trató de recordar que él es quien ganó, trató de ignorar todo lo que provocó ver esa cicatriz, pero nada parecía funcionar. —¿Dónde habías estado? —Megan se acercó a él con precaución. —Tu madre me ha estado llamando, dice que no volviste a la empresa. —Déjame en paz, Megan, no quiero escuchar tu irritante voz. —Pasó por su lado ignorándola cómo siempre. —Pide que me lleven una botella de vodka y una copa a mi despacho, estaré esperando. —La mujer lo miró descolocada, él jamás bebe más de una copa, por ella pide eso, solo una. —¿Estás bien? ¿Es el trabajo? —Lo siguió más preocupada. —Mi vida... —¡No me digas así! —La calló en un grito. —Desde siempre te he prohibido llamarme de ese modo, no lo hagas. —Ordenó furioso. —¿Tanto la recuerdas aún? —Preguntó con los ojos llenos de lágrimas. —¡Sí! —Aceptó para su disgusto. —Sabes perfectamente por qué no puedo olvidar a esa mujer, quizás mi madre y tú actúen como si nada, pero yo no puedo. —Más molesto que antes, fue él mismo por su botella y su copa, ¿Cómo hará ahora? ¿Debería contarle a su madre o debería callar y encargarse él mismo?
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