Tiempo después, el gobernador del Estado intervino a favor de Johana, quien ya había pagado varios años de su larga condena. Le concedieron una medida alternativa al cumplimiento de condena, por un supuesto buen comportamiento, siendo dejada en libertad condicional. Ella había iniciado una relación sentimental con uno de sus cuidadores, con el que posteriormente hizo vida en común. Arrendaron una casa en un sector céntrico de la ciudad. Hizo las gestiones necesarias y nadie sabe como lo logró; pero le otorgaron la guardia y custodia de sus otras dos niñas. Ya la mayor tenía ocho años y la otra cinco. Nadie en la comunidad los conocía. Ella, desde un principio, se tornó amable con sus vecinos y al poco tiempo, gozaba del afecto de muchos de ellos. A las niñas poco se les veía. Pasados u

