Ese día se sucedía una guardia rutinaria en el Hospital Pediátrico. Era una mañana tranquila. Día domingo, día del señor. Era la rutina de todos los días: niños con diarrea, vómito, crisis de asma, etc. Cuando eran aproximadamente las diez de la mañana, una situación irregular se presentó, rompiendo la aparente normalidad de aquella mañana que transcurría de manera acostumbrada. Exactamente a esa hora ocurrió lo que en estas líneas describo y que aún me ocasiona una delirante rabia, que va más allá de lo que cualquier persona es capaz de imaginar. Se escuchó el chirrido de algún vehículo que frenaba de manera brusca en la cercanía. Era usual ese sonido en las cercanías de un hospital, sobre todo, en los predios del servicio de emergencias. Se trataba de un camión, de allí descend

