EL TARRO DE ALMÍBAR Guillermina y Teófilo procrearon dos hijos producto de un amor como pocos. Vivían en una casa espaciosa, muy cómoda, en pleno centro de una ciudad industrial; abierta al indetenible progreso. Integrantes de una clase media acomodada, eran dueños de un comercio que habían forjado con esfuerzo, dedicación y mucho trabajo. Hijos de humildes pescadores quienes concibieron también, familias unidas. Lamentablemente el viejo Alberto, el padre de Teófilo, había fallecido hacía muchos años de un infarto al miocardio. La señora Ana, la madre de Guillermina, había fallecido hacía dos años, tras sufrir una larga enfermedad renal. Su hijo Marco Aurelio, hubo llegado, para beneplácito de toda la familia, al año siguiente de la boda. Era un muchacho hermoso.

