Capítulo 20 - Adivinación y los experimentos de Éride.

942 Palabras
Capítulo 20 – La sabiduría de la adivinación y los experimentos de Éride.Aunque Jay y Lily me habían insistido durante la última semana en empezar a tener citas con otros chicos para buscar al desconocido yo no estaba segura. Me encontraba sentada en un sillón extremadamente blanco con Lily a un lado en clase de adivinación, leyendo las líneas de la mano, o por lo menos eso intentábamos. Lily examinaba mi mano mientras ojeaba su libro con frustración. La profesora cogió mi mano con amabilidad y me miró a los ojos fijamente. — No deberías estar confusa, haz caso a tus amigos, tarde o temprano le encontraras, no te vas a arrepentir, al menos no en el futuro — dijo la profesora para mirar mis líneas — verdadero amor, vida corta y con problemas y mucho dinero — dijo la profesora para soltarla con elegancia y alejarse entre las mesas, haciendo que Lily y yo nos miráramos sorprendidas. — Deberías hacerme caso, la profesora lo ha dicho, mañana mismo empiezas con uno de los chicos que hemos visto Jay y yo cerca del roble — confirmó Lily con decisión. Me reí con ganas y asentí. — Está bien, mañana — confirmé. — Ese es el experimento número uno, acércate, si huele parecido le pides una cita, si no pasamos al siguiente posible experimento número uno — dijo Jay oculto tras una estatua a nuestro lado. Asentí y solté el aire para empezar a caminar hacia el chico... Llegué al banco donde me esperaban Jay y Lily y me dejé caer con desgana. — ¿Nada? — preguntó Lily mirándome fijamente mientras yo negaba. — Ya van ¿Cuántos? ¿Quince? ¿Dieciséis? Esto no está funcionando — dije desanimada. — Van veintiuno y no te desanimes, no es tan fácil, podría ser prácticamente cualquiera... y solo tenemos una pista para encontrarle y depende del olfato, algo que no es cien por cien seguro ya que no eres un perro de caza... — dijo Jay encogiéndose de hombros. En ese momento un chico pasó por delante nuestra dejando un fuerte olor a Roble haciendo que los tres nos miráramos con sorpresa. — Puede ser él — susurró con entusiasmo Lily — corre pídele una cita. Me levanté y seguí al chico, tocándole el hombro. El chico se giró y me miró para luego sonreírme. — Hola — me dijo el chico de cabello avellana, ojos del color del café con ropas de Hufflepuff. — Hola, sé que va a sonar raro, pero... ¿querrías tener una cita conmigo? — pregunté con nerviosismo. El chico se quedó en silencio por un momento, como sopesándolo para luego sonreír. — Claro, porque no ¿este sábado? — preguntó el chico sonriéndome. Asentí. — Este sábado ¿A las 11? — pregunté. — Ahí estaré — dijo el chico — adiós. El chico se dió la vuelta y empezó a alejarse. Me dispuse a volver con Jay y Lily al banco y cuando llegué estaba Severus con ellos. Al parecer estaban contándole nuestros planes y experimentos a Severus para ponerlo al corriente. — ¿A dicho que sí? ¿Hay cita? — preguntó Lily nada más llegar yo. Asentí sonriendo. — ¿Cita? — dijo una voz detrás de mí. Me giré encontrándome unos furiosos ojos grises mirándome fijamente. — Sí, tengo una cita — dije encogiéndome de hombros. — Como ayer — dijo Sirius. — Si — respondí sentándome — Y como anteayer y como todos los días anteriores — dijo Sirius haciendo que asintiera mientras James reía a su lado — ¿Es que ahora eres una puta? ¿Cobras acaso algo? ¿Quieres salir con todos los que encuentres en este maldito colegio? — preguntó Sirius prácticamente a gritos haciendo que todos nuestros amigos se quedaran callados. No pareció darse cuenta de sus palabras hasta que me levanté hecha una furia y le solté un guantazo en la mejilla. — No vuelvas a dirigirme la palabra Black — siseé con furia, llena de odio.   Estaba en mi cita con el chico de Hufflepuff que al parecer se llamaba Leo. Nos habíamos sentado en un banco y él había pasado su brazo sobre mis hombros. Nada, no sentía nada, a lo mejor tampoco era él, pensé con desanimo. — Ey — me susurró Leo haciendo que girara la cabeza en su dirección. Su rostro estaba muy cerca del mío y parecía acercarse cada vez más con lentitud, sabía que iba a besarme. Cerré los ojos esperando el beso, pero nunca llego. Abrí los ojos con confusión, el chico parecía confuso, sus ojos, aun abiertos, miraban a todos lados con horror. Lo miré extrañada y cuando me dispuse a mirar alrededor alguien tiró de mi brazo, levantándome del banco y arrastrándome con el lejos de allí. — ¡Suéltame, Black! ¿Qué le has hecho a Leo? ¿Estás loco? — pregunté guitando, furiosa. — ¡¿En serio piensas ir besándote con todo el que pilles?! ¡Ya está bien! — gritó Sirius furioso acercándome a él. — Tú no eres nadie para decirme que hacer o no — siseé furiosa. — Pero puedo petrificar al que me dé la gana, Lestrange — siseó Sirius. — Aléjate de mí Black — espeté alejándome bruscamente — esto no tiene nada que ver contigo así que déjame tranquila. Estaba furiosa, y no pensaba dar el brazo a torcer. Me había dispuesto a encontrar al chico que con tanta facilidad se había hecho un hueco en mi mente, y con el tiempo, en mi corazón, y no iba a dejar que nadie se interpusiera en mi camino.  
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