— ¿Sirius petrifico de nuevo a tu cita? — preguntó entre divertida y enfadada Lily, que desayunaba a mi lado en el gran comedor antes del gran y último partido de Quidditch del año, que por primera vez en años no era Slytherin contra Gryffindor.
— Aja... — respondí mientras le daba un último bocado a mi tostada.
— Querida amiga, siento decirte que, en las próximas horas, o lo que dure el partido, tendré que dejar de ser tu amigo — dijo Jay, que pasaba por nuestro lado con el resto de su equipo.
Sonreí.
— Oh...Una verdadera lástima, pero creo que tienes razón, me daría pena darle una paliza a mi mejor amigo... — dije dramatizando mientras me levantaba con la escoba sobre el hombro, fingiendo limpiar una lágrima.
Era un día soleado, perfecto para un partido final de quidditch, el sol golpeó sin piedad mis ojos al salir al campo de juego, cegándolos por un momento mientras los gritos de ánimo de nuestros compañeros de casa nos envolvían como una manta en un frío día de invierno.
Al sonido del silbato salimos disparados en nuestras escobas, surcando velozmente el cielo.
— ¡YYYYYY haya van! — oí gritar por voz amplificada al comentarista — ¡Empieza la final de quidditch y....! ¡Toma ya! ¡La cazadora de Gryffindor ha entrado arrasando, por cierto, esa preciosa joven esta soltera!
Íbamos perdiendo por un tanto cuando el pitido de final de partido resonó por todo el campo, miré a todos lados hasta situar a Steve mientras contenía todo el aire que mis pulmones me permitían.
Cuando lo ví volar veloz con la snitch dorada en su mano izquierda mientras gritaba con felicidad dejé soltar el aire con un grito de victoria.
Todo el equipo y muchos de nuestra casa lo abrazamos y levantamos.
Steve, que había sido el capitán del equipo durante los últimos tres años, dejaría de serlo, ya que este año se graduaba en el último curso del colegio Hogwarts de magia y hechicería.
Silbé con fuerza, callando a todos los que festejaban la victoria del equipo en la sala común.
Me había subido a una mesa con una jarra de cerveza de mantequilla.
— Como ya sabéis, este es el último año que nuestro querido capitán está con nosotros, por eso, vamos a festejar que gracias a él hemos ganado otro año, y que le echaremos mucho de menos, no solo como capitán, sino como compañero y amigo... ¡Por Steve! Esperemos que te vaya tan bien en la vida real como en nuestro querido colegio — sentencié con la copa en alto.
— ¡Por Steve! — gritaron al unisonó mientras todos bebíamos de nuestras jarras.
— Chicos, ya sé quién va a ser el futuro capitán del equipo — dijo Steve de pronto.
— Espera a mañana, hoy es tu noche — dijo Jake terminándose la cerveza de mantequilla.
— Deja ya de beber, como sigas vas a terminar más roja que un tomate — dijo Lily mientras me quitaba la jarra de cerveza.
— No es cierto, voy bien — dije cogiendo la jarra al vuelo mientras Mel se reía — Además, me va a hacer falta para pedirle salir a ese chico — dije señalando a un chico moreno de ojos verdes que se encontraba al otro lado de la sala común.
— Llevo un tiempo preguntándome algo, bueno creo que nos lo preguntamos todos ¿Qué te traes entre manos saliendo con tantos chicos? — preguntó Mel sentada en frente de mí.
— Pues veras, antes de empezar el curso caí sobre un chico al salir de la red flu cuando iba a comprar mis cosas para este año y ese chico bueno... me besó y sigo buscando al chico, del que solo sé que huele a Roble — dije encogiéndome de hombros — así que básicamente estoy buscando al chico...
— ¿Y lo has encontrado? — preguntó Mel.
— No, y creo que es una misión imposible — dije encogiéndome de hombros.
— No te desanimes, a estas alturas tampoco te pueden quedar muchos — dijo Jake riéndose.
— Supongo — respondí riendo.
La noche pasó volando y con ello la llegada de las notas, como años anteriores mis notas habían sido impecables y como todos los años después de la entrega de notas y antes de la vuelta a casa para las vacaciones de verano había una cena de las eminencias.
Ese año sería el primero que no iría acompañada a dicha cena lo que, en sí, se ha hacía raro.
Pero como suelen decir, siempre hay una primera vez para todo ¿No?
Salí del baño ya arreglada y me miré en el espejo de cuerpo entero que teníamos al lado de la puerta de la habitación.
Tenía el cabello suelto y ondulado a la altura de la cadera, llevaba puesto un vestido rojo coral por encima de las rodillas, con un escote corazón, ajustado hasta la cintura, y la falda con vuelo, y para culminar, unos tacones negros.
Me había maquillado de tal forma que resaltara el color de mis ojos.
Lily, que estaba mirándome desde los pies de su cama me sonrió, dándome la aprobación. Salimos juntas dirección a la cena y al llegar nos sentamos en los únicos dos sitios libres.
— Llegan justo a tiempo, como siempre — dijo Slughorn mirándonos a Lily y a mí con simpatía para detenerse un momento de más — ¿No habéis traído acompañantes? ¿Dónde están vuestros novios? — preguntó curioso mientras nos sentábamos a la mesa.
— Oh... bueno, yo corte con mi novio ayer...no éramos del todo compatibles... — dijo Lily sonriendo como si no pasara nada, porque para ella no pasaba nada, su novio había sido un novio florero que hacía lo que ella hacía, y ella creía que lo mejor para él era cortar tal relación ya que no era amor, sino adoración.
— Jay y yo cortamos hace tiempo, porque bueno... dejamos de sentir interés romántico el uno por el otro y decidimos que nuestra relación era más de amigos que de novios, así que eso somos ahora, mejores amigos — dije encogiéndome de hombros sonriendo — he tenido suerte de estar con un chico como él, siento no haber seguido correspondiendo esos sentimientos.
— Vaya, eso sí es una pena, hacíais muy buena pareja, una lástima, una verdadera lástima... pero he oído que no te han faltado pretendientes — dijo alegremente Slughorn haciendo que Sirius sentado dos sitios a mi izquierda se atragantara con el primer plato, pollo asado en mantequilla y patatas asadas.
Todos le miramos atentamente.
— Le recomiendo beber un poco de zumo, señor Black, ¿le gustaría comentar algo?
— Oh bueno... a mi parecer Lestrange se ha... soltado la melena, así que mañana tendrá un novio nuevo y al siguiente otro, aunque esto no tiene nada que ver conmigo ¿verdad? — dijo Sirius con las orejas cada vez más coloradas.
— Efectivamente, no tiene nada que ver contigo, así que le pediría que guardara sus opiniones para quien le importe — respondí enfadada.
Los demás alumnos, y el profesor, parecieron incomodarse por ese inesperado enfrentamiento, creándose un ambiente algo tenso. Y aunque Slughorn intentó romper ese ambiente al final de la cena seguía existiendo cierta tensión precedente de nuestras miradas de odio.
— ¡¿Cómo se le ocurre decir eso en medio de esa cena con el profesor delante?! ¡¿Ha perdido la cabeza?! — exploté poco después de llegar a nuestra habitación.
Lily negó con la cabeza, de acuerdo conmigo.
— No tienen límites, ni uno ni otro... son unos... unos... es que ya no sé qué palabra decir para describirles que no haya dicho este año millones de veces... Cansan hasta a los retratos del castillo... — sentenció Lily tirándose a la cama.
Suspiré mientras me sentaba en el alfeizar que había en la ventana de al lado de mi cama y miraba con tristeza el lejano bosque prohibido.
— No sé por qué hace esto... no le he hecho nada... solo intento averiguar quién es ese chico... sé que es de locos el ir un día con uno y al siguiente con otro, y que los demás van a pensar que soy una cualquiera que sale con el primero que pilla, pero de verdad que no sé qué otro modo hay de saber quién es... si la hubiera...si la hubiera no dudaría de hacerlo pero no se ninguna más... y ahora que me he quitado tantos de en medio sé que no me quedan muchos, sé que está cerca... y que pronto lo encontraré... o eso espero...
Lily me miró, no dijo nada, porque no había nada que decir que no hubiera dicho yo o que no supiera, con saber que tenía a mis amigos de mi parte me valía, no necesitaba más para ser feliz, dijeran los demás lo que dijeran... yo sabía, y los que me conocían, que lo que dijeran sobre mí no era cierto.
A la mañana siguiente cuando bajamos con nuestros baúles hasta la sala común Sirius y James nos cortaron el paso a Lily y a mí.
Miré a Sirius en silencio, esperando que me dijera algo en vez de mirarme fijamente sin decir nada.
Abrió la boca y la volvió a cerrar.
— No era mi... — empezó el.
— Como siempre no es tu intención decir eso, pero sin embargo cada vez que dices algo la cagas más, esta vez espero que lo entiendas de una vez, quiero que me dejes en paz, no somos amigos Black, olvídate de mí de una vez y déjame tranquila — dije para rodearlo y marcharme con Lily pisándome los talones.
Al llegar a nuestro compartimento, tras dejar el baúl y la jaula con Kan, mi lechuza, me deje caer en el asiento de al lado de la ventana soltando todo el aire que podían retener mis pulmones.
— Amiga, piensa que no lo veras en un tiempo, al menos ese tiempo te dejara en paz... — dijo Lily sentándose enfrente de mí.
— Es que, no sé si está bien lo que he hecho, creo que me estoy volviendo loca, pero al pasar por su lado su olor me recordó al desconocido, estoy tan obsesionada que ya hasta el estúpido de Sirius me recuerda a él...
— Querida amiga, definitivamente estás perdiendo la cabeza — sentencio Lily riendo, haciéndome sonreír.