La señora Pomfrey se sorprendió al ver a una alumna sangrando por la nariz de manera incontrolable la primera mañana de clase.
— ¿Tu primera clase de vuelo querida? — preguntó con cariño la enfermera mientras con un hechizo hacía que el flujo de sangre se cortara y el dolor desapareciera para darme un paño húmedo con el que limpiarme frente al espejo.
— Han sido sus hermanos mayores a la salida de nuestra primera clase de pociones — explicó con enfado Lily que parecía más que enfadada horrorizada por el poco cariño entre familiares.
— Oh... ya veo... debería hablar con algún profesor señorita Lestrange — recomendó amablemente la enfermera mientras le devolvía el paño rojo por la sangre retirada.
Me levanté de la silla, tocando mi nariz por última vez y mirándome en el espejo.
— No pasa nada, siempre hacen cosas así — dije sonriéndole amablemente — gracias por curarme señora Pomfrey.
Emprendimos camino al gran comedor donde estaría terminando la hora de la comida.
Corrimos para llegar con más tiempo y al entrar la puerta chirrió con fuerza haciendo que el gran comedor se quedara en silencio.
Todos nos miraban la mayoría con confusión, pero ahí estaban, mis dos hermanos riéndose con sus amigos al fondo de la sala.
"Deberías ignorarlos, Ignorarles te hará más feliz" las palabras del pelinegro resonaron con fuerza en mi cabeza.
Levanté la cabeza con el poco orgullo que me quedaba y sonreí como si no hubiera pasado nada.
— ¿Sabéis que? Pienso aprenderme algún hechizo o encantamiento para devolvérsela — dije con una seguridad inquebrantable.
Alice negó divertida con la cabeza y Lily dio una palmada entusiasta.
— ¡Sí señor! ¡Eso haremos! — dijo afirmando con la cabeza como si el devolvérsela fuera lo correcto.
Nos sentamos en nuestra mesa y empezamos a comer con rapidez, queríamos terminar lo más rápido posible ya que queríamos ir a dar una vuelta por los terrenos del colegio antes de nuestra siguiente clase.
— Qué os interesa más de esta tarde ¿Herbología o Vuelo? — pregunté emocionada mientras pinchaba un trozo de pollo asado con patatas.
— ¿Sabéis que se da en vuelo? — preguntó Lily con curiosidad.
— Nos enseñarán a montar en escoba voladora — expliqué con emoción subiéndome de rodillas al banco de la mesa, haciendo que casi se cayera todo lo que había colocado delante de mí — perdón, me he emocionado — dije avergonzada mientras me sentaba bien en el banco.
— ¿Volar de volar? ¿Por el aire? — preguntó sorprendida Lily — pero yo no tengo escoba voladora...
— No te preocupes en el colegio habrá — le respondí con una sonrisa.
Cuando salimos del gran comedor nos dirigimos hacia los jardines donde bajamos una colina, al final de esta, junto al linde del bosque, había una cabaña con un gran huerto en el que crecían calabazas.
Nos miramos entre nosotras y nos acercamos con curiosidad por saber quién vivía allí.
Al llegar frente a la casa la puerta se abrió de golpe haciendo que gritáramos por la sorpresa.
Un hombre, mucho más alto de lo normal, de cabello y barbas largas y negras y un abrigo marrón algo viejo nos miró por un momento.
— ¿Os he asustado? ¡Lo siento mucho! — exclamó el hombre con tono arrepentido — ¿sois de primero?
— Sí señor — le respondió Lily sonriendo.
— Ya veo... ¿Y qué os ha parecido el colegio? — preguntó amablemente el hombre mientras un gran perro se me tiraba encima y empezaba a lamerme la cara con entusiasmo.
Empecé a reírme mientras acariciaba las orejas del enorme perro que, moviendo la cola, me daba la bienvenida.
— ¡Fang! ¡Vas a chafar a la niña! — exclamó el hombre cogiendo al perro y apartándolo.
Me levanté con los pelos alborotados y la cara llena de babas, pero con una sonrisa en la cara.
— No pasa nada, parece un perro cariñoso — dije sonriente acariciando la cabeza del perro mientras este se sentaba contento.
— Si ¿verdad? Pero es un cobarde — dijo el hombre — oh, por cierto, soy Hagrid, el Guardabosques de Hogwarts.
— Nosotras somos Lily, Alice, Éride y Hayley de Gryffindor — respondió Hayley contenta de haber conocido al amable guardabosques.
Hagrid miró la hora en un reloj de cuco que había nada más entrar en su cabaña.
— Dentro de poco tendréis vuestra primera clase de Herbología ¿verdad? — preguntó Hagrid.
— Sí, ¿sabe dónde es? — pregunté sonriente.
— Sí, os llevaré hasta el invernadero — dijo el hombre que empezó a andar con sus largas piernas y Fang a su lado.
Tuvimos que correr detrás de él, colina arriba y después rodeando el castillo, ya que, aunque él andaba tranquilo nuestras piernas, mucho más cortas, no alcanzaban su desenfrenado ritmo.
Llegamos sudando a la puerta del invernadero número cinco donde nuestros compañeros de Gryffindor y los de Ravenclaw ya esperaban a la profesora que aún estaba dentro del invernadero arreglando unas cosas.
— Aquí es ¡Mucha suerte! — exclamó el guardabosques yéndose de vuelta por donde habíamos venido.
— Uf... pensaba que le perderíamos de vista — exclamó Lily agotada a mi lado.
— Pensaba que perdería alguna pierna por el camino de lo que hemos tenido corrido — exclamó Hayley de manera exagerada.
— Ha sido amable en traernos ¿verdad? — volvió a decir Lily algo recuperada.
— La gente en Hogwarts parece muy amable, menos los de Slytherin — dije sonriendo con burla.
Lily sonrió y negó con la cabeza como dando a entender que prefería no decir nada.
La profesora, una mujer bajita y rechoncha abrió la puerta y nos indicó que entráramos.
Nos sentamos de cuatro en cuatro en mesas llenas de tierra y taburetes oxidados por la humedad.
— Hola y bienvenidos a vuestra primera clase de Herbología — empezó la profesora — Soy Pomona Sprout y os enseñaré esta asignatura todo el tiempo que la curséis en Hogwarts.
Tomó una pausa, mirándonos con tranquilidad.
— En esta asignatura adquiriréis conocimientos básicos de plantas mágicas y sus usos en el mundo mágico como en el no mágico — continuó la profesora con una sonrisa — empezaremos con plantas básicas que no sean un peligro para vuestra integridad y a medida que vayáis adquiriendo conocimientos con los años subiremos de dificultad, en esta clase empezaremos con el Asfódelo, una planta ampliamente usada, sobretodo en pociones...
La clase pasó sin sobresaltos y cuando quisimos darnos cuenta ya íbamos camino a nuestra última clase del día, vuelo.
Esta clase solo se impartía el primer año y ya tenía ganas de empezar a volar con una escoba ya que mi padre no me había dejado montar nunca en una.
Íbamos caminando con nuestros compañeros de casa, todos íbamos hablando, la mayoría emocionados por volar por primera vez.
Lily se retorcía las manos con nerviosismo.
— Seguro que lo haces bien, no te preocupes Lily — la animé sonriéndole mientras tiraba de ella y echaba a correr los últimos metros que nos separaban de unas escobas colocadas pulcramente en el suelo en dos filas enfrentadas con un pasillo entre ambas.
Allí, en una de las filas ya se encontraban colocados los alumnos de primer año de Slytherin, todos vestidos con los emblemas verdes y plateados con una serpiente.
La profesora, una mujer joven de cabello corto castaño y puntiagudo y ojos extrañamente amarillos nos observaba con semblante serio entre ambas filas.
— Colocaros cada uno a un lado de la escoba, si sois diestros a la izquierda y si sois zurdos a la derecha — ordenó la profesora.
Todos obedecimos con rapidez en un silencio sepulcral.
— Bien, en esta clase se os enseñara a volar correctamente, hoy empezaremos intentando elevarnos un metro del suelo, y como mucho volando a ras del suelo un poco ¿Alguno ha montado alguna vez? — preguntó la profesora mirándonos uno a uno.
Sirius y uno de sus amigos el chico de cabello n***o, levantaron la mano casi al instante sonriéndose con complicidad.
— Bien, pues empecemos, extended vuestra mano sobre la escoba y decid "Arriba" — explicó la profesora paseándose entre ambas columnas de alumnos, todos con sus manos extendidas.
— Tenéis que decirlo con convicción, si dudáis la escoba no obedecerá — sentenció la profesora con voz firme.
Sirius y su amigo gritaron un "arriba" y al momento sus escobas volaron horizontales hasta su mano, quedando suspendidas en el aire con la mano agarrando el palo.
— ¡Muy bien! 10 puntos para Gryffindor — felicitó la profesora.
— Arriba, Arriba, ¡Arriba! — decía Lily cada vez más alto y con un deje de enfado por no poder hacer más que la escoba se sacudiera en el suelo.
— Seguro que en realidad no es bruja y es una simple muggle — dijo una chica de Slytherin de piel tostada.
— Cállate Zabini o haré que te arrepientas — le espeté con un dedo amenazador señalando su cara.
— ¿Qué vas a hacer? ¿Desangrarte por la nariz? — exclamó burlona mientras los de Slytherin se reían.
— Déjalo, no pasa nada — susurró Lily.
— Sí que pasa, bien, primero consigue levantar esa estúpida escoba del suelo antes que yo y luego ríete de lo que quieras, ¿entendido? — exclamé con orgullo extendiendo mi mano sobre el mango de la escoba mientras Zabini dejaba de reír y con cara de concentración y odio me miraba mientras extendía también su mano sobre el mango de su escoba.
Todos se quedaron en silencio, observando la escena, al momento unas voces provenientes de mis compañeros de casa empezaron a animarme mientras los de Slytherin empezaron a imitarles animando a su competidora.
— "¡Arriba!" — exclamamos casi gritando ambas mientras mi escoba volaba con una decisión inquebrantable a mi mano y la suya se levantaba y caía tan rápido como había subido los 30 centímetros.
— Está claro ¿No? No te quiero volver a oír decir nada de Lily ¿Lo has entendido cabeza hueca? — exclamé enfadada con la escoba levitando a mi lado.
Zabini pateó la escoba y se fue, campo a través, dirección al castillo.
— ¿Qué? — pregunté ante la cara boquiabierta de Hayley y Alice.
— ¿Has montado antes en escoba verdad? — preguntó Hayley sonriendo con complicidad.
Negué con la cabeza sonriéndole.
— En mi vida he tocado una — dije encogiéndome de hombros — creo que ha sido suerte.
— Amiga, déjame algo de tu suerte — Exclamó Hayley que seguía intentando que la escoba ascendiera a su mano sin ningún avance.
Lily lo consiguió poco después, tras varios intentos.
— ¡Muy bien Lily! — exclamé saltando sobre ella que reía con felicidad tras conseguir levantar la escoba que elegantemente ascendió hacia su mano — ¿Ves? ¿Genial verdad?
Ella asintió y me sonrió chocándome la mano en un festejo silencioso.
Como no todos habían conseguido levantar su escoba no volaríamos hoy, así que la próxima lección sería sobre montarnos en ellas.
El resto del día fue tranquilo, las cuatro sentadas en una mesa de la sala común jugando unas partidas de cartas explosivas, un juego en el que Alice parecía ser toda una experta ya que no perdía ninguna partida.
Aunque había sido un día movido y en el que me había llevado más de un sobresalto amargo estaba contenta de cómo había terminado el día.
Había sido un día duro, sí, pero igualmente emocionante y estaba ansiosa de que llegara el próximo día.