Me desperté sintiendo mi cuerpo pesado, la cabeza la tenía embotada y me palpitaba del dolor, el estómago revuelto y unas ganas de vomitar me subieron por la garganta, haciendo que se me irritara.
Algo pesado me rodeaba el cuerpo evitando que me moviera con total libertad y hacía que sudara del calor.
Grité al darme cuenta del que me abrazaba era Sirius.
¿Cómo había llegado él aquí? ¿Cómo había llegado yo aquí? ¿Qué había pasado la noche anterior? Había bebido tanto que no recordaba nada de la noche anterior, lo último que recuerdo es estar bailando con Lily, Hayley y Mel...
— ¿Qué paso anoche? — Pregunté tras el grito que había despertado a todos en esa habitación.
— ¿No recuerdas nada? — preguntó Sirius con un deje de enfado levantándose del suelo en el que había terminado tras una patada mía.
— Solo recuerdo estar bailando con Lily, Hayley y Mel... ¡¿Qué hacías tú en mi cama? — pregunté señalándole con un dedo acusador.
— ¡Yo te traje aquí maldita borracha! — gritó Sirius furioso.
— ¡Yo no te pedí que me trajeras! — grité ahora yo.
— ¡No, pero sí que me quedara contigo hasta que te durmieras después de que casi se sobrepasaran contigo por ir sola y borracha! — gritó furioso Sirius haciendo que se creara un silencio tenso.
— Aléjate de mí, a ver si lo entiendes de una vez — grité señalando la puerta.
Sirius me miró en silencio y tristeza antes de marcharse sin decir nada, dando un portazo en la habitación.
Todo se quedó en silencio de nuevo, todos me miraban con tristeza y cierta confusión.
Lily se sentó a mi lado y me abrazó, tumbándose conmigo de nuevo en mi cama.
— No pasa nada Éride... — me intentó tranquilizar Lily.
El nuevo curso empezó con tranquilidad, habían pasado dos meses desde el incidente de los mundiales con Sirius, dos meses en los que no me había dirigido la palabra, parecía haber calado bien en él el aléjate de mí.
— ¿Debería seguir buscando al chico? — pregunté esa mañana en el desayuno.
Lily me miró fijamente y asintió sonriente.
— Deberías, ya debe quedar poco para encontrarle ¿no? — preguntó Lily terminando su zumo de zanahoria.
Asentí sonriente.
— Empecemos hoy mismo, avisaré a Jay — respondí levantándome y yendo hacia la mesa de Hufflepuff — Ey Jay, empezamos la búsqueda del chico misterioso de nuevo, ¿Te apuntas?
— Claro, no me lo pienso perder — respondió Jay levantándose y siguiéndonos a Lily y a mí al patio.
— Ahí tenemos a tu siguiente víctima, corre, pídele una cita — dijo Jay empujándome hacia un chico moreno de ojos marrones que caminaba por el patio con tranquilidad.
Solté todo el aire de mis pulmones y fuí hacia él.
— ¿Y cómo ha ido? — preguntó Lily a lo que asentí.
— Este sábado en Hogsmeade — respondí sonriente.
— Genial, habrá que prepararlo todo, vamos — dijo Jay.
El sábado llegó con rapidez y el chico y yo nos encontramos enfrente de Zonkos como habíamos acordado, paseando por el pequeño pueblo con tranquilidad y sentándonos en un banco alejado del ajetreo del pueblo un sábado de salida.
— Oye — me llamó el chico sentado a mi lado haciendo que girara mi cara.
El chico aprovechó para besarme.
¿Sentí algo aparte de sorpresa? No.
Bueno sí, sentí una brisa a mi lado, y como el chico se alejaba.
Abrí los ojos de golpe con extrañeza, viendo como Sirius golpeaba a lo muggle al chico y como James intentaba parar a su amigo, intentando separarlo del chico.
— ¡Ya basta! — grité acercándome a ellos y cogiendo a Sirius por el hombro dispuesta a alejarlo del chico con el que había quedado.
— ¿Ya basta? ¡Ya basta tú de liarte con todo el que pilles! ¡Ya encontraste al maldito chico, deja de buscar tontamente y date cuenta de una maldita vez! — gritó Sirius furioso acercándose peligrosamente a mí.
— ¡Estás loco! ¡No he encontrado a ningún chico! — exclamé furiosa mientras Sirius me cogía del brazo y me arrastraba dirección al castillo sin decir nada.
Llegamos al castillo entre quejas mías y gritos llamándole loco.
Sirius abrió un cuadro, no sé cómo, metiéndonos en un pasadizo que nunca había visto y empujándome hasta la pared de este.
— Estoy loco, pero por ti — dijo Sirius uniendo nuestros labios con rapidez.
Todo paro en ese momento.
Era él.
¿Cómo lo había olvidado?
Las imágenes de la fiesta, del chico que me retenía entre sus brazos, aunque yo le decía que no quería, Sirius alejándome de él y sacándome de la fiesta, subiéndome a mi dormitorio y tapándome con cariño con la sabana, abrazándome con sosegada tranquilidad, besándome.
Mi cuerpo pareció despertar, todo en él estallaba en llamas mientras correspondía su beso, mientras él se pegaba más a mí y me besaba con necesidad, como si se hubiera estado ahogando y hubiera encontrado el tan necesitado oxígeno tras mucho buscarlo.
— ¡Ey tío! Llevo buscándote desde que saliste así con Eri... ¡Ostras! — dijo James entrando en el pasadizo y mirándonos con sorpresa.
Sirius y yo nos separamos rápidamente.
— Tengo que irme — susurré para salir corriendo por el hueco del pasadizo.
— ¿Para qué me buscabas? ¡Has fastidiado el momento! — Alcancé a oír que le gritaba Sirius antes de alejarme más del pasadizo.
Todo ese tiempo buscando a un chico que había estado delante de mí todo el tiempo.
Tan cerca pero tan lejos, tan estúpido, infantil e inmaduro.