Ego aplastado.

1111 Palabras

La puerta se abrió está vez desde el exterior. Sabía que no era la maldita costurerita. Está vez fue el que se recostó de la mesa en la que antes la había capturado, aún olfateado su mano para disfrutar el rico aroma de su coño excitado que se quedo grabado entre sus dedos. ¡Una delicia!. Pensó. A la par la figura de la rubia Laura entro, sin sorpresa en su rostro. Era su cómplice, ya estaba al tanto de sus intenciones con la tal Melody Rossetti. —Al parecer no eres tan irresistible, Dimitrix Berloscuni. —Su vista fue corriendo el desastre en el piso mientras avanzaba al interior, incluso las gotas de sangre que había derrado.—Una pobre tonta de los suburbio con aires mojigata acaba de despreciarte.—Sabia por donde iba, estaba celosa la muy cretina.—Y herirte por lo que puedo ver.

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