¡Estás despedida!

1935 Palabras

En un rincón de su pequeña habitación, permaneció el resto de la tarde, intentado apartar los recuerdos violentos. Fue casi imposible. Le temblaba la misma mano que se mancho de sangra cuando le clavo la tijera en la espalda. Su propia piel seguía recordado sus besos, le ardían todas las partes exploradas por la lengua de ese depredador. Se acurrucó en su colchón, dejando rodar sus lágrimas, por el miedo, placer y vergüenza que experimento unas horas atrás. Le atormentaba la moral, recordar como su cuerpo en cierto momento reaccionó, en demostración todo el placer que se podía llegar a sentir entre los brazos de un hombre. Exprimió sus ojos, para renegar de sus lágrimas y borrar los recuerdos. Una suerte, apenas terminaba de secar el líquido que corría por sus mejillas, entro su mad

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