Adeline Estaba disfrutando de uno de los últimos días del viaje nadando en la piscina de la propiedad, mientras Sebastian se ocupaba de cerrar unos asuntos de la oficina por videollamada, y no quería ir a la playa sola. Nadé hacia las escaleras y con cuidado de no resbalar salí, encaminandome hacia la tumbona donde estaba la toalla y secandome el cabello con ella. En eso ví a Sebastian caminando hacia las puertas de cristal que daban al jardín trasero. Parecía relajado, con las manos en los bolsillos de sus pantalones, iba descalzo y la camiseta blanca se ajustaba a sus definidos músculos, su piel había tomado cierto tono dorado y llevaba una ligera barba de unos días que lo hacía ver aún más irresistible. Tomé mi vaso de limonada fría, dandole un trago, disfrutando de lo refrescante

