Capítulo 11

1004 Palabras
Me dirigía a los vestuarios con tres increíbles vestidos en mis brazos después de escanearlos durante unos buenos cuarenta minutos. Entré al probador bastante grande. Tenía un tocador con luces alrededor del espejo y una silla rosa que lo acompañaba. Cerré la cortina detrás de mí y coloqué los vestidos encima del mueble. Aparté la mirada del espejo y me puse el primer vestido, negándome a mirar mi reflejo. Era morado y me llegaba hasta las rodillas, estaba adornado con diamantes plateados y tenía un pequeño lazo en la parte de atrás. Suspiré y lo acomodé con mis manos antes de abrir la cortina para encontrarme con los hermosos ojos de Nate. —¿Qué opinas? —pregunté mordiendo mi labio nerviosamente. —mmm... es bueno, pero no tan bueno —respondió. Sonreí débilmente y asentí, cerré la cortina sintiéndome avergonzada de que a Nate no le gustara. Cogí el segundo, era granate sin tirantes, un poco más corto que el anterior, pero aún me llegaba hasta las rodillas. Abrí la cortina e inmediatamente vi que los ojos de Nate se iluminaban. »—Ese es perfecto. Sonreí para mis adentros. Sintiéndome hermosa por una vez después de todo lo que pasó. Pero todavía no me había mirado al espejo. »—¿Te gusta? —cuestionó, levantándose y acercándose a mí. —Sí —suspiré. Lentamente cerró la cortina, detrás de él, manteniéndonos ocultos a los dos. —¿Q-qué estás haciendo? —pregunté un poco preocupada. —Te estoy mostrando lo hermosa que eres —contestó y rápidamente me dio la vuelta para que viera mi reflejo en el espejo. Jadeé al verme. ¿A quién estaba mirando? Mi cabello castaño, fino y recogido hacia un lado. Bolsas oscuras debajo de mis ojos por falta de sueño, hambre y llanto. Luego vino mi figura. Podía ver mi caja torácica a través del vestido. Mis brazos y piernas estaban delgadas y huesudas... Las marcas, cicatrices, moretones y quemaduras de parte de mi cuerpo estaban claramente a la vista. ¿Cómo se supone que voy a usar esto luciendo así? Estaba tan aturdida que no sentí que Nate desabrochaba el vestido hasta que cayó lentamente de mis hombros hacia el suelo, como una hoja de otoño cayendo de un árbol. Quedé congelada. Pasó sus dedos suavemente por mi piel y los apoyó alrededor de mi cintura. »—Eres tan hermosa, Hayley —susurró, mientras besaba suavemente mi clavícula. —¿Lo soy? —me ahogué, llorando en silencio—. Mírame. Mira lo que me pasó. Ya no soy hermosa —dije con lágrimas inundando mi visión. —Nena, siempre serás hermosa para mí... no importa qué —me giró para poder mirarlo—. Recuerda la primera vez que nos conocimos. Sé que nunca lo olvidaré. Estaba deambulando por la tienda tratando de llamar tu atención cuando estabas apilando los CD. Sabes que ese día te di un codazo a propósito para que me hablaras —explicó, riendo un poco. Dejé escapar una pequeña risita ante su historia. —Imbécil. Me hiciste perder mi trabajo —dije sonriendo levemente. —Pero mira lo que gané —contestó, metiendo un mechón de mi cabello detrás de mi oreja y besándome suavemente en la frente—. Te amo, siempre y para siempre —susurró, ahuecando mi cara entre sus manos. —¿Estás hablando en serio? —le pregunté, mirando fijamente sus ojos marrones mientras envolvía mis pequeñas manos alrededor de las suyas. —Por supuesto —respondió robándome un beso. —Yo también te amo —dije envolviendo mis brazos alrededor de su cuello—. ¿Cómo se supone que debo usar ese vestido? No creo que pueda cubrir todas estas marcas. —Solo ponte unas medias o algo. De todos modos, ¿a quién le importa lo que piense la gente? Mientras yo esté allí, nadie va a decir nada —se encogió de hombros. Nos quedamos en silencio unos momentos. »—Vamos, deberíamos salir de aquí antes de que crean que estamos haciendo algo —dijo riendo. Me reí en respuesta y me cambié cuando salió del probador. Él compró el vestido, costaba 1300 libras. Quería desesperadamente preguntarle de dónde venía el dinero, la conversación que escuché anoche se repetía en mi mente. Tenía demasiado miedo, no quería arruinar su estado de ánimo. Salimos de la tienda y regresamos a la casa. (…) Acababan de dar las nueve y media, y durante la última hora he estado cubriendo mis marcas tanto como puedo. Me las arreglé para cubrir las que se veían más horribles en la parte superior de mi cuerpo, además de aplicarme maquillaje en la cara. Me puse medias negras para cubrir las cicatrices de mis piernas. No tenía suficiente maquillaje y para ser honesta, no podía taparlas todas. Para terminar, me recogí el cabello en un moño ordenado con dos rizos cayendo a cada lado y unos tacones del mismo color del vestido. Una vez que terminé, me dirigí hacia abajo. Nate estaba sentado en la sala de estar. Vestía una camiseta casual negra ajustada con jeans oscuros y tenía el pelo perfectamente peinado. Se veía hermoso. —¿Estás listo para irnos? —le pregunté, agarrando mi bolso, con mi teléfono, llaves y maquillaje por si necesitaba cubrir algo más. —Maldita sea nena... te ves increíble —habló levantándose del sofá y agarrándome bruscamente por la cintura tirando de mí para besarme. Se apartó y miró su reloj. —¿Nos vamos? —sonrió. Asentí con la cabeza y abrió la puerta. Entramos a su Mercedes n***o y comenzó a conducir hacia el club. Después de un largo y cómodo viaje, logramos llegar al club con éxito, Nate estacionó y entramos juntos. Caminamos entre grupos de personas, a todos les encantaba el ambiente y se volvían locos, el fuerte hedor a alcohol permanecía en el aire. Antes de dirigirnos al centro del club, tiré del brazo de Nate y lo empujé hacia atrás.
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