Me cambié de ropa y corrí escaleras abajo para preparar la película y hacer palomitas de maíz, sin molestarme en decirle nada a Nate.
No entiendo por qué su comportamiento hacia Logan me frustró.
Me senté en el sofá, dándome espacio. Él estaba sentado en el otro extremo.
Comenzó la película y dejé las palomitas en la mesa.
Supongo que estaba esperando su permiso para probarlas.
—¿Por qué estás sentada tan lejos de mí? —preguntó, mientras se inclinaba para agarrar el cubo de palomitas de maíz y ponerlo en su regazo.
«Seguro que te lo comes todo» pensé para mis adentros.
—Porque... solo quiero —murmuré, mirando la película, pero sin prestar atención.
—Bueno, yo no quiero que lo hagas... así que ven aquí —dijo molesto.
—Estoy cómoda —respondí rotundamente.
—No me importa —escupió en respuesta.
Me giré para mirarlo. Sus grandes ojos marrones perforaban mi cráneo. Tragué saliva y lentamente me arrastré por el sofá hasta quedar junto a él. Me acercó y me obligó a apoyar la cabeza en su pecho.
»—Eso está mejor—susurró, besando mi cabeza, mientras yo suspiraba derrotada.
(…)
A mitad de la película, mi estómago comenzó a hacer ruidos furiosos. Sentí como si me ardieran las entrañas. Puse las manos sobre él, frotándolo suavemente, tratando de mantener la calma. Seguí cambiando de posición, todavía en el pecho de Nate.
—¿Qué ocurre? —preguntó.
—N-nada —mentí. Traté de mantener la calma, respirando profundamente y frotando mi estómago más rápido.
—Entonces deja de inquietarte, nena —respondió, frustrado.
Los dolores ardientes finalmente se calmaron, pero todavía tenía mucha hambre.
Me quedé en silencio durante el resto de la película.
(…)
Unos diez minutos después de que terminara la película, sonó el móvil de Nate.
Se puso de pie y caminó hacia el pasillo.
—¿Hola? —habló con cautela.
Crucé el sofá arrastrando los pies para estar más cerca de la pared que conducía al pasillo, para poder escuchar lo que estaba diciendo.
»—Sí. ¿Lo haremos esta noche? —preguntó con calma—. No, eso no es un problema, solo asegúrate de que este se encuentre solo, a diferencia del último lugar al que fui. El chico tenía a su chica en la ducha y tuve que callarla, no fue bonito —le explicó a la persona del otro lado de la línea.
Mis ojos se abrieron ante lo que le oí decir.
¿Qué quiso decir con "tuve que callarla"?
Colgó y regresó a la sala principal.
—¿Todo bien? —pregunté suavemente, fingiendo que no había escuchado la conversación.
—Sí, todo está bien. Solo tengo algunos asuntos de los que ocuparme, no me esperes despierta, y come algo si quieres —dijo mientras se cambiaba a la camiseta negra que le compré, antes de agarrar sus llaves, besándome en los labios y saliendo corriendo por la puerta.
—Adiós —susurré justo cuando la puerta se cerraba.
***
—Hayley... despierta nena —escuché una voz suave cantando en mi oído.
—Mmm —es todo lo que pude decir.
—Vamos bebé despierta... te necesito —susurró, acariciando mi cabello suavemente.
Me di la vuelta para encontrarme con dos hermosos ojos marrones mirándome.
—¿Me quedé dormida? —pregunté, de repente saltando de la cama.
—Son solo las 6:30, pero estaba solo sin mi bebé —dijo dulcemente, me hizo pellizcarme para ver si todavía estaba soñando—. Cariño. El trabajo fue tan bien anoche, que te llevaré a un club increíble que encontré la semana pasada. Es el mejor de la ciudad y siempre tienen bandas como actuando y esas cosas. ¿Qué dices? —anunció, mirándome a los ojos.
Mi mandíbula se abrió de par en par.
»—¿Hayley? —agitó su mano frente a mis ojos.
«¿Quién eres y qué has hecho con Nate?» es todo lo que seguía corriendo por mi cabeza.
—Sí... eso es increíble —respondí finalmente.
Sonrió de oreja a oreja antes de besarme y saltar de la cama.
—Bueno, vamos entonces —dijo levantando las cejas.
Lo miré confundida.
»—Tienes que vestirte bien, te llevaré a una tienda y te compraré algo bonito.
A estas alturas mi mandíbula estaba literalmente en el suelo.
»—Ahora, Hayley, vamos —me apresuró.
—¿Qué hay del desayuno? —pregunté mientras salía de la cama.
—Comeremos fuera, te compraré algo rico y quizás esta vez no te enfermes —dijo riendo a carcajadas, lo que me confundió aún más.
¿Qué está pasando?
¿Nate en realidad iba a comprarme el desayuno?
De ninguna manera iba a preguntarle. Estaba hambrienta y no había forma de dejar que mi estupidez se interponga en el camino. Rápidamente corrí al baño para tomar una ducha rápida y luego vestirme para poder irnos.
(…)
El desayuno fue increíble. Comimos en un pequeño y lindo restaurante que nunca antes había notado. Nate me compró unos panqueques, cubiertos de almíbar con fresas a un lado. Era más ligero que la tostada que siempre comía y tenía un sabor muchísimo mejor.
Literalmente lamí el plato hasta dejarlo limpio. Recibí algunas miradas extrañas de la gente y de Nate, pero no podía importarme menos. Estaba hambrienta.
Ahora nos dirigíamos a una tienda para elegir un atuendo para mí esta noche.
—Entremos a esta —habló él, mientras gentilmente me guiaba por la cintura hacia una tienda llamada Chiffon. Parecía todo muy caro. Los candelabros de diamantes colgaban del techo, las joyas de diamantes en exhibición, sin mencionar los vestidos asombrosos que colgaban elegantemente en los estantes.
—Wow —suspiré suavemente.
—Ahora, nena. No quiero que dudes, ¿de acuerdo? Elige lo que quieras y pruébatelo. No te preocupes por el precio. Todo depende de mí —susurró en mi oído, besando mi cuello suavemente.
—¿De verdad? —pregunté sorprendida.
—De verdad —respondió convencido.
—Pero... son todos tan caros —dije mirando los vestidos.
—El dinero no es un problema —contestó instantáneamente.
«Bueno, hagámoslo entonces» pensé para mí misma y me sumergí de inmediato entre los estantes.
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