Capítulo 13: Sola, pero no invisible

470 Palabras
Después de esperar un día entero a que Elyn llegará con las provisiones me doy cuenta que algo anda mal no regresa, decido dirigirme a nuestro lugar para saber si a dejado algo, es ay donde encuentro un sobre que estaba oculto entre dos piedras, envuelto en plástico para protegerlo de la lluvia. El punto de entrega era uno que solo Elyn y yo conocíamos: una vieja señal de tránsito oxidada, marcada con un símbolo que dibujábamos en la infancia. Una estrella incompleta. Una promesa pendiente. Deslicé el papel entre mis dedos. Lo reconocí antes de leerlo. La letra inclinada, los trazos firmes. > Ali, Ya no es seguro. Me siguen. No solo Kael. Hay más. Bestias sin alma que no miran, solo muerden. Necesito alejarte de mí. Pronto te enviaré una señal. No te asustes si no sabes de mí por unos días. Estoy borrando mi olor del viento. Sobrevive. No solo por ti. También por mí. —Tu bruja roja. Me senté sobre una piedra húmeda. La carta temblaba entre mis dedos. Por un momento, todo lo que quise fue gritar su nombre y que volviera, que no se alejara, que no me dejara sola con este peso que no entendía del todo. Pero no lo hice. Porque ella tenía razón. Porque el peligro se acercaba y ya no podía depender de nadie. Ni de su astucia. Ni de sus contactos. Ni de su fuego. Tenía que encender el mío. Esa noche, empaqué lo poco que tenía. Tomé un mapa, una brújula vieja, y la piedra negra con el símbolo que aún ardía en mis pensamientos. No tenía dirección fija. Solo una idea: avanzar hacia el sur, donde la tierra era más ancha, los caminos más rotos y los rostros más extraños. Más difícil de rastrear. Tomé la chaqueta, me amarré el cabello, y salí antes del amanecer. Sola. Por primera vez. Decidida. Pero no lo sabía: no estaba sola del todo. Desde la colina, oculto entre ramas y maleza, Kael la observaba. Con los ojos entrecerrados, sin moverse, con los sentidos alerta. Vio cómo recogía la carta. Cómo su expresión cambiaba. Vio cómo se alzaba con una determinación que no le había visto antes. No la misma niña en fuga. No la misma presa. Ahora era fuego contenido en una copa frágil. Y él… no podía alejarse. No por Derek. No por una misión. Por ella. > “No puedo intervenir. No debo. Pero si algo la toca antes de tiempo… juro por mi alma que lo haré pedazos.” Sus dedos se apoyaron en la empuñadura del cuchillo al cinto. Solo por precaución. Solo por si hacía falta. Ella se perdía entre los árboles. Y él se fundía con las sombras, como un guardián que no sabe aún si lo es por deber… …o por deseo.
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