Capítulo 12: Cuando el fuego huele a peligro

411 Palabras
El encuentro con Kael la dejó con una mezcla extraña en el pecho. Elyn no creía en emociones serias. Creía en noches cortas, tragos fuertes y huidas limpias. Pero Kael… Ese maldito rastreador con ojos de piedra y voz que se colaba bajo la piel… Le hizo olvidar, por un instante, quién era y por qué estaba huyendo. Por eso no se permitió despedirse de él. Solo se alejó. Con la determinación de quien sabe que sentir es igual a perder. Amanecía cuando se detuvo junto a un viejo poste de madera. Encendió un cigarrillo y alzó la mirada al cielo nublado. —Ya te ayudé, Alisha —susurró—. Pero esto apenas empieza. El primer paso era cambiar de ruta. Ya no podían quedarse cerca del norte. El rastreador la había encontrado con demasiada facilidad. Y ella había sido descuidada. Lo supo en cuanto sintió la segunda presencia. No fue Kael. Kael se movía con silencio profesional, casi elegante. Esto era diferente. Más torpe. Más hambriento. Cruzó una calle desierta, y por el reflejo de un escaparate roto vio al hombre. Alto, corpulento, con una gorra que no le cubría del todo el rostro. Tenía algo en los ojos. No curiosidad… sino intención. Elyn no dejó de caminar, pero cambió de dirección. Luego notó otro detalle: la camioneta oscura estacionada desde hacía una hora en la esquina. Nadie había salido, pero el motor seguía encendido. No eran policías. No eran simples espías. Derek había soltado más de un sabueso. —Mierda —murmuró, arrojando el cigarrillo al suelo y aplastándolo con rabia—. Te están oliendo, Alisha… desde mi rastro. Y entonces decidió lo impensable: Alejarse aún más. Romper contacto. Desaparecer por completo. Esa misma noche escribió una nota. No sabía si llegaría a Alisha, pero la dejó en el camino, confiando en un punto de entrega que ambas conocían desde niñas. > Ali, Ya no es seguro. Me siguen. No solo Kael. Hay más. Bestias sin alma que no miran, solo muerden. Necesito alejarte de mí. Pronto te enviaré una señal. No te asustes si no sabes de mí por unos días. Estoy borrando mi olor del viento. Sobrevive. No solo por ti. También por mí. —Tu bruja roja. Horas después, Elyn desapareció en una ciudad que no conocía. Con documentos falsos. Con un plan nuevo. Y con el corazón dividido entre el deber… …y un maldito rastreador que no dejaba de aparecer en sus sueños.
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