Capítulo 10: La Marca en la Sangre
La cabaña era vieja, pero no abandonada.
Cada rincón parecía contener susurros antiguos. Cajones con cartas amarillas, libros con notas al margen, muebles cubiertos con sábanas que crujían al tocarlas.
Mi abuelo había sido un hombre silencioso. Mi madre decía que hablaba poco, pero pensaba mucho. Nadie sabía realmente en qué trabajaba. Lo único que recordaba de él era su bastón con mango de plata y el amuleto que siempre llevaba colgado del cuello: una piedra oscura, como obsidiana, con una inscripción extraña.
Esa misma piedra estaba ahora guardada en un cofre polvoriento, escondido bajo el suelo suelto de la chimenea.
La encontré al mover unos leños.
Dentro del cofre había tres cosas:
1. La piedra negra con el mismo símbolo: un círculo cruzado por una línea en espiral.
2. Una carta, escrita con una caligrafía fuerte.
3. Una foto. Antigua. Donde mi madre aparecía… con el padre de Derek.
Mi respiración se detuvo.
Giré la carta. El sobre decía:
“Para cuando la sangre vuelva a ser perseguida.”
Mis dedos temblaban al leer:
> "Si estás leyendo esto, es porque el pasado no se quedó enterrado.
Muchos años atrás, nuestras familias estuvieron unidas… y luego separadas por traición y poder.
Tu madre fue parte de algo que quiso olvidar. Un acuerdo entre los Blackwood y nosotros.
Un pacto sellado con sangre, no con amor.
Te buscarán, Alisha, porque no eres una chica común: tú eres la herencia viva de algo que debía morir conmigo.
Ellos creen que tenerte significa tener derecho a todo lo perdido.
No les des ese poder.
Quema esta carta cuando termines.
Y si el nombre Blackwood vuelve a tu vida… corre.”
Me quedé inmóvil.
Congelada.
Asfixiada por una verdad que no entendía del todo.
¿Un pacto?
¿Mi madre aliada a los Blackwood?
¿Yo… heredera de algo que Derek cree suyo por derecho?
Entonces comprendí.
Él no me amaba.
Él me reclamaba.
No como esposa.
Sino como llave de un poder antiguo, de un legado oculto, tal vez económico… tal vez mucho peor.
Esa noche, guardé la piedra en mi bolsillo.
Quemé la carta.
Y dormí con un cuchillo en la mano… no por miedo, sino por decisión.
Si quieren mi sangre, van a tener que pelear por ella.