Cuando Junie cerró la puerta con fuerza di un respingo hacia atrás, sorprendido. Solté un improperio entre dientes y me dirigí a mi cuarto, en donde me encerré y me dejé caer sobre la cama. Me pasé las manos por la cara y el cabello, tratando de calmar mis emociónes; temiendo perder el control e ir y volver a besarla. Maldición, ¿por qué la había besado? Bueno... No, sí sabía por qué la había besado, es decir... tan bonita... Pero no debía haberlo hecho, eso estaba claro. Y es que ¡todo estaba saliendo tan bien! Nada estaba bien, nadie se sentía bien; pero sabía, muy en el fondo de mi, que era lo correcto. Qué cliché, ¿no? Lo que uno quiere y lo que uno debe hacer. Es gracioso porque en las películas vemos cómo los protagonistas escogen siempren lo que quieren a lo que deben hacer, y al fi

