10- ¿¡Kiss-Kiss!?

1513 Palabras
Fue un beso estático. Esos besos en que los labios se entrelazan, se entrechocan, se absorben; y se quedan en esa posición que parece eterna e infinita. Como estatuas eternamente enamoradas en un parque. Tan dulce como la miel, tan cálido como un fuego. Mi ritmo cardíaco se acelero en un suave golpeteo en mis tímpanos. Mis labios respondieron a ese beso con firmeza y anehlación, casi con desesperación. Cerré los ojos y me dejé hacer, imaginando colores que nos unían, sonidos que nos envolvían. Podía sentir su respiración en mi piel, que quemaba como mil fuegos. Incluso podía degustar el sabor del alcohol en sus labios de ciruela.  Contuve las ganas de morder aquellos suaves, suavísimos, labios tiernos hasta el final. Yoongi se apartó un poco de mí, observándome con la mirada febril, los labios húmedos y entreabiertos y las manos aún sobre mis mejillas. -No llores-murmuró-. Por favor no llores. Asentí débilmente con la cabeza, sintiéndome como si flotara en una nube de algodón. Aún no era capaz de despertar de aquel asombro repentino... ... Min Yoon Gi me había besado. Abrió la boca para decir algo más, pero se lo pensó mejor y se apartó de golpe de mí. Antes de que tuviera tiempo de siquiera sentirme mal por su repentino alejamiento, vi que Tessa y Loui salían tomadas del brazo.  -¡Eh! ¡Tu!-exclamó Tessa, señalando al muchacho con un dedo tembloroso. Loui hizo una mueca. -Lo siento-se disculpó-. Creo que conduciré a casa. -¿Qué...? ¿Cómo ha...?-inquirí, abriendo los ojos como platos. -¿Que cómo he sido capaz de beberme una botella entera de tirón?-Tessa puso una expresión de perplejidad-. ¿Desconfías de mis poderes mágicos? -¿Eso qué tiene que ver?-inquirió Loui. Luego suspiró y tiró del brazo de mi amiga-. Anda, sube al auto. -Yo conduzco... -Claro que no. Me giré hacia Yoongi. Este jugueteaba con el pie con algo que había en el suelo. Sonreí ante tal muestra de timidez de su parte. -Yoongi...-comencé, y cuando me miró tuve que apartar la mirada-. ¿Vamos a casa o...? El muchacho observó el auto, luego a mí, luego la puerta del bar y finalmente volvió a mirarme. -Si quieres esperar a Camille...-comencé. Tessa sacó la cabeza por la ventanilla y gritó: -¡Esa está cantando con uno en el escenario! ¡Vente Yoongi! El muchacho frunció el ceño y luego sonrió. Asintió con la cabeza y comenzó a caminar hacia la puerta trasera del auto, para abrirla y hacerme un ademán de que pasara primero. Obedecí, algo turbada por su nueva "personalidad". Yoongi entró de un saltito, se acomodó a mi lado, y cerró la puerta. Loui puso música en el estéreo y puso a calentar el motor. Sin embargo, ni bien arrancamos a andar por la carretera la música se entremezcló con una conversación ajena que ella y Tessa comenzaron. Me mordí el labio inferior y traté de relajarme en el asiento, aunque la pierna de Yoongi pegada a la mía me ponía realmente nerviosa. El muchacho se hundió en el asiento vagamente y deslizó una mano de su pierna a la mía. Abrí los ojos como platos, tragué saliva y clavé la mirada al frente. La mano de Yoongi subió y el color de mi cara iba pasando del rosado al rojo. Quería gritarle algo, pero sería demasiado obvio y mis amigas captarían la situación al instante. Aunque, de todas formas, no era capaz de emitir palabra.  El muchacho estiró un dedo y lo deslizó lentamente de mi muslo a mis caderas. Me relajé cuando lo dejó caer y acarició la palma de mi mano. Dibujó líneas inconexas, hasta finalmente entrelazar los dedos con los míos. Dios mío Yoongi, tu sí que tienes tu toque.  Me mordí el labio inferior con más fuerza para ocultar una sonrisa boba y agaché la mirada. -¿Nie?-inquirió la voz de Loui en algún rincón de mi cabeza-. ¿Yoongi? -¡¡¡CHICOS!!!-gritó Tessa. Abrí los ojos de golpe y me incorporé, sintiendo como Yoongi (que dormía con la cabeza sobre mi hombro) se despertaba con la confusión tallada en el rostro. ¿¡En qué momento nos habíamos dormido!? -Eh... Gracias chicas-murmuré. -No hay de qué, nos vemos el lunes-Loui levantó su celular y lo señaló con un dedo aprovechando que Yoongi estaba bajando del coche.  Obviamente su mensaje decía algo así como "ni bien llegues cuéntame todo lo que sucedió". Asentí y me bajé detrás de Yoongi. Cruzamos las rejas y luego entramos en la casa. Yoongi se quitó los zapatos en un abrir y cerrar de ojos y se quedó allí, de pie, esperando con cara de dormido a que yo terminara de quitarme los zapatos. Levantó un puño y se estrego un ojo, en un gesto infantil que hizo que las mariposas de mi estómago revolotearan, enloquecidas. Dejé las zapatillas a un lado y apreté los labios en una sonrisa de "está hecho". Yoongi asintió con expresión de no haber despertado aún de su sueño y se dirigió a las escaleras para comenzar a subirlas con paso cansado. Lo seguí detrás, pisándoles los talones en silencio, hasta su habitación.  Yoongi abrió la puerta, entró, me observó unos segundos, y la cerró en mis narices. Me quedé de piedra del otro lado, sin terminar de entender lo que... ¿¡Me había cerrado la puerta en la cara!? ¡Ese maldito...! Solté un bufido de exasperación y comencé a caminar hacia mi habitación.  No había dado ni dos pasos cuando la puerta de Yoongi se abrió de golpe y el muchacho salió, se aferró a mi codo y me hizo entrar rápidamente para luego cerrar la puerta. Tenía una sonrisa en la cara y una expresión divertida. Se acercó a su cama sin decir una palabra y luego, en un rápido movimiento que me imposibilitó la posibilidad de gritarle que no lo hiciera, se desabotonó los jeans y los dejó caer al suelo. Aparté la mirada, enrojeciendo ferozmente. Miles de palabras, preguntas e imágenes cruzaron mi mente. -¿Yoongi qué...? ¡Ponte los pantalones! -Mmm-se quejó. Oí como el colchón crujía bajo su peso y luego no oí nada más. Sin poder evitarlo, giré lentamente la cabeza para volver a mirarlo. Min Yoon Gi se había recostado a un lado de su cama, vistiendo nada más que una camiseta blanca manga larga y unos boxers grises. Tenía los ojos cerrados y respiraba tranquilamente. -¿Yoon...?-susurré, acercándome. No lo podía evitar, eso es todo lo que diré en mi favor. Me detuve cuando mis rodillas tocaron el borde de su cama. Me quedé contemplando su rostro tranquilo, apacible, tan blanco como la porcelana y tan redondeado como una muñeca.  Era guapo, guapísimo... Y estaba como un cañón. Sin abrir los ojos, el muchacho alargó la mano hasta mi, rodeó mi cintura con su brazo y me atrajo hacia sí. Caí sobre su cama, a su lado. Traté de alejarme, pero el muchacho me abrazó la cintura y acercó su rostro al hueco entre mi cuello y mi hombro. Su aliento cálido allí me ponía la piel de gallina. -Quédate conmigo, pabo. -Pero... no tienes pantalones. El muchacho sonrió de lado, aún con los ojos cerrados. -¿Eso te incomoda? -Sabes que si... -He sido bueno contigo: me he dejado los boxers puestos. Me tensé de sólo pensar en un Yoongi durmiendo desnudo. A Tessa le encantaría saberlo. Loui probablemente gritaría. Hice un amago de bajarme de la cama y el muchacho me apretó más contra su cuerpo, soltando un quejido.  Logré apartarme disimuladamente de las partes incómodas y decidí que jamás podría librarme de aquel abrazo. Suspiré y me relajé a su lado, disfrutando del calor que emanaba su cuerpo. Cerré los ojos y apreté la mandíbula para que la risita no saliera y arruinara el momento. Cuando desperté, la luz del sol se colaba por la ventana como un manto que lo cubría todo. El rostro de Yoongi yacía frente a mi, su nariz casi rozaba la mía. Tenía los labios entreabiertos y se veía en calma. Sus brazos yacían sobre su cabeza de cualquier manera, pero tenía una pierna sobre las mías (como si no quisiera despegar el abrazo). Sin embargo, descubrí mi brazo casi cubría completamente su torso. Era una posición tan cómoda, cálida y acogedora que supliqué que aquel momento nunca terminara. Sin embargo...  Yoongi abrió los ojos lenta, perezosamente, y su expresión pasó de la paz a la confusión y luego al pánico. Se alejó rápidamente de mí, parándose a un lado de la cama. Tenía el cabello verde sobre los ojos y la camiseta arrugada y un poco levantada. Me senté de golpe en la cama, asustada ante su reacción. El muchacho me miró un momento, luego se miró a sí mismo y se apresuró a tomar un cojín de la cama para ocultar con él su entrepierna. No sabía si reírme o salir corriendo. -¿Qué...? ¿Cómo...?-comenzó, enrojeciendo. Maldición, Yoongi se había sonrojado... ¡¡¡Tan lindo!!! -Oh, tu...-me frené. ¿Qué iba a decir? -Vete-ordenó. -¿Qué? -Que te marches de mi cuarto. -¿Pero...?-arrugué la nariz y me levanté. Señalé el cojín con un dedo-. Ayer no te avergonzabas tanto. Yoongi entrecerró los ojos, sintiendo el reto. Arrojó el cojín al otro lado de la habitación y se cruzó de brazos.  Abrí los ojos como platos y me obligué a mirar hacia cualquier parte que no fueran sus boxers grises. -¿Crees que ahora me avergüenzo?-levantó la barbilla-. Ahora vete. Y, diciendo esto, Yoongi saltó sobre su cama. Solté un suspiro de exasperación y me dirigí hacia la puerta. La abrí y, antes de cerrarla, me giré hacia él mostrándole mi reloj de muñeca. -Son las doce del mediodía-advertí. Yoongi, con el rostro sobre la almohada, respondió: -Swag.
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