El regalo de grados

2213 Palabras

El día de los grados nos sentamos en un auditorio. Al frente, en una especie de trono, el rector, un sacerdote y al­gunos profesores entregaban el diploma. Carlos, en medio del discurso del rector, dijo de manera muy general que el robo era el sábado. Mamá me alquiló un esmoquin. Me sentía disfrazado, pero no le di mucha trascendencia al asunto porque pen­saba en el robo y en la posibilidad de marcharme del pue­blo. El colegio adecuó el patio cubierto para los invitados. Cada graduado disponía de una mesa para sus acompa­ñantes. En la mía estaba mi madre con dos amigas, entre ellas, Maricela. El aire era denso debido al perfume. Olía a etílico fermentado en cáscaras de naranja en descomposi­ción. Aun así, de Maricela provenía un aroma dulce y seco, como el olor de la manzana verde cuando

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