Jairo y Carlos le habían robado a Efraín un revólver calibre 38 corto. Era algo que nos habían ocultado. Jairo tenía un plan. Le manifestó a Carlos que llevaría el arma a un lugar donde el Gusano la encontrara. La idea era que entre bandidos ajustaran cuentas. Cuando Carlos insinuó que eso era una traición hacia nosotros, Jairo se enojó. Luego, aseguró que todo estaba bajo control. Dijo que sabía dónde podía encontrar al Gusano. Días atrás, un miércoles, poco después de haber bajado de la meseta, Jairo entró en una cantina y vio al Gusano. Lo siguió por un callejón. Después ascendió por un camino empedrado hasta una casa. A las dos horas salió. Al miércoles siguiente lo mismo. En esa casa vivía una de esas mujeres que frecuentaban las tabernas. Al parecer tenían un romance. La idea

