- ¿Trajiste tus audífonos? – pregunta rompiendo el silencio en el ambiente, asiento y se los enseño - veamos que escuchas… - da un vistazo a las playlist de mi teléfono, revisa cada una de las canciones con sumo cuidado, como si se tratara de los claves para desactivar una bomba.
Hay algo que me llama mucho la atención sobre Ethan: su teléfono, a diferencia de la mayoría de chicos de nuestra edad – o, en general cualquier persona común que vive en el siglo XXI – él usa un celular antiguo, de esos que son descartables. Puede que suene superficial al pensarlo, pero ¿cómo puede sobrevivir con un teléfono así?
¿Acaso no ocupa r************* o está obsesionado con esos juegos en línea que la mayoría de chicos dedican muchas horas al día? Durante estas semanas jugué a ser parte del FBI e intenté buscar a Ethan en f*******: o i********:, revisé miles de perfiles, y ninguno era el suyo.
No pretendo juzgarlo, simplemente se me hace muy peculiar que un chico de su edad no tenga r************* , ni un móvil moderno, sé que Ethan es reservado, pero ¿a tal extremo? Muchas teorías llegan a mi mente: lo hace por el tema de las drogas, está huyendo de alguien, puede que haya escapado de casa y no desea que lo encuentren.
- Nada mal, pero ¿5 Seconds of Summer? ¿en serio, Noelle? - no sé cuánto tiempo se lleva riendo, es un idiota por burlarse de ellos, son geniales.
- Son una buena banda – respondo ofendida por su estúpida reacción - además ¿por qué te burlas tanto? Todos tenemos algún gusto culposo.
- No te mostraré el mío – dice de inmediato cruzándose de brazos.
- Espera, eso quiere decir que sí tienes un gusto culposo – exclamo levantando mis cejas y sonrío, Ethan niega con su cabeza - Oh vamos, tú sabes el mío, lo justo es que me muestres el tuyo, no puede ser posible que sólo escuches rock, punk y metal. ¿Qué sucedió con eso de que la ventaja de hablar con desconocidos es que puedes contarles todo? – lo acuso citando las palabras que me dijo cuando nos conocimos en Disturbia.
- Está bien, pero le dices una palabra sobre esto a alguien y tendré que matarte Noelle - responde y observo lo que teclea.
- ¿Ariel Days? Nunca lo había escuchado – comento mientras me acerco más a él, acomodo mi cabeza en su hombro.
- Por supuesto que no, si escuchas la música de una boyband para niñas de seis años – dice y finge tener arcadas.
- La música no tiene género ni edad, Ethan – respondo con un pequeño toque de superioridad – honestamente creí que te burlarías de Abba más que de 5 Seconds of Summer.
- Abba es un clásico – jadea con indignación llevando una mano a su pecho – no hay persona en el mundo que sea capaz de odiarla. Bueno, creo que estoy por experimentar el momento más vergonzoso de mi vida.
Butterflies de Ariel Days comienza a sonar, aquella melodía relajante logra apoderarse de mi cerebro, creo que entiendo la razón por la que este artista le gusta a Ethan, es suave, tranquilo, como si pudiese reconfortar tu alma de alguna manera. Es un "oye, entiendo cómo te sientes, aquí estoy para ti, descuida" artístico. Un abrazo musical.
Es increíble la forma en la que las cosas más sencillas de la vida pueden traer tanta paz a tu vida. Y también la abrumadora fuerza con la que puede esclarecer tu mente.
- ¿Tiene más canciones? – pregunto cogiendo el móvil buscando en la discografía - ¿qué otra canción me recomiendas?
- ¿En verdad te gustó o lo haces para que diga algo bueno sobre tu boyband? Porque desde ahora te digo que eso no pasará, Noelle – habla con un tono divertido, aunque su mirada me mira de una forma extraña, como si buscara una verdadera aceptación de mi parte.
- Se acaba de convertir en uno de mis cantantes favoritos... lo digo en serio – procuro mirarlo a los ojos mientras hablo para que note la sinceridad en mis palabras.
- Eres la primera persona a la que le cuento que escucho estas canciones y se sintió bien – lo cuenta con una sonrisa muy tierna, como la de un niño que acaba de hacer una tarjeta a su mejor amigo. Y es que Ethan tiene una forma única de expresarse, puede que sus acciones sean raras, pero es la manera en la que me dice que está compartiendo algo íntimo conmigo. Ha tenido la confianza de mostrarme algo que era sólo de su conocimiento, y por más tonto que suene, lo valoro mucho.
- Descuida, te guardaré el secreto – digo correspondiendo a su sonrisa.
Mientras escuchamos más canciones de Ariel Days la noche sigue su rumbo, y con ello mis pensamientos logran dejar un poco aquella oscuridad de la que se andaban llenando, esos tormentos nocturnos que solían asecharme desaparecen tras cada canción, junto al amanecer se ilumina una parte de mí que creí sólo era capaz con drogas duras o bailar encerrada en mi habitación, y es que se siente bien contar con alguien, la mano de Ethan toma la mía con timidez y acaricio un tatuaje en forma de cruz con la yema de mis dedos.
- ¿Crees que estemos solos? - le pregunto mirando al cielo.
-Tal vez haya algo más allá, al menos a esa idea se aferra la mayoría, debe ser aterrador pensar que estaremos solos durante la eternidad – responde tomándose el tiempo de vocalizar adecuadamente cada palabra.
-Eso es cierto. No hay peor sentimiento que estar vacía, mejor dicho, sentirse vacía y completamente sola – afirmo suspirando.
- ¿Te sientes así? - pregunta sentándose en el césped, fijando su mirada en mí.
- La mayor parte del tiempo, es raro. Es como si no pudiese sentir como los demás por más que me esfuerzo en intentarlo, me gusta estar sola, pero no me gusta sentirme sola, es muy bizarro. Algunas veces me niego a creer que la vida pasa así de rápido y no estoy haciendo nada significativo por mí.
- Y un día despiertas con la idea de cambiar el mundo, y entonces te das cuenta de que estamos rodeados de mierda. Miras a tu alrededor y tienes miedo de cometer los mismos errores que las personas que te criaron. Y por más alta que pongas la música, o por más lejos que huyas, sus voces criticándote te persiguen por todos lados – Ethan arranca pequeñas hojas de césped mientras habla, y me congelo unos segundos, al sentirme tan identificada con su discurso. Es como si hubiese elegido con cuidado cada una de las palabras, formando uno de los pensamientos recurrentes más frecuentes que tengo.
-Sí - respondo en apenas un susurro, es la primera vez que alguien logra entenderme- pero ahora es como si le faltara algo a mi vida para poder ser feliz y me da terror nunca encontrarlo o saber qué es.
- ¿Qué es ser feliz exactamente? - pregunta buscando otro cigarro - Nunca me he sentido completamente feliz, para ser honesto.
-La verdad es que yo tampoco. Tal vez podamos ir descubriendo juntos el sentido de las cosas - propongo – no sé si lleguemos a encontrar el significado de la felicidad, pero el destino nos juntó por alguna razón ¿no lo crees?
Ethan se queda en silencio por lo que parece una eternidad y me mira fijamente a los ojos, intento descifrar su mirada, pero Dios, qué intimidante puede llegar a ser.
- Dos corazones solos – canturrea coqueto, y sonrío al entender que está entonando una de mis canciones favoritas; Suna de Mar de Copas.
- En su alma soledad – canto con él dándome cuenta que no sólo se le ocurrió cantar, sino que eligió específicamente esta canción, que va tan bien con nuestra relación. Comienzo a entender el lenguaje Ethan.
- ¿Dónde estuviste toda mi vida? - pregunta acariciando mi rostro - te he buscado por tanto tiempo en todas partes.
¿En verdad acaba de decir eso? Apenas nos conocemos unas tres semanas, un mes como máximo, pero la forma en la que tenemos la facilidad de abrirnos el uno con el otro es indescriptible, no sé quién es, sólo tengo claro que lo necesito. Y parece que él a mí.
- Esperando el momento en que el destino decida cruzarnos para conocerte - respondo y uno mis labios a los suyos, más que alguna de demostración de deseo, los besos entre Ethan y yo eran una manifestación de afecto, de unión, de intimidad, una manera de saber que no estábamos solos en el mundo, y que, si así fuera, aún nos tenemos a nosotros.
Sé que es pronto y alocado compartir momentos así con alguien a quien apenas conozco, pero algo tan liberador no puede ser malo. Su presencia me hace sentir bien, Ethan me entiende, en verdad lo hace.
- Me encantan los momentos así, pero creo que es hora de llevarte a casa. Está empezando a amanecer – dice entre besos, ambos reímos por lo tontos que debemos vernos en estos momentos.
-Mierda, tengo clases en unas horas – mi cerebro reacciona por fin. Por mucho que odie la universidad debo tener mi culo sentado en esa silla durante las seis horas que el horario lo indica, de lo contrario tendría más problemas con el abuelo.
- ¿Qué carrera estudias? Déjame adivinar... Tu familia tiene dinero, diría que estudias una carrera pretenciosa como derecho, pero me inclinaría más por ¿negocios? – intenta adivinar mientras caminamos hacia mi casa.
- Estudio derecho – respondo sin ánimo alguno en mi voz. Se nota que detesto mi carrera. Aunque amo How to get away with murder.
- ¿Qué? - se ríe - no te ofendas, cielo, pero no tienes cara de estudiar derecho.
- Odio la carrera, básicamente mi abuelo me presiona a estudiar eso – le explico, me he acostumbrado a decir esta frase tantas veces, que olvido que las personas alrededor mío no siempre comprenderán que Nicholas Jennings es un hombre autoritario y rígido que intenta castigarme por lo que sea que mi madre haya hecho para enojarlo.
- ¿Y por qué lo obedeces? – pregunta y detecto confusión en su voz, es entendible, Ethan es un chico independiente que es capaz de hacer lo que quiera sin rendirle cuentas a nadie, mientras que yo debo brindar explicaciones hasta de por qué respiro.
-Porque dependo de él - respondo encogiéndome de hombros- no todos tenemos la suerte de participar en una realidad alterna de Breaking Bad - me burlo.
- La vida es muy corta como para desperdiciarla complaciendo a todos excepto a ti misma, Noelle, no lo olvides – dice tomando mi mano durante la caminata, como si fuésemos dos adolescentes tonteando, y no dos adultos con serio temor al abandono buscando un sentido para su existencia - ¿sueles tener problemas nocturnos?
- Sí, casi siempre. Es parte de mi rutina de belleza de noche – respondo con ironía.
- Entonces haremos esto cada vez que no puedas dormir, poco a poco irás recordando quién eres y verás que querrás empezar a vivir tu vida según lo que te guste a ti y a nadie más que a ti – propone y me gusta esa idea. Ser un equipo y contar el uno con el otro.
- Suena genial – le digo sonriendo.
- Mmm, Noelle, algo más ¿dirías que es muy pronto para invitarte a comer a mi apartamento? Después de tus clases - se rasca su nuca con ¿nerviosismo? - hipotéticamente hablando, claro.
-Diría que es perfecto, hipotéticamente hablando también – le sigo la cuerda.
- Bien, entonces, nos vemos más tarde. Puede que tenga una sorpresa para ti – dice antes de despedirse de mí.
Yo, Noelle Jennings, jamás en mis diecinueve años de vida me he preocupado por cómo me veo, o he hecho un gran escándalo por no saber cómo combinar mi ropa hasta el día de hoy. Apenas regreso a casa intento convertirme en una persona decente, cuidando mi maquillaje y apariencia, pero que tampoco sea tan evidente el esfuerzo.
¿Qué debería usar para una cita con Ethan? Él nunca dijo que fuera una cita, bueno, no importa, no tengo la menor idea, definitivamente nada formal, busco mis pantalones negros con una blusa lila que deja mis hombros al descubierto, y mis típicas botas negras que nunca pueden faltar. Supongo que en la universidad podré retocar mi maquillaje.