Leonard Dos años. Setecientos treinta días. Cada uno más vacío que el anterior. La copa de whisky en mi mano ya no me ofrecía consuelo. La vista de la ciudad desde el penthouse no me traía paz. Nada lo hacía. —¿Sigues pensando en ella? —preguntó Sofía desde el sofá, con un tono dulce que escondía la amargura. No respondí. ¿Para qué? Aunque ahora compartíamos cama, casa y negocios, había algo que nunca podría darle. Mi corazón. Ese, Isa se lo había llevado cuando se marchó. Sofía Lo veía todas las noches. Dormía a mi lado, pero su alma seguía atrapada con Isabella. Por mucho que intentara llenarlo, no podía borrar la sombra de esa mujer. Y lo peor fue aquella noche en la que, en sueños, susurró: "Isa…" El sonido fue un dardo directo a mi pecho. ¿Qué tiene ella que yo no?

