Isabella Hay noches en las que todavía me despierto sudando frío, con el eco de sus palabras en mi cabeza. "Si Andrew no te responde, ¿entonces vienes aquí a adjudicarme un hijo ilegítimo?" Pero ahora, dos años después, ya no soy la misma mujer que salió huyendo con lágrimas en los ojos. Después de dar a luz a mis gemelos, mi mundo cambió. Adrián y Amelie se convirtieron en mi razón para respirar, para luchar, para levantarme cuando todo dolía. Hubo noches interminables de llanto —de ellos y míos—, pero también mañanas soleadas donde sus risas llenaban la casa. Me miré al espejo un año después y ya no reconocía a la mujer que temía enfrentarse a Leonard Blackwell. Así que comencé a reconstruirme. Trabajo. Ejercicio. Determinación. Ahora esa mujer asustada estaba muerta. En su l

