Pasé buen rato abrazada de mi amiga hasta desahogarme, cada noche que pasaba era un infierno para mí.
Cuando por fin logro calmarme me tomo un vaso de agua y le cuento lo sucedido a Melissa, parece que este ya iba a ser mi destino, cada día descubría algo novedoso y traumático.
-Tranquilízate por favor, ya todo pasó, yo estoy aquí contigo- me dice para consolarme Melissa y me invitó a dormir con ella para que tuviera menos miedo y me sintiera más segura y tranquila.
Así lo hice, me acosté con ella, nos tapamos de pies a cabeza para no ver nada de lo que pasara a nuestro alrededor y nos pusimos audífonos para tampoco escuchar nada de nuestro entorno.
Entonces así, enajenada del mundo logré conciliar el sueño nuevamente, traté de pensar en Ernesto otra vez para soñar con algo agradable pero no fue así, comencé a tener pesadillas con todo lo que me había sucedido en estos días.
Que tormentoso era todo, quería despertar y no podía, estas leyendas se aferraban a mi persona, no se por qué, de tantos estudiantes que habían en este instituto a mi era la única que me estaban apareciendo, o por lo menos que yo supiera.
Por fin amanece, yo estaba toda sudada, al estar tapada y soñando cosas malas me sudé mucho, Melissa me dijo:
-Dormiste muy incómoda anoche, a penas me dejaste dormir a mí moviéndote pero te entiendo, has tenido unos días muy difíciles, no te quise despertar por miedo a que te desvelaras-
-¿Qué sería de mí sin tí?, siempre estás conmigo en las buenas y en las malas, muchas gracias, de verdad- le dije suspirando a Melissa.
- No seas boba, para eso están las amigas, "la amistad no se agradece, se corresponde" - me responde Melissa cariñosamente.
A mi se me aguaron los ojos, realmente quiero mucho a mi amiga y que me apoye en este momento y me dijera esas palabras significaba mucho para mí, entonces le dije:
-Vamos a dejarnos de bobadas y arreglarnos para ir a clases, recuerda que hoy terminamos temprano porque nos vamos de pase para la casa-
-Verdad que sí, que rápido se fue esta primera semana- me comentó Melissa.
-Bueno, rápido para los que tuvieron una semana normal, que por supuesto no es mi caso, a mí se me hizo eterna, sobre todo las noches- le dije a mi amiga.
Comenzamos a prepararnos, yo me apresuré un poco más porque quería antes de entrar a clases ir a ver a Ernesto y contarle todo lo sucedido esta noche.
-Buenos días mi amor, ¿cómo dormiste anoche? - le pregunté a Ernesto.
-Muy bien mi vida, la verdad que anoche descansé bastante, cuéntame cómo pasaste la noche tú- me dice él.
Le conté todo lo que me había sucedido, con lujos de detalles, en él veía un desahogo inmenso, alguien en quien confiar además de mi amiga Melissa.
Él mirándome fíjamente me dice:
-Verdad que no es fácil lo que has vivido tu solita, yo que tan solo fue un día lo que tuve la desgracia de presenciar me ha afectado muchísimo así que no me imagino tú como tendrás esa cabecita-.
-Así mismo, tal y como lo dices, mi cabeza no para de pensar, es muy agobiante todo lo que me ha sucedido, ya cuando se va acercando la noche quisiera desaparecerme de este lugar-le comenté yo.
Comienzan las clases, trato de poner mis cinco sentidos en ellas ya que últimamente he estado muy disociada por los pensamientos que me invaden a todo momento y no quisiera que esto me afectara además de psicológicamente en mis notas.
Terminaron las clases, no tuve la participación de costumbre pero en algunas asignaturas me destaqué, al igual Ernesto, él también era un chico muy inteligente y le encantaba demostrarlo.
Salimos del aula y nos dirigimos al dormitorio para recoger todas las cosas para irnos a casa el fin de semana.
Por fin me iba para mi casa, que deseos de estar con mi familia y principalmente lejos de este lugar, por fin podría dormir en paz al menos dos días.
-Voy a despedirme de Ernesto-, le dije a Melissa.
Y fui a su encuentro, sabía bien de que lo iba a extrañar muchísimo, ya me estaba adaptando a verlo todos los días, pero bueno, en definitiva dos días pasan muy rápido y más cuando te la estás pasando bien.
Nos despedimos con un beso muy apasionado y un abrazo bien fuerte.
-Cuídate mucho mi corazón, no te has ido y ya te extraño- me dice Ernesto cariñosamente.
-Yo también te extrañaré bastante pero me alegro de poder ir a mi casa lo necesito realmente- le expresé yo a mi novio.
Entonces cada cual se fue hacia sus hogares.
Yo no sabía si contarle a mi familia lo que me había ocurrido en este citio, temía de hacerlo porque seguramente me iban a querer trasladar de instituto y así perdería a Ernesto para siempre.
Pues él si no se iba de allí porque si tío trabaja en este lugar, era nada más y nada menos que el director.
Estuve pensando un buen rato qué hacer hasta llegar a la conclusión de no contarle nada a más nadie, por lo menos por el momento.
Estaba clara de que todo esto era bien difícil de creer y no quería que pensaran que yo estaba inventando estas cosas ni mucho menos que me dieran por loca, ya que probar lo que yo decía era prácticamente imposible.
Llegué a mi casa por fin, me quité la ropa y me metí al baño, estuve alrededor de media hora en la ducha, el agua caía por mi cara y yo respiraba profundo aprovechando el momento para relajarme y despejarme de estos días tan tensos.
Cuando terminé de ducharme merendé y me acosté a descansar un rato para esperar a que llegara mi mamá del trabajo, estaba desesperada por verla, conversar con ella y que me preparara una comida deliciosa para mí, me tenía muy mal acostumbrada, era su niña ñoña.
-¿Dónde está la niña más linda de la casa? - pregunta mi mamá con alegría al llegar a nuestro hogar.
Ahí estaba mi madre, siempre alegre y deseosa de verme.
-Aquí estoy mamita querida, tenía muchas ganas de verte, no sabes cuanta falta me has hecho en estos días, en verdad, más que nunca- le dije yo.
Nos abrazamos y me preguntó:
- Cómo te ha ido, cuéntamelo todo, quiero saberlo todo, por favor no olvides ningún detalle, quiero estar al tanto de como le va la vida a mi niña hermosa-.
Yo haciendo un gran esfuerzo traté de desimular para que no se diera cuenta de que algo estaba mal en mí, le conté todo menos mis malas experiencias vividas por las noches.
Traté de desviar la atención contándole sobre Ernesto, como era el único tema que en esa escuela me alegraba y así ella no se percataría de mi angustia.
Pasé un fin de semana espectacular con mi familia, para ser perfecto solo me faltó que hubiese estado junto a mí Ernesto, y fuera de mí mis pensamientos sobre lo pasado por las madrugadas.
Cómo todo lo bueno acaba pronto se terminó el fin de semana, cuando mi mamá se despidió de mí me dijo:
-No pienses que no me di cuenta de que te pasa algo, no se por qué no me lo contaste si siempre hemos confiado la una en la otra, espero que el próximo fin de semana me digas lo que te sucede-.
- No me pasa nada, de verdad, un besito, se me hace tarde, nos vemos pronto- le dije yo a mi mamá tratando de convencerla.
Y así me fui nuevamente para mi escuela, deseando que todo lo sucedido no se volviera a repetir.