“Sensación incómoda“

1680 Palabras
Nos apresuramos y llegamos con buen tiempo a clases, la profesora me pregunta: -¿Ya te sientes bien?- Por un momento me quedé en blanco, no sabía a qué se refería, Melissa me toca con el codo y susurrando me dice: -Recuerda que ayer supuestamente fuiste a la enfermería porque te sentías mal- -Sí, profesora, ya me siento mucho mejor, gracias por preocuparse- le respondí a la profe Isabel. Y entré rápido al aula para evitar que me siguiera preguntando y yo tener que seguir mintiendo. Ahí estaba Ernesto, para mi sorpresa, ya sentado en su silla y todo, con una cara de no haber dormido nada que no la podía disimular, tenía reflejada en su rostro una angustia tremenda, entonces me dirigí hacia él y pasándole la mano por la cabeza le pregunté: -Buenos días mi amor,¿cómo dormiste?- -Muy mal la verdad, a penas pude dormir, he pasado la peor noche de mi vida y eso que había planeado fuese la mejor, me había hecho muchas ilusiones para compartir contigo nuestro primer momento a solas, y ya vez como acabó todo-. me respondió él en voz baja. - Es cierto, lo que presenciamos fue algo horrible, que bueno que tuviste las fuerzas para lanzarle ese puñado de tierra a los ojos de ese horrible viejo, sino no se que hubiese podido pasar- le dije yo. -¿Me pueden decir que es lo que está pasando aquí por favor?,hace días que te veo medio distraída, extraña, ojerosa, no estás durmiendo bien, y ahora tú Ernesto, con esa cara, y eso que estás diciendo que no entiendo nada, explíqueme que es lo que está pasando para poderlos ayudar- nos dijo exaltada Melissa. -Ahora no tengo tiempo de contarte lo que está pasando, ya van a comenzar el turno de clases, cuando salgamos al mediodía a almorzar te cuento- le recomendé yo. Comenzaron las clases, yo cada rato giraba hacia atrás mi cabeza para mirar a Ernesto, este se notaba impaciente, preocupado, él que tiene siempre dibujada una hermosa sonrisa en su rostro hoy estaba muy lejos de eso. Cuando por fin acaban las clases Melissa rápidamente me dice: -Vamos, ahora sí no hay más pretextos, quiero que me lo cuentes todo- -Sí, pero primero vamos a almorzar que con el apuro por la mañana no desayuné nada y muero de hambre-le aconsejé yo. Fui donde estaba Ernesto para invitarlo a almorzar con nosotras pero me dijo que iba a aprovechar el horario de almuerzo para acostarse a dormir un rato, que necesitaba descansar porque sino le explotaría la cabeza. Entonces me despedí de él con un beso y nos fuimos Melissa y yo a almorzar. -Te contaré todo lo ocurrido Meli- le dije cariñosamente a mi amiga, realmente se notaba preocupada por nosotros y yo necesitaba desahogarme con ella, porque a pesar de que ya compartía esto con Ernesto, Melissa era en quien verdaderamente confiaba por encima de todos. Le conté todo, paso por paso, tenía la misma cara que había puesto Ernesto cuando anoche le conté lo que me estaba pasando, cuando terminé le hice la misma pregunta que le hice a él. -¿Me crees?- Ella me contestó: No te voy a negar que todo lo que me estás contando es dificilísimo de creer, eres mi mejor amiga hace mucho tiempo y confío en ti plenamente pero esto está muy extraño, - ¿ y me dices que Ernesto pudo presenciar parte de lo que me estás contando? - -Que sí, que te digo que todo lo que te he dicho es verdad, sino estás segura plenamente de que no miento pregúntale a Ernesto que él no me va a dejar mentir- yo le dije. -No es eso, no te molestes conmigo, yo no necesito preguntarle a otra persona algo que tu me estás confirmando, lo que pasa es que es todo tan misterioso- me dice Melissa. Conversando sobre el mismo tema terminamos de almorzar y nos fuimos al dormitorio a descansar un rato, después nos pusimos hacer las tareas que el día anterior no había hecho ninguna. -¿Qué estará haciendo Ernesto?- cada rato me preguntaba en voz alta. Melissa me dijo: - déjalo que descanse un rato más, no lo molestes ahora, se veía bastante perturbado en clases-. -No, yo no lo voy a ver ahora, solo me pregunto si todavía estará durmiendo o no, tengo el cargo de conciencia de que le haya pasado eso por mi culpa, -¿será que soy yo a la que le suceden estas cosas solamente y él por estar conmigo se involucró? - le comento a Melissa. - No seas boba, tu no tienes culpa de nada, según lo contado por Yeny estas son leyendas de hace muchos años y nosotras somos nuevas aquí- me dice ella. -Sí, por eso mismo, porque son leyendas, solo eran eso hasta ahora, leyendas, aún no he escuchado alguien a parte de mí que haya vivido algo ni parecido en este lugar-. Entre haciendo tareas y conversando de lo mismo llegó la noche, el momento en el que yo no quisiera existir. -Ahora sí voy a ver a Ernesto, ya es tarde y no he sabido nada de él desde el mediodía, ya tiene tiempo de haber descansado suficiente-. le dije a Melissa. -Es verdad, ya se debe haber recobrado, espero que esté todo bien con él, llévale algo para que meriende, recuerda que no ha comido nada hoy-. Me recomienda Melissa. Le preparé algo para que comiera, me bañé y fui a verlo. -¿Descansaste mi vida?, te traje algo para que comas ahora antes de que sea más tarde-. Le digo a Ernesto. -Sí, ahora sí descansé, dormí bastante, gracias por preocuparte tanto por mí-.me agradece Ernesto. -No tienes nada que agradecer, lo hago con cariño y porque me interesas mucho-. Le respondí yo. Estuvimos conversando muchísimo, las horas pasaban volando, cuando estaba junto a él, el tiempo no contaba. Cuando nos cansamos de hablar empezamos a besarnos, acariciarnos, todo fluía muy bien entre nosotros, no habíamos tenido la oportunidad de descubrirnos como pareja, la noche anterior había sido un fiasco. Que bien me sentía con él, era todo lo que esperaba en un hombre, en sus brazos me sentía segura, pienso que me estaba volviendo adicta a sus besos, en lo adelanta ya no podría estar si él. Creo que a él le estaba pasando lo mismo, al menos era lo que aparentaba, también se mostraba contento, por lo menos yo lo sentía así. Que sentimientos más lindos los que sentía cuando estaba a su lado, era algo inexplicable, solo yo lo sabía y no lo podía explicar. Los besos y caricias se fueron tornando cada vez más pasionales, le dije a Ernesto: -No imaginas lo bien que me sienta estar junto a tí, quisiera conocernos bien pero poco a poco, despacio, para poder disfrutar plenamente cada momento que compartiremos juntos- -Por supuesto mi cielo, yo también pienso lo mismo, lo que pasa es que me encantas y se me está haciendo difícil controlarme, pero no te preocupes, yo tengo las mejores intenciones contigo- seriamente me dijo Ernesto. Cada vez que me hablaba de esa manera yo me derretía, todavía no me creía que alguien tan joven y guapo se expresara de esa manera y actuara como él lo hacía. Por lo general los chicos de mi colegio eran muy inmaduros, pero por suerte este no era el caso, Ernesto era muy integral, me tenía embobada. -Ya es hora de que nos despidamos, el profesor que está de guardia ya debe estar al pasar a dar su recorrido y nos puede llamar la atención porque ya estamos en horario de sueño, ya son las once y media- le expliqué a Ernesto. -¿Ya es esa hora?, que rápido se va el tiempo cuando estoy junto a tí, es increíble, el tiempo se fue volando- me dijo sorprendido él. Entonces nos despedimos con un largo beso y un estrechamiento de cuerpo, cada cual se fue a su dormitorio a descansar. Me cambié de ropa, me lavé los dientes y me acosté. Cerré mis ojos para tratar olvidarme de todo, quería soñar algo lindo, lo ideal era soñar con Ernesto, con sus besos, sus caricias, su aliento, su olor. Entonces comencé a pensar en él, recordar todo desde el primer día, para así intentar soñar cosas agradables y poder olvidar un poco los momentos malos que he vivido aquí. De pronto comienzo a sentir una sensación incómoda, soñaba que alguien me tocaba mi cuerpo, mi rostro, dentro del mismo sueño pensé que era que imaginaba que Ernesto me acariciaba, pero ya las caricias se tornaban más incómodas. No era algo agradable, era como si me tocaran de manera desesperada, como buscando algo o alguien, entonces comprendí que no era un sueño y abrí los ojos. ¡Que susto pasé!, pensé que moriría de un infarto, delante de mí había una joven toda ensangrentada, comencé a gritar de forma exagerada hasta despertar a todas en el dormitorio. Cuando encendieron las luces todas mis compañeras asustadas fueron donde yo estaba para ver que me había sucedido, pero increíblemente ya no había nadie ahí, solo yo y mis miedos. Como ya estaba segura de lo que había pasado, decidí no decirle a nadie lo que había visto para no llamar la atención y comenzarán las burlas, solamente les expliqué que había tenido una pesadilla, les pedí que me disculparan y que se acostaran otra vez que todo estaba bien. Una vez más había enfrentado una de las leyendas, esta vez fue la muchacha que buscaba desesperada a su novia, la profesora, con un puñal clavado en su espalda, por eso estaba tan ensangrentada. Melissa no se creyó lo que yo había justificado y me dijo: -Te conozco, estás mintiendo, dime de verdad qué te pasó, mírate cómo estás en puros nervios, confía en mí, no le voy a decir nada a nadie ni mucho menos me burlaré- Yo la abracé muy fuerte, temblando y comencé a llorar desconsoladamente.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR