"Salimos ilesos"

1228 Palabras
Él solo me miraba sorprendido, yo no sabía si la expresión que tenía reflejada en su rostro era de curiosidad o de desepción y eso me tenía muy preocupada. Temía que lejos de sentirme mejor por quitarme el peso que llevaba encima guardando en secreto lo que me había tocado vivir estuviera desilusioando a mi amor. Esto era lo que me agoviaba desde el primer momento, que me tomaran por loca, así que no aguanté ni un segundo más y le pregunté: -¿Me crees? - Él se quedó en silencio y antes de que pudiera darme una respuesta se nos avalancha encima un señor muy mayor por su apariencia, pues éste apareció de la nada. Es el peor susto que he pasado en mi vida y por su reacción creo que Ernesto también, los dos saltamos hacia atrás y nos quedamos paralizados, inmóviles. Mis piernas no me respondían y es que además del susto el aspecto de este señor era realmente desagradable al igual que el olor que tenía. Cuando pudimos reaccionar Ernesto le preguntó de forma inquietante: -¿Quién eres, qué haces aquí, qué quieres? - Sin obtener respuesta alguna el señor se nos quedó mirando fijamente y de pronto se le lanzó encima a Ernesto y lo sujeto fuertemente del cuello. Yo traté con todas mis fuerzas de quitárselo de encima pero no podía. Lo estaba tratando de ahorcar, yo no entendía nada, no se por qué ese hombre hacía eso, nosotros no lo ofendimos ni le hicimos nada malo. De nuevo intenté de arrancárselo de arriba y con una sola mano me lanzó hacia atrás, era increíble, a pesar de lo viejo que aparentaba estar poseía una fuerza descomunal. Ernesto por suerte con las fuerzas que le quedaban agarró un puñado de tierra y se lo tiró en los ojos. -¡Corre rápido! - me dijo casi sin aliento mi querido Ernesto. Sin más nada que hablar corrimos tan fuerte como nos dieron las piernas, Ernesto de pronto se cayó, pensé que había tropezado con alguna piedra pero era que le faltaba mucho el aire y a penas podía correr ya. Ese señor unos segundos más y lo hubiese ahorcado, Ernesto me dijo con poca voz de lo agitado que se encontraba: -Corre, no te preocupes por mí- Realmente me dieron ganas de salir volando de ese lugar, pero no tuve el valor de abandonarlo en esas condiciones. Comencé a buscar desesperada algo con lo que me pudiera defender pero no hallaba nada, pensé que moriría de los nervios. - No viene detrás de nosotros- me dijo Ernesto a penas susurrando. -¿Estás seguro? - le pregunté asustada. -Si, estoy seguro- me contestó. Entonces volteé la cabeza para asegurarme de que fuese verdad y me pude percatar que efectivamente este hombre ya no estaba allí, había desaparecido. Que extraño, con la furia que se había aferrado a Ernesto y decidió irse sin tomar represaria alguna, ahí había algo que no encajaba, mi cabeza quería explotar. ¿Sería que una vez más se estaba dando cumplimiento a lo narrado por Yeny?. Era lo que me faltaba, sería que yo no iba a tener tranquilidad ni privacidad más nunca en la vida. Por más que le daba vueltas en mi cabeza todo me llevaba a eso, ese ruido del tren que había sentido hacía rato me ratificaba aún más aquella historia porque inmediatamente que escuchamos el claxon de este fue que apareció este repugnante señor. Tal y como nos había contado Yeny sobre: "El viejo del tren". Ernesto desde que se desplomó en el suelo había quedado aturdido, entonces le pregunté: -¿Estás bien? - Él ya recuperando el aliento me responde: -Más o menos, no te voy a engañar, ya he recobrado las fuerzas pero todavía no puedo creer lo que acaba de ocurrir, estoy muy confundido- Angustiada le comento: -Ahora pudiste presenciar lo que yo llevo tres días viviendo a solas y no le he contado a nadie, ha sido verdaderamente difícil para mí- Ernesto me expresa: -Debe de confesarte que cuando me contaste sobre esas leyendas del Instituto no las creí pero para nada, ya que yo soy una persona que siempre he creído en lo material y no en lo espiritual, pero ahora que me tocó presenciarlo personalmente he cambiado de idea y no imagino la angustia por la que estabas pasando tú solita-. Yo lo abracé y comencé a llorar, lloraba como una niña desconsolada por un juguete. -¿Por qué lloras si ya todo pasó? - me preguntó él. -Es que realmente la he pasado muy mal, pensé en contarle a Melissa o a la misma Yeny pero desistí, no me alegro de que presenciaras lo sucedido pero me consuela de que alguien a parte de mí sepa lo que está ocurriendo en este lugar- le respondí suspirando profundamente, pues no dejaba de sentir una sensación de alivio al saber que alguien más aparte de mí comenzaba a saber lo que estaba sucediendo realmente en ese lugar. -No llores más, ven, abrázame fuerte, no te dejaré sola nunca, ayúdame a levantarme y salgamos de este lugar- me dijo de forma convincente Ernesto. Lo ayudé a levantarse y apoyado en mí nos fuimos alejando poco a poco de ahí, yo cada ratico volteaba la cabeza para asegurarme de que nadie nos perseguía. Los metros que corrimos parecían kilómetros, el camino de regreso al dormitorio lucía interminable. Cuando logramos llegar le dije a Ernesto: -Vamos para que te revisen en la enfermería- Pero él todavía perturbado me contestó: -No te preocupes, ahora que estamos lejos de ese maldito lugar me siento mucho mejor, además ¿ que explicación le vamos a dar al doctor?, vamos a acostarnos a dormir y descansar que es lo necesitamos realmente, mañana será otro día-. Y así lo hicimos, cada cual se fue a su dormitorio y se acostó a intentar relajarse, yo por lo menos tardé buen rato en dormirme, no podía hacerlo, era mucho tormento en mi cabeza. Me inquietaba lo que nos había pasado, ya no estaba sola en esto, Ernesto también lo había vivido,¡ y de que manera!. Quisiera cerrar los ojos, dormirme y cuando me despertara darme cuenta de que todo hubiese sido una pesadilla pero desafortunadamente no era así. Cada día se evidenciaban más estas historias. Me preocupaba que esto me afectara psicológicamente, pues ya no paraba de pensar en ello y las noches me aterraban. Pensando y pensando al fin me quedé dormida, por suerte no me desperté en toda la noche. Al otro día cuando amanece Melissa me pregunta: -¿Dónde estabas en la madrugada?, me desperté y no estabas aquí- -Es una historia larga, luego te cuento, vamos a prepararnos para ir a clases y en cuanto tenga un chance te digo lo que me ha estado pasando, pero te pido que confíes en mí como siempre lo has hecho, ¿me lo prometes?-le respondí y luego le pregunté a Melissa. -Por supuesto, siempre he confiado en tí y está vez no va a haber diferencia alguna- me responde ella con seguridad. Entonces nos comenzamos a asear para luego ir para el docente, quería llegar temprano porque yo me había ido de clases el día anterior muy rápido debido al sueño que tenía y no quería que los profesores me regañaran.
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