"Desafortunada primera cita"

1266 Palabras
Que días tan tensos los que me tocaron vivir, estuve meses ansiosa por comenzar mi nueva escuela pero estos primeros días me tenían muy angustiada. Pues cada vez que pasa una noche nueva se hace evidente que lo contado por Yeny es real, no eran leyendas, me estaba pasando a mí, nadie me lo contó, yo lo estaba viviendo en carne propia. Lo único que me mantenía con ganas de permanecer en este instituto era Ernesto, me gustaba demasiado, no quería perderlo, sino fuera por él creo que me hubiese ido de ahí para otro instituto. Ya no soportaba este tormento, comienza un día nuevo, después del mal dormir con la certeza de que no fue una pesadilla lo que tuve. Sin embargo mi mente no descansaba, ya comenzaba a sentir miedo. Por mucho que quería permanecer activa en clases no podía, los ojos se me cerraban solos. La profesora de Ciencias me llamó la atención en dos ocasiones porque me quedé dormida, pasé tanta pena por eso que decidí mentir y decir que me dolía mucho la cabeza y necesitaba ir para que el doctor me reconociera. En vez de ir a la enfermería me fui directo al dormitorio a dormir, necesitaba con urgencia reponerme de este agotamiento tan grande que tenía por las malas noches vividas. Sino lo hacía así no iba a lograr concentrarme en clases y yo me caracterizo por ser una estudiante muy centrada. Así lo hice, dormí desde las nueve de la mañana hasta la una de la tarde y me desperté porque llegaron mis compañeras del horario de almuerzo. Por supuesto yo no fui a almorzar, me urgía descansar un poco más, estaba muy atolondrada, por suerte Melissa se percató de que yo no fui a almorzar y me trajo algo para que yo comiera. La verdad que yo no me podía quejar de ella, es muy detallista, siempre está al tanto de mí, ella también es correspondida, yo la quiero mucho y me preocupo por todo lo que le pasa. Melissa además me dio una grata sorpresa, un recado de Ernesto, este me mandó a decir que por la noche después de que todos estuvieran durmiendo me esperaba en la parte de atrás del campo de fútbol. ! Que emoción!, un motivo para querer que llegara la noche, porque a decir verdad ya yo no quería que anocheciera por el temor de tener que presenciar algo novedoso en cuanto a lo contado por Yeny sobre estas escalofriantes leyendas que cada vez se hacían más certeras. - Voy a dormir un poco más - le dije a Melissa. - ¿Todavía tienes sueño? - me pregunta ella. - Si, aún me siento agotada, y además, así llega más pronto mi primera cita con Ernesto- le contesté. Cuando me despierto ya eran las ocho de la noche, había dormido como una bebé, cargué baterías, estaría bien activa para mi encuentro en la noche. Me bañé, me lavé el cabello, y me perfumé para estar muy olorosa para él, yo soy muy exigente conmigo misma y a él se le notaba que también, por lo tanto debía de estar impecable. Cuando ya eran las once y media y todas se habían quedado dormidas salí en silencio para no despertar a nadie y me dirigí a mi esperada primera cita con mi novio. Era tanta la adrenalina que sentía que en ese momento no tenía miedo alguno a pesar de que atravesé yo sola ese inmenso campo de fútbol a oscuras. Y valió la pena, allí estaba Ernesto, como me había mandado a decir, puntual, superando mis espectativas, en medio de la oscuridad se dibujaba una sonrisa. Llegué corriendo hasta él, lo abracé fuertemente como si fuese la última vez que viera a una persona y fuese la despedida, que por suerte no era el caso, al contrario, este era solo el comienzo. Permanecimos abrazados buen rato y besándonos sin parar aún más, era como un sueño, que bien se sentía estar en sus brazos, más aún en sus labios sintiendo su aliento, su piel, su perfume, no podía pedir más, ciertamente la ocasión era perfecta, predominaba la privacidad sobre todo. Desgraciadamente en la vida nada es perfecto, no imaginaba que con lo bien que lo estaba pasando se fuera a revertir la situación para algo inesperado y traumático. Y es que cuando ya el minutero iba a marcar las doce de la noche escuché el tren que pasa justo a la media noche aproximándose, pude sentir el claxon del mismo. Inmediatamente comenzamos a sentir un ruido que provenía de las afueras de la cerca que señala el perímetro que separa el campo de fútbol con las líneas del ferrocarril, sentía como si alguien nos estuviera mirando, por lo que decidí comentárselo a Ernesto y el me dijo: -Que casualidad, yo tengo la misma sensación-. De pronto sentimos un ruido leve pero presenciales a nuestros oídos, ya yo comenzaba a asustarme y estaba a la viva. Ernesto no, él se mostraba tranquilo pero yo había tenido unos días difíciles y cualquier cosa de ahora en adelante ya me ponía a la defensiva. Ernesto me toma fuertemente de la mano y me dice: -Vamos a movernos un poco de este lugar que te siento disociada y necesito que te concentres solo en mí-. -Tienes toda la razón- le dije yo. Tanto había esperado yo este momento a solas con él y ya empezaba a arruinarlo con mis temores. Nos alejamos de donde habíamos sentido el ruido que no sabíamos de donde provenía, comenzamos a conversar a medida de que nos íbamos acariciando. -Ojalá este momento durara para siempre- le susurré al oído. -Me gustas mucho desde el primer momento en que te conocí y ahora que ya te he podido besar, acariciar y sentir tu inexperiencia me gustas aún más, me fascina la idea de ser tu primer novio, quisiera ser el primero en todo en tu vida- me comentó Ernesto. Cuando la conversación se estaba tornando exitante comienzo a sentir pasos detrás de mí como cuando se pisan las hojas secas. -¿Que te pasa ahora?- me pregunta Ernesto. Ya con otro tono de voz, creo que comenzaba a molestarse y no era para menos, yo sinceramente no me podía relajar, ya estaba predispuesta desde que sentí el primer ruido y ahora más con eso que volví a escuchar. -Si quiere nos vamos, te veo muy tensa y eso no es lo que quiero para nada- expresa Ernesto. - No es eso, no me mal interpretes, eso no es lo que quiero, este es el lugar en el que quiero estar, no existe para mí en el mundo un lugar que pusiera por encima de este, me encanta estar contigo, lo que pasa es que no imaginas lo que he pasado en estos días y no le he contado nada a nadie por temor a que se burlen de mí- le respondí yo. Ernesto me tomó las manos y mirándome a los ojos me dijo: -Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea, si estamos juntos es en todo, de ahora en lo adelante ya no estarás sola, ahora somos tú y yo, en las buenas y en las malas- me dijo de forma cariñosa y muy sincera Ernesto. Esas palabras me ispiraron confianza y aunque dudé en contarle lo que había vivido las noches anteriores al final decidí sincerarme con él. Necesitaba desahogarme con alguien y con quien mejor que con él que acababa de ofrecerme su confianza con tal transparencia. Comencé a contarle lo vivido las noches anteriores..
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR