"Sollozos aterradores"

1693 Palabras
Por fin pude conciliar el sueño, aunque me costó muchísimo trabajo pues estuve desvelada alrededor de una hora después de aquel atoro que casi me lleva a la asfixia. Pero ya era demasiado cansancio y estrés acumulado, no descansé lo que hubiese querido pero al menos me desaparecí del mundo unas cinco horas. Creo que ni soñé nada, y mejor así, porque de haberlo hecho difícil que hubiesen sido sueños felices. Me desperté con la angustia de cargar sobre mis hombros lo ocurrido estas dos primeras noches, pero no quería contárselo a nadie por temor a que se burlaran de mí, pues el bullying a penas empezado el curso escolar no estaba dentro de mis planes. Entonces respiré profundo una vez más y comienzo un nuevo día. - Te veo ojerosa, ¿dormiste mal? - me preguntó Melissa. - Más o menos, tuve pesadillas- le respondí yo. Aunque estaba completamente segura que lo vivido esas noches había sido real aún así quería aferrarme a la idea de que solo habían sido pesadillas. -Apresurate que nos coge tarde para ir a clases y por favor maquillate un poco para que disimules esas feas ojeras, recuerda que tienes que estar bella para cuando Ernesto te vea- riéndose me dice Melissa. Terminé de maquillarme y vestirme y nos fuimos a clases, cada rato me venían a la mente recuerdos de lo que me había pasado las noches anteriores, yo rápidamente trataba de concentrarme en los estudios para no atormentarme más. Cuando terminamos los turnos de clases fuimos a almorzar y después en nuestra hora de descanso nos pusimos a conversar en el dormitorio sobre los muchachos más lindos del instituto. Para mí el más lindo era Ernesto, pero ni loca lo mencionaba por temor a que a alguien más le llamara la atención, lo quería solo para mí. No podía correr el riesgo de que no lo consideraran tan bonito y por yo mencionarlo quizás por curiosidad ya mis compañeras se interesarían en él. Así que preferí permanecer callada mientras las demás se llevaban la contraria en sus opiniones sobre quién consideraban que eran los más atractivos. Terminada la hora de descanso regresamos otra vez a clases, por suerte tocaba Historia porque realmente no tenía deseos de ejercitar tanto la mente calculando. La profesora de esta asignatura hablaba con una voz tan dulce que era melodía para mis oídos escuchar sus clases, casi me estaba quedando dormida cuando del fondo del aula me lanzan un papelito. Dí un salto del susto que pasé, cogí el papelito y lo iba a votar cuando Melissa me sujeta la mano y me dice: - Ábrelo, quizás dice algo importante-. Cuando lo abro, efectivamente, estaba escrito, y decía: "Sorpresa, me cambiaron de aula, voltea la cabeza por favor", cuando giro hacia atrás lentamente para que la profesora no me llamara la atención me percato de que había un alumno nuevo en el aula y ese alumno nuevo para mi sorpresa era Ernesto. No lo podía creer, que felicidad, ahora estaríamos más cerca, lo vería cuando quisiera, que nervios, que sentimientos más lindos, al fin me pasaba algo bueno en el día. Él mirándome fíjamente se sonrió, con cara de atrevido , que bello estaba, que alegría tenía, el saber que con solo voltearme iba a ser yo la mujer más felíz al ver esa cara tan linda. Por fin se terminan las clases, pasé de estar casi dormida a ser la alumna más activa en esa materia, había sufrido una metamorfosis pero para bien. Cuando salimos yo disimulo demorandome recogiendo los libros para dar tiempo a que Ernesto me pase por el lado. Retando a la suerte de que me volviera a decir algo, y así fue, solo quedamos nosotros solos. Todo fue mejor de lo que pensaba, pues este de un tirón me robó un beso, yo siempre había soñado con algo romántico para mi primer beso, pero no puedo negar que aunque esto estuvo lejos del romanticismo lo adoré muchísimo. Es que en él todo me gustaba, sobre todo ese toque de hombre fuerte pero sencible a la vez. Ahora que lo tuve tan cerca hasta sentir su aliento pude percatarme de algo que hizo que me gustara aún más, era su olor, nunca había sentido esa fragancia, fragancia que penetraba mi naríz y me llegaba al corazón. Ya no quería dejarlo ir, quería permanecer abrazada a él para siempre. Cuando logré despegarme de su cuerpo y reaccionar comencé a reír como demente, eran los nervios, son muy traicioneros, me puse roja y no paraba de temblar, él, que se percató de mi estado de ansiedad volvió a abrazarme y me dijo: - No tengas pena, no pasa nada, me gustas mucho desde que te ví, y si me lo permites quiero ser tu novio-. Me sorprendió mucho que un muchacho de nuestra edad hablara con esa seriedad, por lo que seguía cautivandome con cada detalle que descubría de él. Volví a abrazarlo porque en sus brazos me sentía invulnerable, lo tomé de la mano y le dije: - Por supuesto que quiero ser tu novia, es lo que más deseo ahora mismo en este mundo-. Tomé mi mochila y salimos del aula, agarrados de manos, sin miedo a nada, yo no veía la hora de que todos me vieran junto a él. Cuando salimos todos nos miraban sorprendidos, y yo felíz, realizada, la emoción no cabía en mi pecho. Ya era hora del baño así que me despidió en la puerta del dormitorio con un beso de aproximadamente un minuto de duración, entré como flotando en las nubes, era un sueño hecho realidad. Me bañé y me acosté a dormir temprano, quería dormirme rápido para soñar con él, y así fue, comencé a soñar con mi nuevo novio, soñé que nos casabamos a la orilla del mar, yo tenía un vestido blanco hermosísimo, todo era tan lindo, se veía tan real, tan perfecto. Podía haber permanecido dormida toda una vida y es que desgraciadamente a veces estar despierta no es la mejor opción en este lugar. Justo cuando en el mejor momento de mi sueño iba a besar a Ernesto comienzo a sentir a lo lejos unos sollozos aterradores, como estaba entre dormida pensé que era parte de mi sueño, pero no, cada vez lo sentía más cerca de mí. Definitivamente estaba despierta, abrí los ojos y me levanté a ver si le pasaba algo a Melissa, pero esta estaba rendida, la toqué para despertarla lentamente para que no se asustara. -Melissa, despierta, alguien está llorando y no se quién será, quizás le pasó algo malo, ayúdame a encontrar quien llora de esa manera que con esta oscuridad no distingo nada y si enciendo las luces me van a llamar la atención- le digo en voz baja a Melissa. -Acuestate ya y dejame dormir, nadie está llorando, seguro tuviste una pesadilla otra vez, estoy cansada y tengo mucho sueño - me responde Melissa. Decidí no molestarla más, quizás tenía razón, como las dos noches anteriores yo había dormido mal tal vez estaba teniendo una pesadilla y me confundí. Me acosté nuevamente, me tapé todo el cuerpo hasta la cabeza con la sábana, quería conciliar mi bello sueño nuevamente, hice lo imposible por dormirme pero nada, ya me había desvelado. Permanecí con los ojos cerrados y traté de concentrarme por donde había dejado lo soñado pero no había manera, de pronto comienzo a sentir nuevamente aquellos abrumadores sollozos. Definitivamente no era una pesadilla, yo estaba bien despierta y preocupada porque le podía estar pasando algo malo a alguien. Fue entonces cuando de un tirón me bajé de la cama y comencé a buscar desesperada de donde provenían estos lamentos que ya comenzaban a aturdirme. Despacito y en silencio fui cama por cama revisando a todas mis compañeras para encontrar quien se quejaba de esa manera pero nada, no encontraba quien era. Cuando de pronto distingo en medio de la oscuridad que invadía el dormitorio una joven que llevaba una bata blanca y se dirigía lentamente hacia mí, con las manos en su vientre como si le doliese algo. Inmediatamente voy donde está ella para socorrerla, a medida que me aproximo distingo que en el piso hay algo que podría ser agua, quizás mi compañera se había resbalado con esa agua y se había golpeado. Cuando logro llegar hasta ella no la reconozco, nunca antes la había visto, podría ser una nueva estudiante, había escuchado que ingresarían al instituto dos nuevas alumnas, entonces le pregunto: - ¿Qué te sucedió, en qué te puedo ayudar?-. La joven no cesaba de llorar, ni hablaba, entonces noté que su bata blanca estaba ensangrentada y que seguramente lo que pensé que era agua en el piso, era sangre, la cual no distinguía bien por la oscuridad. Fue entonces cuando regresó aquella historia a mi cabeza contada por Yeny de "El niño que no llegó a nacer" cuya alma de aquella joven madre bagabundeaba por los pasillos del albergue, arrepentida de sus errores y llena de resentimientos. Me quedé paralizada, no sabía que hacer, no podía ser posible que me estuviera pasando esto nuevamente, volví a preguntarle a aquella muchacha qué le pasaba, le pedí que me contara todo, que yo la quería ayudar. Pero ella solo lloraba y no hablaba ni una sola palabra. Cuando logro moverme nuevamente fui corriendo a encender la luz del dormitorio pero para mi sorpresa una vez más no había nadie, fui corriendo hasta el final del pasillo pero había desaparecido. Rápidamente regresé donde la había dejado antes de ir a encender la luz a verificar que había en el suelo, y sí, efectivamente, era sangre. No podía entender como se había marchado aquella joven que estaba desesperada y en esas condiciones, no era posible, solo tardé unos segundos en ir a encender la luz. No quería darme cuenta de la realidad, necesitaba idear hipótesis. Todo fue tan rápido, tan extraño, por más que pensaba no le encontraba lógica a lo sucedido, ya no escuchaba sus lamentos, todo estaba en silencio, yo ahí parada sola, como una estatua, pero el piso permanecía lleno de huellas de sangre.
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