Con notables ojeras por haber pasado la peor noche de mi vida y un fuerte dolor de cabeza por el sueño y cansancio acumulado comienza mi segundo día en mi nueva escuela.
Es que lo sucedido en esta primera noche no tiene comparación con nada que haya vivido ni imaginado que pudiese experimentar, si no me hubiese pasado a mí en carne propia diría al que me contase que estaba exagerando, pero no, lo viví yo y solita.
Esa imagen de esa muchacha sentada en la tasa del baño, fumando, sin contestar ni una de mis desesperadas preguntas y esa mirada fija pero perdida a la vez, nunca abandonaría mi mente.
Comienza mi segundo día, me levanto, me aseo, me pongo mi uniforme, desayuno, tomo mi mochila y voy a clases.
Siempre me ha gustado mucho la escuela, el ambiente que se vive en ella, los amigos, las risas, las ocurrencias de mis compañeros, pero temía que todo esto cambiara, lo sucedido la noche anterior me tenía perturbada.
Tuve un día común y corriente, me destaqué en clases de matemáticas como de costumbre, luego fui a almorzar con mi amiguita Melissa y ahí conocí a Ernesto, un chico bien lindo, alto, trigueño, fuerte, se expresaba muy bien, enseguida simpatizamos.
Fue lo mejor que me pasó en el día, después nos pasamos la tarde en la biblioteca Melissa y yo haciendo tareas, los profesores desde el primer día nos abarrotaron de tareas extra clases, pero yo ya estaba adaptada, del colegio de donde venía los maestros siempre fueron muy exigentes.
Cuando terminamos nos fuimos al dormitorio a bañarnos para luego ir a comer, y yo con los dedos cruzados para volver a coincidir con Ernesto.
Como recomendado por el destino ahí estaba él.
Es que cuando las cosas están para uno no hay quién se las quite.
Nos sentamos en la misma mesa, intercambiamos miradas, risas, él me preguntó si podía conocerme mejor y por supuesto yo acepté.
Desde que lo vi no hacía más que pensar en su boca, bueno a decir verdad no solo pensaba en él, tampoco se me iba de mi mente el encuentro que tuve la noche anterior, pero hacía lo posible para olvidarlo, pues eso me estaba haciendo daño.
Luego de terminar de comer con las mejillas sonrojadas por los nervios que me causaba el estar cerca de Ernesto nos fuimos Melissa y yo al dormitorio.
Quería acostarme a dormir temprano para recuperar fuerzas ya que tenía mucho sueño y el dolor de cabeza no se me quitaba a pesar de haber tomado mi pastilla.
Me lavé la boca rápido, aprovechando que casi todas mis compañeras estaban despiertas aún y me acosté antes de que apagaran las luces, me quedé dormida rápidamente ya que estaba muy cansada.
Casi a media noche se me abrieron los ojos como resortes, me desvelé, y yo que pensé que no iba a dar el sí hasta el otro día, pero nada, el dolor de cabeza me despertó y no podía conciliar el sueño con esa molestia, lo intenté pero era imposible.
Sino me tomaba otra pastilla no lo lograría, entonces me levanté, Melissa me preguntó:
- ¿ Te pasa algo? -
Yo le respondí que no, que estuviera tranquila, que solo me tomaba mi pastilla y me acostaba a dormir nuevamente.
Comencé a buscar mi pomo de agua pero con las luces apagadas no lo encontré, no tenía otra opción que ir al baño a beber agua del grifo, no lo podía creer, tenía que regresar a ese lugar nuevamente en la oscuridad.
Si encendía las luces todas mis compañeras comenzarían a protestar porque se despiertan y como ya lo había hecho la noche anterior no quería ser la nota discordante todos los días.
Entonces silenciosamente comienzo a caminar hacia el baño, coincidentemente iban a ser las 12 de la noche, fue ahí cuando vinieron a mi mente cada una de las leyendas contadas por Yeny.
No podía creer que esto no fuera a abandonar mis pensamientos, pero tenía que luchar contra ello si quería que mi estancia en este instituto no se tornara desagradable.
Con un gran suspiro y un apretón de puños continúo avanzando, entré al baño por fin, me quedé parada, inmóvil por algunos segundos solo moviendo mis ojos tratando de detectar cualquier anormalidad y agudizando mi sentido del olfato.
Pero esta vez no sentía olor a cigarrillo ni veía humo alguno, lo que no imaginaba yo es que este era el menor de mis problemas.
No habiendo visto nada fuera de lo normal continué caminando hacia el grifo, con mi pastilla en la mano y más agudo mi dolor de cabeza, ya que al fijar tanto la vista en la oscuridad del baño parecía que esta iba a explotar.
Por fin diviso el grifo en medio de aquel tormento y empiezo a beber agua rápidamente para tomar mi pastilla cuando de repente se me corta la respiración.
Siento algo atragantado en mi garganta y por más que quería respirar se me hacía imposible, no podía pedir ayuda porque no podía hablar.
En medio de aquella desesperación me doy varios puñetazos por el pecho con las fuerzas que me quedaban hasta que suelto de mi boca algo extraño, algo que se sintió desagradable expulsar, y es así que recupero el aliento y mis pulmones nuevamente se oxigenan.
Cuando ya puedo respirar, asustada, con lágrimas en mis ojos por la fuerza que hice para poder respirar y por el susto que pasé ya que por unos segundos pensé que me asfixiaría entonces enciendo la luz para ver con qué me había atorado.
Para mi sorpresa lo que había en el suelo era una bola de pelo rojo, no lo podía creer, era inconcebible.
- ¿De dónde saldría eso? -
Me preguntaba una y otra vez, ¿sería que este inquietante incidente estaría relacionado con la leyenda de " La chica del cabello rojo"? , no se, solo se que no había explicación para lo ocurrido.
Todavía no se de dónde salió todo ese cabello enrollado que atragantó mi garganta, es una interrogante que tendré por siempre y creo que no hallaré respuesta, pues no le encuentro explicación alguna.