"Comienza una nueva historia"

1057 Palabras
Llegué a la escuela, ahí estaba Ernesto esperándome, con la puntualidad que le caracteriza, ¡que alegría de verlo!, lo había extrañado tanto, pero tanto, esperaba que él también a mí. Solté mi mochila y corrí a abrazarlo, lo estreché bien fuerte hasta casi dejarlo sin aliento y lo llené de besos,¡ que rico olía!, tenía una fragancia tan suave como sus labios, me fascinaba este chico, era todo lo que necesitaba en este momento. - ¿Cómo pasaste el fin de semana? - me preguntó él a mí. -Más o menos, estuve muy cómoda en mi casa con mi familia, descansé bastante y logré por algunos momentos olvidarme de lo vivido en esta escuela, pero verdaderamente me hiciste mucha falta, te necesitaba a mi lado, tu eras el único motivo por el cual quería regresar a este citio- le respondí yo. Lo tomé de la mano y lo invité a sentarnos un rato para conversar de lo que hicimos el fin de semana. Después de ponernos al día sobre lo que habíamos hecho nos fuimos a nuestros respectivos dormitorios para acomodar todo, ya Melissa había llegado también. -Hola Meli, ¿ Cómo te fue el fin de semana?- le pregunté. -Bien, gracias, ¿y tú pudiste descansar algo?- me preguntó preocupada Melissa a mí. -Si, por suerte, la verdad que pasé un fin de semana muy acogedor, lo único que me impulsaba a regresar aquí era Ernesto, de no ser por él no hubiese regresado- le contesté yo. Acomodamos todas las cosas para tener todo listo para el día siguiente, quería comenzar esta nueva semana si estos seres espirituales me lo permitían de una manera más calmada, era todo lo que pedía, una vida normal. Aunque el término : normal, ya no estaría presente más nunca, pero era mejor tener la esperanza que resignarme a ello. Cuando terminé de organizar mis cosas y conversar un ratico con mi amiga fui a ver a Ernesto, quería tener un momento a solas con él antes de ir a acostarme a dormir. Así lo hice, fui a ver a mi amado, él estaba todo cariñoso conmigo, ¡que bien me hacía su compañía!. Luego de compartir un largo tiempo a solas decidí irme para descansar bien y así darle comienzo a esta nueva semana, deseosa de que esta vez todo volviera a la normalidad. Me despedí de Ernesto y me fui hacia mi dormitorio, me lavé los dientes, me cambié de ropa y me acosté a dormir, no sin dejar de pensar un poco en lo vivido en estos días, pero solo un poco, no quería atormentarme más de lo que ya estaba. Empecé a pensar en cosas lindas para salir de estos pensamientos oscuros, por supuesto que para mí pensar en algo lindo tenía nombre: Ernesto, hasta así conciliar el sueño. Esta noche dormiría como un ángel, lástima que una de mis compañeras no la pasaría igual, y es que esta vez una de las escalofriantes leyendas recobraría vida pars así desestabilizar sus emociones. Ya eran justamente las doce de la noche cuando me despierto sobresaltada por unos gritos de dolor que provenían del baño, enseguida encendieron las luces para ver lo que estaba pasando. Cuenta Isabela, alumna de primer año como yo que alguien la había quemado, que ella había ido a orinar y para no molestar no encendió la luz, efectivamente tenía una quemadura de cigarrillo en el muslo. Todas fuimos al baño de inmediato a ver quién estaba ahí, para la sorpresa de todas, menos para mí que ya estaba casi segura de lo que había sucedido no había nadie. Todas las muchachas comenzaron a buscar por todos lados,pero nada, no había nadie, yo me le acerqué y le pregunté: -Isabela ¿tú te sentaste en la primera tasa de baño?- -Sí, ¿por qué lo preguntas, cuál es la diferencia, qué tiene que ver qué sea la primera u otra? - me responde Isabela y luego me cuestiona. Melissa me miró y me abrió los ojos haciéndome una señal para que no dijese nada de lo que yo sabía sobre este tema. Ganas no me faltaron, pero al final decidí no decir nada al respecto porque estaba convencida de que nadie me creería. Por muy raro que estuviese todo y que nadie le encontrara explicación alguna a lo sucedido lo que yo les contaría sería paranormal. No quería arriesgarme a ser motivo de burla, así que le dije a Isabel que le había preguntado cuál había sido la tasa en la que orinó sólo por curiosidad. Al final como todas se cansaron de buscar a alguien que no aparecía por ningún lugar decidimos acostarnos nuevamente. -Estuve a punto de contarle a todas- le dije a Melissa. -Creo que todavía no es el momento, debemos esperar un poco más, lo que pasó no fue tan grave, tengo miedo de que comiencen a burlarse de tí, yo te creo pero dudo que quiénes no te conocen como yo lo hagan- me argumenta mi amiga Melissa. -Yo estoy consciente de eso, pero creeme que se me hace muy difícil no gritarlo a los cuatro vientos, solo espero de que esta situación no llegue a males mayores por el bien de todos- le expreso yo. Luego de conversar un rato Melissa y yo sobre lo ocurrido nos acostamos juntas nuevamente para sentirnos más seguras y así poder descansar. Al otro día se sentía un ambiente pesado, y es que todas mis compañeras se habían quedado confundidas con lo sucedido esa noche, aún más Isabela que lo había vivido en carne propia. Terminamos de asearnos y nos fuimos a clases, aproveché y le conté lo ocurrido a Ernesto, él se mostró muy sorprendido, me dijo: -Ya yo me estaba olvidando de estas cosas y ahora me cuentas esto, ¿será que no tendremos más nunca una noche de sociego? -Parece que no mi vida, así mismo- le respondí yo. El el aula mientras los profesores impartían las clases se sentían muchas alumnas susurrando, estas les estaban contando a los chicos la extraña situación que había vivido Isabela por la madrugada. Los profesores en varias ocasiones llamaron la atención, pero el pánico ya estaba creado, ya no era yo sola la que presenciaba estas leyendas en este lugar. Terminaron las clases y todos salieron comentando, todos tenían caras de preocupación.
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