Gin abrió lentamente sus ojos, se había despertado hace algunos minutos, pero se dispuso a levantarse cuando se dio cuenta que no estaba en su casa, ni en la de sus padres.
Era una habitación completamente diferente.
Escuchó ruidos fuera de la puerta, y es cuando todos los recuerdos de la noche cayeron en su mente.
-No te dejaré ir sola Gin, ¿y si algo te ocurre? - cuestionó. - No estamos en el barrio de tus padres, las noches son peligrosas por aquí.
Gin aun seguía con el teléfono pegado a su oído, esperando que su chofer contestara para venir a buscarla, pero él no estaba atendiendo el teléfono y comenzaba a ponerse nerviosa.
¿Por qué nadie contestaba?
-Tampoco me quedaré aquí, no dormiré contigo. - negó.
Joshua hizo sonar su cuello.
-Ya te dije, dormirás en mi cuarto, sola. Yo dormiré en la habitación de Kate. - intentó convencerla.
- ¿Dónde está el demonio? - frunció el ceño, mirando para todos lados tratando de encontrar al enano.
Era cierto, había estado tan enfocada en curarle las heridas a Joshua que se había olvidado de la existencia de su hermano pequeño.
-Está en lo de mi tía. - aviso.
Gin volvió a mirarlo, ladeando la cabeza.
- ¿Me estás diciendo que lo dejaste con la familia que desfiguro tu rostro? - cuestionó indignada.
Joshua pellizco el puente de su nariz, tomando una gran bocada de aire.
-Mi tía lo cuidara, no hay ningún problema del que debas preocuparte.
-No me puede importar menos lo que pase con el enano. - se cruzó de brazos, haciéndose la desinteresada. - Entonces, ¿dónde voy a dormir? - cuestionó.
Joshua intentó disimular su sonrisa y corrió al baño para guardar la caja de primeros auxilios.
-Ya que estas aquí… ¿Qué te parece si comemos algo?
Y así fue como Gin se dejó llevar y pasó la noche en la casa de los Taylor.
(...)
Salió de la habitación y el aroma al desayuno inundo sus fosas nasales.
Gin odio el hecho de que Joshua parecía un jodido ángel en aquel pijama, preparando las tazas con cafés y las tostadas con mermelada.
-Hey, despertaste. - le sonrió. - Buenos días.
Gin sacudió su cabeza, estaba enojada con él, lo odiaba… No podía seguir teniendo esos pensamientos, dejándose llevar por lo linda que era aquella escena.
Se sentía tan íntima, tan privada.
Era como que ella no encajaba ahí.
Rascó su cabeza y se dirigió hacia la puerta sin hacer ruido, pero falló en cuanto Joshua dio unos pasos hacia ella.
- ¿A dónde vas?
-A mi casa, ya puedo conseguir un taxi fácilmente. - dijo como si fuera obvio.
Joshua señaló la mesa de la cocina.
-Hice esto especialmente para ti. - señaló con el corazón un poco roto.
Gin suspiró.
- ¿Y esperas que coma eso sin saber si le pusiste algún veneno o píldora para desmayarme? - cuestionó.
Joshua rodó los ojos.
-Gin, no hice nada. - soltó una pequeña risa.
- ¿O estas intentando comprarme para que no te delate con mis padres? - la risa de Joshua cesó. Gin alzó las cejas. - ¿Es eso? ¿Por eso estas tratándome bien? ¿Por eso no querías que me fuera a casa anoche?
Joshua dio un paso atrás y soltó un bufido.
-Entiendo por qué estas reaccionando así y lo entiendo. - empezó a decir. - Pero te aseguro que no está envenenado el café ni tampoco quiero comprarte. - habló despacio, usando su mejor tono. - Solo quiero servirte el desayuno y agradecerte por haberme curado ayer. - tomó la mano de la chica. - Luego, te conseguiré un taxi y puedes volver a odiarme. ¿Si?
Joshua estaba algo cansado, al final no había descansado nada la noche anterior y encima tuvo que dormir en la cama de Kate que era mucho más chica que la suya.
Estaba agotado, pero de igual forma quería armar algo para agradecerle a la chica por todo lo que había hecho por él.
Si fuera por Joshua, se hubiese acostado con todas las heridas sucias y hoy estaría aún más dolorido.
Terminaron desayunando en paz y silencio, Gin estaba concentrada en la taza de café que sostenía entre sus manos y Joshua observaba cada uno de sus movimientos, con miedo de que en cualquier momento volviera a explotar y no la pudiera convencer de que él no estaba buscando nada.
Gin volvió a su casa después de desayunar, justo como había dicho.
-Adiós, supongo. - dijo, acomodando su cabello, atándolo en una colita alta nuevamente.
-Vuelve segura ¿sí? - sonrió. - Y de nuevo, gracias por lo de anoche.
Gin no dijo nada más, solo asintió con la cabeza y se subió al auto.
Había recibido mensajes de sus padres, tenía que pasar por la casa de los Brown antes de volver a la residencia.
No era algo que le gustara, pero después de pasar la noche en la casa de uno de los protestantes, sabía que, aunque sea su mente se iba a quedar más tranquila si iba a visitar a sus padres.
Joshua, por su parte, sabía que tenía un poco más de tiempo para dormir antes de tener que ir a buscar a Kate a la casa de su tía, por lo que aprovechó cada momento para tirarse sobre la cama y apoyar su cara en la almohada.
Aunque ahora todo en su cama olía a ella, su perfume estaba por todas partes y al contrario de molestar a Joshua, eso lo hizo caer en un profundo sueño, como hace mucho no tenía. Durmió como un bebe hasta que llegó el momento donde debía ir a buscar a su hermanito.
(...)
Gin llegó a la casa de sus padres y acomodó su ropa, sabía que no les iba a agradar para nada que ella haya llegado en su ropa deportiva.
Peor hubiese sido si llegaba con ropa prestada de Joshua, así que aceptó su condena y abrió la puerta.
Los periodistas no están alrededor, y lo agradeció eternamente, ni siquiera el taxista la había reconocido y eso para ella, era empezar el día bien.
Escuchó a sus padres reunidos en el jardín, por lo que se dirigió para ahí luego de cambiar su ropa.
Peinó su cabello y se mantuvo parada a su lado.
-Buenos días, padres. - saludó a los dos, que apenas se giraron para devolverle el saludo.
-Llegas tarde Ginebra. - usaron su nombre completo.
Gin rodó los ojos, odiaba ese nombre.
-Lo siento, me quede dormida. - mintió, no iba a decir que había pasado la noche en casa de aquel muchacho.
Se dignó a ver qué era lo que con tanta atención veían en la mesa, y eran varias fotografías de jóvenes que ella no conocía.
Frunció el ceño repasando cada una de las hojas donde estaban los rostros de las diferentes personas.
- ¿Qué es esto?
- ¿Algo de té? - cuestionó su madre. Gin negó. - Son algunos asuntos que tu padre y yo tenemos que responder. Nuestros agentes consiguieron información de algunas personas que podrían o no estar involucradas en el desastre que sucedió en el evento de cierre de campaña.
Movían las hojas, ubicándolas según si les parecían sospechosos o no.
Gin terminó sentándose en una silla, no entendía que hacia ella ahí.
El trauma que le había ocasionado el ser apuntada y casi asesinada por un hombre le había hecho olvidar todos los rostros que había visto ese día.
-Oh, ya veo. - dijo sin saber que más decir. ¿Para esto la habían obligado a venir aquí?
- ¿Has solucionado tus problemas con las chicas? - cuestionó su padre.
Gin negó.
-No es algo que me quita el sueño. - se encogió de hombros. - Ellas tampoco están ansiosas por pedirme perdón.
Su padre soltó un suspiro.
-Más que nunca necesitan verte con gente que te acompañe, que sepan que siempre tendrás a tus amigas de tu lado.
-¨Mis amigas¨ nunca estuvieron de mi lado, padre. - soltó. - Además, ahora tengo a Cody, él es mi compañía y es mi amigo. Cody sabrá protegerme mejor que cualquiera de ellas.
Además, tenía a Blue, ella también era una gran amiga.
Amigos de verdad.
-No olvides que también tienes un novio con el cual la gente apenas te ve en público. - ahora fue su madre la que habló.
-Ya comenzara la temporada de juegos, nos verán más juntos que nunca. - sonrió. - No deben preocuparse por eso, tengo todo resuelto.
Los Brown se miraron y negaron con la cabeza, la madre le dio un sorbo a su té y continúo moviendo las hojas, hasta encontrar algo que llamara su atención, algo que pudiera recordar de ese día.
- ¿Oh? ¿Y él? - cuestionó la mujer.
-Nuestro agente lo vio afuera de la comisaria esperando por uno de los protestantes que lograron atrapar, ese que el padre es un fiscal. - aclaró. - Por las dudas nos mandaron su información, no recuerdo haberlo visto ese día. - ladeó la cabeza, Gin estaba muy concentrada en encontrar formas a las nubes como para llevar el hilo de la conversación.
-Aquí dice que estudia en la misma universidad que Gin. - señalo. - ¿Acaso lo conoces? - le entregó la hoja con la fotografía a su hija, que salió de su propio mundo para agarrar el papel con mala gana.
Por un segundo dejo de respirar, concentrándose en el rostro que estaba en aquella ficha.
Reconocía esos profundos ojos, esa mirada gentil.
Paso una mano por su cabello, tomando una profunda respiración para intentar parecer lo más normal posible.
No quería levantar ninguna sospecha.
¿Si lo conocía? ¡Claro que lo hacía! Era Joshua Taylor, su compañero de universidad, el chico que la había cuidado tantas veces, pero también era una de las personas que había aparecido como protestante ese día.
¿Realmente el muy idiota había ido a la comisaria a buscar al otro estúpido para que sus padres descubrieran que él también estaba metido en esa mierda?
-Sí, creo haberlo visto algunas veces en la universidad. - se encogió de hombros. Sus padres ni siquiera sabían que también era la persona que habían acusado de ladrona en su fiesta, o que era quien le había sacado el primer lugar en los exámenes. Y no podían enterarse. - Pero, no lo vi ese día entre los protestantes. - negó con la cabeza. - Tiene un hermano pequeño, seguramente estaba cuidándolo o algo así. - se encogió de hombros, siendo la encargada de ponerlo en la pila de los descartados. - Descartado. - les sonrió a sus padres.
Ellos lo tomaron con completa calma, inmediatamente siguiendo con los otros sospechosos.
Gin había vuelto a mentir por Joshua, ¿y Joshua que había hecho por ella? Absolutamente nada.
(...)