Gin había terminado de estirar aquella noche, le habían recomendado correr un poco para aliviar el estrés y las tensiones, y como una buena chica obediente, lo estaba haciendo.
El parque era su lugar favorito para hacerlo, a esa hora no había mucha gente y podía correr sin necesidad de compañía de un guardia de seguridad.
Era el momento del día donde se ponía sus audífonos y simplemente corría mientras observaba los arboles a su alrededor, sentir esa relajante brisa no tenía comparación.
Podía hacerlo por horas y no se cansaría, le gustaba caminar y trotar en algunas ocasiones.
Y si además de eso, también ayudaba a su mente y cuerpo, era un gran negocio.
Frenó frente al pequeño lago para beber un poco de agua y recuperar fuerzas.
-Esto se siente bien. - susurró para ella misma, apagando la música y dejándose inundar por los sonidos del agua serena.
Casi ahoga un grito cuando dio un paso para atrás y se llevó puesto algo, o más bien… A alguien.
Entrecerró los ojos para reconocer a la persona que estaba tirada con un brazo sobre sus ojos y llevó las manos a su boca cuando se dio cuenta de quien se trataba.
Volvió a alejarse unos pasos y llevó una mano a su cabeza.
¿Qué demonios hacia Joshua ahí? ¿Y por qué su rostro estaba lleno de sangre?
Tragó saliva. ¿Y si estaba muerto? ¿Cómo le explicaría a la policía que ella no tenía nada que ver?
Volvió a acercarse al cuerpo, esta vez haciendo un poco más de ruido.
El alma casi abandona su cuerpo cuando este se movió y quitó la mano de sus ojos.
- ¿Quien está molestando? - preguntó, tratando de enfocar su vista en la persona que lo estaba interrumpiendo.
Pero por supuesto que no iba a poder tener una noche tranquila, claro que no.
Parecía una regla del destino tener que cruzarse a Gin en cualquier situación.
-Oh Gin, eres tú. - rascó su nuca, mientras se ponía de pie.
Gin soltó un suspiro al notar que el chico seguía respirando y que no iba a hacer acusada de asesino o algo así.
Tenía un extraño nudo en el estómago desde que se dio cuenta que estaba herido, pero ahora que lo veía a la luz de la luna, podía ver que era mucho peor de lo que aparentaba.
Sabía que su mejilla iba a ponerse morada al siguiente día por el tono rojizo que tenía ahora, y el dolor de labio no se le iba a ir tan fácil.
Lucia muy patético, y Gin no estaba segura de cuanto le gustaba eso.
No esperaba encontrarse con Joshua, ella tendría que seguir su rutina y volver a su hogar para poder dormir tranquila, pero sabía que no iba a poder hacerlo ahora que se había encontrado cara a cara con un Joshua hecho trizas.
Mordió su labio y se acercó un poco a Joshua.
- ¿Que te sucedió…? - alargó, subiendo su mano para acariciar el rostro del contrario, que tembló ante su contacto, seguramente por el ardor que le ocasionó.
-Peleas familiares. - sacudió la tierra que tenía en sus pantalones. - ¿Estás sola?
-Si. No cambies de tema. - frunció el ceño. - ¿Tu familia te dejó así? - señalo la sangre. - ¿Es broma?
Joshua sonrió un poco cansado.
-Tenemos personalidades muy diferentes, no te preocupes. Estoy bien. - Joshua trató de tranquilizarla.
-El que no tendría que estar tranquilo eres tú, ¿dejaste que te pegaran? He visto tus brazos Joshua, podrías acabar con el enemigo en un solo golpe. - puso sus manos en la cintura en forma de jarra, reprochándolo.
Joshua quiso reír por lo graciosa que se veía Gin, también sintió un poco de calor en su pecho al saber que después de todo, aun Gin seguía siendo aquella pequeña chica que se preocupaba por los demás.
El chico se encogió de hombros.
-No podía hacer nada, es mi familia.
Gin negó con la cabeza, ¿qué le sucedía a Joshua?
La chica sujetó su cabello en una coleta alta y frunció el ceño.
Su mente estaba entre ayudar al chico o dejarlo ahí, con el peligro de que se desmaye o pierda el equilibrio de camino a casa. Sabía que si se daba vuelta y volvía a su casa no iba a dormir en toda la noche pensando y sintiéndose culpable por la situación.
Pero, ¿se suponía que tenía que olvidar todo lo que el chico le había hecho?
Ella no era tan estúpida, ¿o sí?
(...)
Resultó ser que, si era tan estúpida, y ahora se encontraba arriba de un taxi dirigiéndose a la casa de Joshua por primera vez.
Trataba de mantenerlo despierto, para que no le causará ningún problema que terminara en ella esperando en algún pasillo de hospital.
Solamente se quedaría con el chico hasta que sus heridas están limpias y luego volvería a su hogar. Así de sencillo.
La casa de Joshua olía como él, y le daba ese extraño sentimiento de estar cálida, definitivamente el ambiente estaba más placentero que afuera, las noches de invierno estaban llegando a su fin, pero de igual forma hacía frío.
Joshua entró detrás de ella.
- ¿Dónde está el botiquín? - le preguntó, dejando su mochila sobre el pequeño sillón.
-En el baño, esta al fondo del pasillo. - Gin asintió y desapareció rápidamente.
Joshua se acercó a la cocina y se sentó en una de las sillas, soltando un bufido largo.
¿Qué hacía Gin Brown en su hogar? ¿Porque estaba buscando las cosas para curarlo?
¿No podía su domingo terminar normal?
Su teléfono sonó en su pantalón y atendió la llamada.
-Hola Emma.- saludó.
- ¿Que le sucede a tu voz? ¿Porque parece que un camión te paso por encima? -cuestionó de forma graciosa.
-No se aleja mucho de lo que en realidad pasó. - compartieron una pequeña carcajada.
Emma y él eran cada vez más cercanos, resultó ser que Emma era una muy buena chica que lo ayudaba siempre que tenía tiempo, o simplemente pasaban el rato juntos y se sentía cómodo.
- ¿Quieres que pase a comprar cerveza y nos vemos en tu casa en media hora? - cuestionó Emma, demasiado familiarizada con el hogar de los Taylor.
Justo Joshua escuchó como la puerta del baño era cerrada.
-No, hoy solo quiero ir a dormir. Lo dejamos para mañana ¿sí?
-Okay, cuídate y cualquier cosa llámame.
-Ten una linda noche, Emma.- sonrió antes de colgar la llamada.
- ¿Puedes no sonreír con el rostro lleno de sangre? Es un poco espeluznante. - dijo Gin entrando a la cocina, miró hacia los alrededores por unos segundos, no estaba mal.
Quizás era un cuarto del tamaño de su propia cocina, pero nada que envidiarle su la comparaba con la cocina del departamento.
Joshua no respondió nada, solo mantuvo su rostro en alto para que Gin pudiera limpiarlo.
Intentó ocultar lo mejor que pudo el hecho de que su cara dolía con cada toque que la chica le daba para poder sacar los rastros de sangre.
-Tu bello rostro…- susurró casi para sí misma. A Gin le dolía ver un hermoso rostro como ese ser marcado por los golpes. ¿Porque su familia no lo había golpeado en el estómago? Eso no hubiera afectado a su belleza. Ahora su imagen se veía mas débil, como si fuera él el que necesitaba ser protegido.
-Estoy bien. - repitió Joshua. - Puedo curarme solo, no quiero que vuelvas a tu casa tan tarde. - la observó a los ojos.
Gin no pudo mantener sus miradas conectadas por mucho tiempo, sintiéndose casi invadida por la cercanía del chico.
-Deberías estar agradeciéndome en vez de echarme. - soltó.
Joshua agarró su mano antes de que presionara el algodón con medicamento nuevamente contra su piel.
-No lo estoy haciendo, créeme. No sabes lo feliz que me hace el hecho de que seas tú quien este aquí.
Gin rodó los ojos.
-Por como yo lo veo, estabas esperando que fuera Emma quien te ayudara.
- ¿Escuchaste nuestra conversación? - arqueó una ceja.
-La casa no es muy grande Shua, las paredes tampoco son muy gruesas. - se encogió de hombros. - ¿Por qué no le dijiste que yo estaba aquí?
-No lo sé, no estaba seguro si tu querías que se enteraran que estabas aquí. - cerro uno de sus ojos cuando Gin colocó una bandita ahí.
-Lo siento si lo estoy haciendo mal, esta es la segunda vez que curo a alguien. - murmuró, demasiada concentrada en el hecho de poner crema sanadora en cada lugar en el rostro de Joshua. - Blue me dijo que fuiste al departamento a buscarme. - cambió de tema.
Joshua alzó las cejas, no pensó que la chica le contara a Gin sobre esa vez.
-Sí, lo hice. - aceptó algo avergonzado. - Esperaba poder verte si iba a ese lugar, pero no estabas ahí. - tragó saliva.
Gin se separó unos centímetros y frunció el ceño.
-Entonces, ¿te unes a la gente en mi contra, y al tipo que casi me asesina, pero luego corres a buscarme como si te preocupara como estaba? - preguntó casi ofendida.
Joshua negó con la cabeza.
-No es así. - repitió. - sabes que no es así. - volvió a decir. - Si me dejas explicarte…- estiró.
-Ya terminé, ¿necesitas en algún otro lugar? - cuestionó, observando para otro lado y pasando una mano por su cabello.
Joshua volvió a negar, al parecer no había forma de hacer que Gin la escuchara.
-Creo que ya está. - estaba por levantarse cuando sintió una fuerte punzada en su costilla que lo hizo gemir.
-Maldito mentiroso. -murmuró entre dientes. - Déjame ver. - dijo con sus mejillas algo coloradas.
Joshua abrió sus ojos, antes de que pudiera reaccionar, Gin ya estaba levantando su remera.
Miró para otro lado, sintiéndose un poco avergonzado y aguantando los gestos de dolor.
-Tienes que creerme cuando te digo que yo no tuve nada que ver con eso, Ginny. - usó por primera vez ese apodo en su contra, algo se removió en el interior de Güin.
Gin terminó de poner pomada para su herida, sintiendo la caliente piel del chico en las yemas de sus dedos.
-Sera mejor que vuelva a mi casa, ya es tarde. - se apartó del chico y dejó la caja de primeros auxilios sobre la mesa de la cocina.
- ¿Segura? Puedes dormir en mi habitación si quieres, dormiré en el sillón. - señaló.
Gin negó.
-Shua, no confundas las cosas. Esto no cambia nada de lo que somos ahora. - lo miró fijo a los ojos, tratando de decir algo más. - Buenas noches.
Salió rápidamente de la casa antes de que dijera alguna otra tontería.
Tenía que repetirse a sí misma la última frase.
Nada había cambiado.
Joshua y ella ahora eran desconocidos.