- ¿Que mierda estas diciendo? - le gritó Gin a Nicky. - ¿Acusarlo de ladrón? ¿Por qué? - exclamó.
-Tú lo sabes mejor que nadie Gin, este tipo de personas lo único que hace es meterse a tu vida para conseguir cosas a su favor. - apuntó para el lugar donde Joshua se había ido.
- ¡Él no tenía tu reloj!
- ¿Cómo estas tan segura? ¿Cómo puedes poner las manos en el fuego por él?
Gin tragó saliva, no podía hacerlo.
- ¿No somos estudiantes de Derecho? - alzo una ceja. - No puedes simplemente venir aquí y acusar una persona de ladrón sin tener pruebas concisas de lo que estas señalando. - la rodeó mientras que hablaba.
-Él dijo que mi reloj era lindo justo antes de que desapareciera. - Nicky ya comenzaba a ponerse nerviosa.
-Bien, pero yo creo haberte escuchar hoy alabar muchas prendas de otras personas. Incluso dijiste que mi vestido era el mejor de la noche. Y no creo que tu comentario allá querido hacer referencia a querer robármelo. - se encogió de hombros. - Pero si nos llevamos por tu lógica… Hace unos meses uno de mis vestidos desapareció luego de un evento. Evento en el cual, tu dijiste que mi vestido era hermoso y absolutamente perfecto. - tomó aire. - ¿Debería acusarte por ladrona también?
Todos alrededor estaban que aguantaban el aire, nadie quería dejar salir ni un suspiro.
Gin estaba completamente furiosa, pero eso no evitaba que sus palabras fueran justas, las suficientes para arruinar completamente el plan de Nicky.
-Solo mantenlo alejado de nuestros eventos, él no es lo suficiente como para juntarnos con nosotros y dudo que a tus padres les agraden la idea de verlo cerca tuyo. - dijo para finalmente darse vuelta y caminar para el lado contrario donde estaba Gin.
La chica soltó todo el aire que estaba conteniendo, por fin sintiéndose un poco más liviana.
Debía alcanzar a Joshua, debía verificar si él se encontraba bien.
Sus pies se movieron solos fuera de la casa y luego salió directamente a la calle, esperando encontrar a Joshua en algún lado.
Rezaba para que no se haya subido a un taxi.
También agradeció que los fotógrafos ya se habían ido a sus casas hace un rato largo.
La calle estaba completamente vacía, no pasaba ni un alma.
Apenas se escuchaba la música de adentro, que había vuelto a ser encendida.
Y entre la oscuridad de las calles, pudo ver a Joshua pateando una lata en el medio de la vereda.
Se acercó a él lentamente, intentando encontrar las palabras para poder hablar.
Gin se percató de que él hablaba por teléfono.
- ¿Enserio? ¿Me dejaste aquí tirado? Se supone que nos íbamos juntos, idiota. - Gin frunció el ceño.
¿A quién le estaba hablando?
Se acercó un poco más a él.
-Más vale que esto valga la pena, acabo de tener la peor noche de mi vida. - suspiró. - Odio a todos estos niños mimados, malcriados e idiotas. Te juro que si pudiera…- frenó su oración cuando escucho el sonido de pisadas detrás suyo, ahí estaba Gin. - Hablamos después. - y con eso corto la llamada.
Gin le sonrió nerviosamente mientras daba un paso más hacia él.
Pero como si fuera un juego, Joshua se alejó más de ella.
-Shua…- alargó.
-Ni siquiera pienses en poner un pie cerca mío. - le escupió. - Aléjate en este momento Brown.
Su ego aun dolía, se sentía horrible.
Lo habían tratado de muchas cosas en su vida, pero nunca de ladrón y eso había afectado a cada organismo de su cuerpo, a pesar de que había dicho que no le importaba lo que decían los demás.
Ahora lo hacía, se sentía mal. Y sabía que parte de eso también era la culpa. Él si había sido un ladrón, él si había entrado a la casa de Gin solamente para robar algo.
Algo que no era un reloj carísimo, pero era algo, al fin y al cabo.
La culpa lo carcomía por dentro, y no había forma de evitar pensar en todas esas cosas horribles.
Gina lo observaba tratando de adivinar cuál sería su próximo movimiento, de intentar saber de qué forma afrontarlo.
Joshua había sido gentil con ella, la había cuidado cuando estaba algo borracha y se había quedado a su lado mientras se recuperaba.
-Shua, hablemos.
- ¿Que? ¿Volverás a acusarme de ladrón? O peor, ¿acaso alguien murió y vienes a llevarme preso? - cuestionó nervioso y enojado.
Gin suspiró y negó con la cabeza.
-Mírame. - pidió con la voz más serena que pudo. - Mírame. - repitió, Joshua lo hizo. - Yo creo en ti, y creo en cada una de tus palabras. - Joshua tragó saliva. - Si me dices que no tomaste el reloj, te creeré. - le sonrió. - ¿Bien?
¿Por qué tanta confianza en él? ¿Por qué ponía las manos en el fuego por una persona que no conocía, que no pertenecía a su clase social y que daba lo mejor de él para llevarle la contra?
¿Por qué estaba haciendo esto?
Joshua terminó bajando la cabeza, no le daba la cara para simplemente hacerse el inocente.
Tampoco podía quedarse parado frente a ella por mucho tiempo más.
Tenía que juntarse con Mattew, tenía que leer los papeles y tenían que conseguir esa información para destruir a los Brown.
-Yo no robé el reloj. - admitió. - Y toda esa gente y tú, se pueden ir al carajo con todos sus millones y sus joyas caras. No quiero saber más nada de ti, Gin. - dijo fuerte y claro. - Te lo digo una vez más… Yo te odio. - moduló y se fue caminando por la oscuridad de aquel barrio costoso.
Gin no se movió de su lugar, se quedó ahí viéndolo desaparecer entre la niebla.
No podía obligarlo a que la escuchara y tampoco podía obligarlo a que entienda que ella estaba de su lado.
¿Por qué Joshua era así? ¿Porque sus ojos se veían tan tristes, decepcionados y apagados ahora si cuando le estaba contando de las fiestas a las que iba estaba hasta risueño?
¿Cuál era el verdadero Joshua? ¿Qué cara le estaba mostrando a ella?
(...)
La fiesta había quedado atrás, todo había quedado atrás.
Gin estaba sentada frente a sus padres, observándolos fijamente mientras estos leían las noticias en los portales.
Estaban algo felices que incluso los lugares de moda habían hablado sobre ella.
Todo había salido justo como ellos querían, su popularidad había subido e incluso los jóvenes estaban hablando sobre la familia Brown y su círculo de amistades de oro.
La casa había quedado impecable después de horas y horas de los empleados dejando todo limpio.
Y ahora ellos estaban compartiendo un caro desayuno mientras que las acciones de Gin eran juzgadas.
Era un domingo tranquilo en la vida de los Brown.
Un domingo donde eran ellos tres.
-Escuché que la hija de los Cooper se separó de su novio. - dijo su madre.
Por supuesto que esos chismes también llegarían a sus oídos.
-Así es. - respondió Gin. - Pero conoces a Kim y a Ben, volverán cuando se enteren que sus padres no les dará más dinero si siguen con ese tipo de escándalos. - respondió el padre, que, a diferencia de la mujer, leía el periódico físico.
Gin rodó los ojos y siguió comiendo su famoso cereal auto mezclado por ella.
Se había puesto algo contenta cuando los encontró en el súper el otro día.
-No daré más fiestas. - soltó la bomba después de un largo silencio.
Los señores Brown dejaron a un costado lo que estaban haciendo para fruncir el ceño y observar a su incompetente hija.
- ¿Que tú qué? - cuestionó la mujer.
Gin mantuvo su mentón levantado.
-Eso. Decidí que no daré mas fiestas a mi nombre. - había estado toda la noche preparando las palabras para decir cuando este frente a sus padres, y ahí estaba ella, con su pierna moviéndose de los nervios y su voz temblando un poco cuando trataba de hablar.
-Bueno, eso es algo que tú no tienes que decidir. - habló Jadeen Brown.
-En realidad sí. - se rio. - Es mi nombre el que están usando.
Alisa soltó un suspiró y se sacó sus lentes de lectura.
-A ver, explícame… ¿Por qué querrías dejar de hacer estas fiestas? Son divertidas.
-Nunca fueron divertidas para mí. - contestó rápidamente. - Seguiré haciendo todo lo que ustedes quieran en la universidad y en sus eventos, pero no quiero nunca más tener que hacer fiestas con esa clase de gente. - determinó.
Los padres de Gin compartieron miradas, que su hija esté dispuesta a hacer otro tipo de cosas por ellos después de todo estaba a su favor.
Quizás podían dejar de hacer fiestas, pero usarían la imagen de Gin para otras cosas.
- ¿Esto es acaso por el reloj robado de tu amiga? - cuestionó Alisa. - Le compraremos otro, no importa. - se rio. - ¿Quieres que pongamos más seguridad para que nadie que no sea invitado entre? Lo haremos. Sé que te desagrada la gente que no está a tu nivel. - ambos compartieron una carcajada.
Gin se levantó furiosa de su lugar y rodó los ojos.
-Es justo la gente de nuestro nivel la que no puedo soportar ver. - y después de eso subió las escaleras a su habitación.
¿Cuándo tomarían sus opiniones en serio? ¿Cuándo dejaría de ser solamente un muñeco que podían manejar de un lado para otro?
Estaba tan cansada de sus padres, de su vida y de todo lo que le hacían hacer.
Pero juraba nunca más realizar una de esas fiestas.
Nunca más pondría en peligro a gente como Joshua.
Se tiró sobre su cama y ahogo su cabeza en la almohada, soltando un grito que fue apagado por el objeto.
A veces simplemente deseaba desaparecer de ese lugar, a veces deseaba ser un poco como Joshua.