Gin llegó a la universidad aquel lunes como si fuera cualquier otro, la gente que se cruzaba la felicitaba por la buena fiesta que había montado y preguntaba cuando seria la otra.
Las demás personas solo le deseaban suerte para el importante examen que entregarían hoy, el examen por el cual se había estado preparando por días enteros quemando sus pestañas para poder recordar todo.
Las notas serian dadas hoy, si sacaba la mejor nota y tomaba el primer lugar, sus padres iban a permitir que ella ya no tuviera que estar como anfitriona en esas fiestas que tanto odiaba.
Era pan comido, por supuesto que ella estaría primera.
Aquellos días estaba un poco distraída, se acercaba el aniversario de muerte de su hermana mayor, y eso la tenía triste y desanimada.
Su hermana mayor, Abba, había fallecido hace unos años atrás, era algo que había marcado mucho a Gin ya que eran muy cercanas.
El aniversario de su muerte se acercaba, y como siempre, sus padres estaban organizando un evento para ello, lo que le parecía un poco hipócrita ya que Abby siempre había estado en contra de esos eventos y todo lo que involucrada la política.
Nunca la escucharon mientras estaba viva, ¿por qué lo harían cuando la pobre estaba muerta?
Y eso es un poco lo que molestaba a Gin, ¿también harían de ella un show cuando muriera? ¿Todo para ellos tiene que ver con su vida como políticos?
La muerte de su hija mayor fue un golpe para su campaña, muchas preguntas… muchas cosas que no estaban resueltas.
Gin sacudió su cabeza, enviando esos pensamientos lejos cuando se dio cuenta que estaba parada en la puerta de su salón.
Tomó aire, se repitió en su cabeza varias veces que todo saldría bien y que solo tenía que fingir lo que todos esperaban de ella.
Pero primero tenía que pasar por la charla con sus amigas, que ya la rodeaban con los brazos cruzados.
-Gin, cariño. - habló Janet. - ¿Cómo has pasado tu fin de semana después de la fiesta? - preguntó Kim.
-Bueno ya sabes, relajante. - mintió. - Las fiestas como esas siempre me ponen de buen humor. - les sonrió.
La amistad entre ellas era tan falsa, todo lo que decían no tenía ni un gramo de sinceridad o interés por la otra.
Era una amistad tan horrible, que Gin comenzaba a sentirse hasta cómoda.
A nadie le interesaba la vida de la otra, pero tenían que fingir que si lo hacía.
-Oh Gin, sobre lo que paso en la fiesta…- comenzó a decir Nicky. - lo siento si te hice enojar, no fue mi intención. - se disculpó.
Gin volvió a sonreír y puso su mano sobre el hombro de la chica.
-Tranquila, lo siento si fui un poco ruda también. - había tanta falsedad en cada una de sus palabras.
-Bien entonces… ¿Estamos bien de nuevo?
- ¡Por supuesto! - respondió. - ¿Para qué están las amigas?
Las tres chicas sonrieron alegres, sacándose un peso de encima.
Claramente, algo que no querían ahora, era tener a una Brown en su contra.
- ¿Qué te parece si festejamos yendo a comprar ropa? - sugirió Kim.
Gin asintió.
-Bien, debo entrar a mi clase chicas. - señalo.
-Oh si, suerte Gin. - después de darle una última sonrisa, desaparecieron.
El recién nombrado suspiro.
Tomó el pomo de la puerta y se quedó unos largos segundos ahí, tratando de controlar su respiración.
Sus manos transpiraban y se sentía un poco mareada.
No sabía si su presión estaba bajando o qué, pero tenía que tomar las fuerzas para entrar de una vez a su clase.
¿Por qué tenía miedo? No era algo normal en ella.
- ¿Vas a entrar o tendré que esperar mucho más aquí? - escuchó detrás de ella aquella voz masculina.
Además, el aroma de Joshua inundo sus fosas nasales.
-Oh si, entra. Lo siento.
Joshua paso por su lado, ni siquiera la volvió a mirar o le dirigió la palabra.
Simplemente entró y se ubicó en una de las mesas del fondo.
Gin pestañeo dos veces al darse cuenta que había estado siguiéndolo con la mirada todo este tiempo.
Al parecer él aún estaba enojado con ella, no importaba cuantas veces intentara explicárselo.
Él la odiaba. ¿Lo hacía cierto?
De todas formas, sus pies se movieron rápidamente hasta donde él se había sentado.
Se sentó detrás de él, apoyando su mentón en su mano.
Observó su ancha espalda y su cabello ondulado, estaba tenso, lo podía ver.
Quizás sea su culpa, quizás solo estaba imaginando cosas.
El profesor finalmente entró al aula, cortando con cualquier charla que estaba siendo llevada a cabo.
Nadie estaba respirando, todos seguían con la mirada cada paso que daba el profesor.
Entonces llegó el momento donde las hojas fueron entregadas a los asientos de adelante y comenzaron a pasar los exámenes para atrás.
Joshua estiró su mano para atrás, dándole la última hoja a Gin.
-Suerte en el examen, Shua. - le susurró cuando sus manos se tocaron.
Joshua tragó saliva, pero no contestó.
-El examen comienza… ahora. - el tiempo comenzó a correr y solo se escucha el ruido de las hojas moverse, los alumnos escribiendo y los nervios a flor de piel en cada uno de los presentes de la habitación.
El examen tendría un gran peso a nivel calificación, si alguien llegara a desaprobarlo, no habría mas oportunidad de recuperarlo.
Es por eso que el aire se cortaba con una tijera dentro de esas cuatro paredes.
No era un problema para Gin en realidad, ella recordaba cada una de las preguntas, ella sabía que tenía que responder, que ley aplicar y con qué palabras explicarlo.
Se podía decir que no fue un examen difícil para ella y fue la primera en terminarlo.
Alzó su vista para volver a observar a Joshua, él escribía y borraba y volvía a escribir.
Estaba demasiado concentrado en el examen, dudando de todas sus respuestas.
Gin quería ayudarlo, quería preguntarle si podía hacer algo por él, pero sabía que eso afectaría a los dos.
Solo deseaba desde el fondo de su corazón que ambos aprobaran.
El horario para el examen finalmente terminó, las hojas fueron entregadas de atrás para adelante y el profesor las recibió en su banco.
-Perfecto alumnos, espero que esta vez no me decepcionen tanto. Las calificaciones estarán por la tarde colgadas en la cartelera de anuncios. - señaló y después abandono el salón.
Así como salió el profesor, Joshua se levantó apurado, también abandonando el lugar de una forma veloz.
Gin se levantó, dispuesta a seguirlo y a poder entablar una conversación con él, pero antes de poder hacer algo de eso, unas manadas de estudiantes se acercaron a ella para preguntarle cosas sobre el examen.
La rodearon y se amontonaron para poder estar lo más cerca de Gin.
- ¿Que pusiste en la segunda pregunta?
- ¿Esta bien aplicada esta ley?
- ¿Escribiste mucho en la última?
- ¿Cómo sé si está bien esta pregunta?
Las palabras no terminaban de llegar, todas esas preguntas que la estaban abrumando y que la descolocaron.
Agitó su cabeza para poder concentrarse una vez más, en ser la buena compañera que todos querían y respetaban.
Tomaba las hojas de apuntes de los demás y marcaba cosas, explicándoles las respuestas del examen y diciéndoles que tan errada estaba su respuesta.
Así con cada uno de ellos, hasta que la dejaron libre.
Soltó un suspiró y tiró su cabeza hacia atrás, buscando un segundo de tranquilidad.
Pero no podía simplemente descansar, tenía que encontrar a Joshua y tenía que hablar con él.
Quizás él simplemente estaba algo nervioso por el examen y por eso no quiso hablar con ella hace unas horas, lo entendía. Ella tampoco buscaba desconcentrarse en esos días.
Ahora que el examen ya había pasado, seguramente podían mantener una conversación y volver a lo que eran antes de todo ese escándalo.
Salió y comenzó a caminar en círculos, recorriendo toda la universidad en busca del pelinegro, ¿dónde se había metido?
Incluso fue a aquel lugar secreto donde habían estado, tampoco estaba ahí.
Frunció el ceño, ¿quizás estaba en la cafetería?
Caminó de regreso a ese lugar, si no estaba ahí, aunque sea se podía comprar un té para bajar un poco los nervios de tener que esperar la nota del examen.
Efectivamente, Joshua estaba ahí.
Sonrió cuando lo vio, dispuesta a caminar hacia él y arreglar las cosas entre ellos.
Pero lo siguiente, fue en cámara lenta para sus ojos.
Joshua estaba caminando con su café en la mano, haciendo sonar su cuello y con los ojos cerrados cuando una chica se cruzó en su camino y casi chocan, si no fuera porque los reflejos de Joshua fueron lo suficientemente rápidos para agarrarla en el aire y sostenerla por la cintura.
Era toda una maldita escena de algún drama horrible y cliché, Gin se sentía como una extra en aquella cafetería.
Las luces, las miradas, todo estaba sobre esos jóvenes que se miraban intensamente algo ruborizados.
Se dijeron un par de palabras, pudo ver esa estúpida y perfecta sonrisa en Shua, la misma que le había dado a ella tantas veces antes de todo el desastre.
Y después cada uno siguió por su camino.
Gin suspiró.
Comenzaba a darse cuenta que Joshua no tenía ningún problema por estar pensando en el examen o por su situación, entendía que ninguno de sus problemas afectaba el trato que tenía a con ella.
Joshua simplemente la odiaba, y debía comenzar a aceptarlo.
Soltó el aire que sus pulmones estaban conteniendo y comenzó a caminar de regreso hasta la puerta del salón, donde la cartelera de anuncios iba a decirle, aunque sea una buena noticia en el día.
Su nombre iba a estar primero en la lista y podía irse feliz a la casa de sus padres a anunciar que nunca volvería a dar otra fiesta.
Había llegado el momento, la secretaria del profesor salió con la hoja y la pegó al cartel.
Los alumnos se acercaron rápidamente para corroborar si estaban aprobados o no.
Los murmullos comenzaron inmediatamente luego de que las primeras personas se enteraran quien estaba en el primer puesto.
Gin frunció el ceño, pudo ver de reojo como la gente hacia paso para dejar a Joshua llegar junto a ellos.
Gin iba a cortar con toda esa curiosidad, ya le había dado tiempo suficiente a los demás para ver su nombre y que su ego aumente.
Subió y subió por la lista, solo como un rito como hacia cada vez que alguna calificación era revelada.
Su respiración se frenó al ver los dos primeros puestos.
-No…puede…ser…
En el cartel, con letras mucho más que claras, estaba escrito lo siguiente:
2- BROWN, Gin
1- Taylor, Joshua.