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2266 Palabras
A Gin le aterraba un poco la idea de conducir.  Si bien había obtenido su licencia a los dieciséis, no lo hacía muy seguido.  Porque no le gustaba manejar, le estresaba la idea de tener que hacerlo.  Tampoco es que tuviera un chofer personal, ella prefería simplemente viajar en transporte público.  Cualquier cosa era mejor que ser conductora.  Pero hoy sabía que no iba a poder hacerlo.  Habían salido varios artículos de lo que fue el aniversario de la muerte de Abigail Brown y del escándalo que había armado la hija menor de los políticos en cuanto a los invitados y algunos reporteros.  No era una buena idea viajar en transporte, por lo que simplemente agarro las llaves de su coche.  En realidad, tampoco tenía que hacer nada concretamente fuera de su hogar.  Pero no quería estar ahí.  Tenía que regresar a su departamento en la universidad, Blue la había invitado a ver unas películas así que ella correría hacia ahí.  Sus padres aún no habían tenido la charla con ella y seguramente estaban buscándola por todas partes para gritarle, amenazarla y quitarle cosas hasta que se disculpara con la prensa.  Pero esas cosas no iban a pasar, Gin se negaba a ser obligada a pedir disculpas.  Así que se paró frente a su auto y abrió la puerta del garaje.  -Seras mi salvacion por esta vez.- le hablo al auto n***o y prendió el motor.  No pensó que se encontraría con todas esas personas fuera de su casa cuando el portón fue abierto para ella.  Los reporteros rodearon el auto rápidamente para llenarla de preguntar.  Gin agradece haberse puesto los lentes antes de salir, porque el flash terminaría lastimandolos.  Aquellas personas no parecían estar conscientes que se estaban colocando literalmente delante de un auto en movimiento y que las cosas hubiesen podido salir muy mal si no era porque Gin apretó fuerte los frenos.  -Gin, ¿No pedirás disculpas por el escándalo del evento?  -Señorita Brown, ¿a donde está yendo?  -¿Por que no se la ha visto con su novio?  -¿Se cree capacitada para conducir?  -¿Como esta después del aniversario de su hermana?  Todas las preguntas que abombaban su cabeza, todos esos periodistas buscando fotografiarla y alguna palabra.  Ella no era una celebridad, ella no quería salir en las revistas.  Ella simplemente quería dirigirse a su departamento, y ponerse a ver alguna triste película junto a  su amiga.  ¿Es que era tan difícil?  Tocó la bocina varias veces y uno de los hombres que trabajaba para la seguridad de la casa abrió paso y corrió a las personas de un lado para otro.  Gin se despidió con la mano de las personas y emprendió su camino.  Pero por supuesto que la iban a seguir.  -Malditos hijos de…- susurró mientras arreglaba el espejo retrovisor.  Tragó saliva y empezó a intentar marearlos, se metía y salía por calles peligrosas y que solo los hacía girar en círculos hasta que se cansaron y finalmente la dejaron sola, marchándose para otro lado.  Gin soltó todo el aire que estaba conteniendo y frenó en aquel lugar.  Apoyó su cabeza sobre el volante, simplemente esperaba que todos olvidaran de su pequeño ataque en el evento, que dejaran de preguntarle por esas cosas y que sus padres no quieran hacerle la vida imposible por eso.  No era algo tan difícil lo que pedía.  Que alguien la entendiera… que alguien se pusiera en su lugar.  Quizás por eso estaba estacionada frente a aquella tienda de convivencia.  Quizás por eso estaba esperando verlo.  Ahí había terminado ella nuevamente, viéndolo atender a la gente por la enorme vidriera.  Viéndole sonreír a los niños que le compraban dulce y despedirse amablemente de todas las personas que iban a comprarle.  Solto un suspiró y se sacó el cinturón de seguridad.  Intentó decirse que estaba ahí para conseguir dulces para su tarde de películas con Blue y no por que su instinto la condujo hasta ahí.  La puerta hizo un poco de ruido cuando fue abierta por ella, pero Joshua no se dió cuenta de eso por andar cobrándole a un señor. Gin se movió ágilmente entre las góndolas, llenando su pequeño canasto con cosas deliciosas y dulces para poder mejorar su fin de semana antes de volver a sus clases.  Sonrió cuando escuchó a Joshua responderle a un bebé usando una tierna voz.  Se quedó dando vueltas en el lugar, como si fuera lo suficientemente grande para no ser encontrada por nadie.  En ese lugar se sentía un poco más libre de lo que era afuera.  Sin cámaras apuntando a su rostro, ni personas obligandola a responder preguntas que ella no quería.  Estaba tomando un jugo de naranja para meter en sus compras y escuchó como la puerta cerraba, dejando un silencio en el lugar acompañado de esa música de ascensor que era monótona pero relajante.  -¿Hasta cuando te esconderas? Estás dando vueltas hace casi una hora.  Gin cerró sus ojos y frunció sus labios, observó rápidamente su reloj. ¿Había estado haciendo eso por casi una hora?  Se dió vuelta para encontrarse con Joshua que la observaba de brazos cruzados. El uniforme, que era una camisa con su nombre pegado, le quedaba muy bien, ceñía su cuerpo perfectamente y marcaba sus brazos y pecho.  Realmente se veía bien.  -¿Cómo te diste cuenta? - le preguntó.  Joshua sonrió de lado.  -Tu costoso perfume se huele aunque estés a un kilómetro de distancia, Gin.- contestó como si fuera obvio.- ¿Crees que no te reconocí?  Gin sonrió tímidamente y bajó su cabeza, como si el canasto le estuviera contando una historia muy entretenida.  -¿No deberías estar atendiendo la caja? -¿Ves a alguien aquí a parte de ti?- preguntó, apoyándose en la puerta de la heladera.- ¿Qué es lo que te cuesta tanto decidir? ¿No sabes si comprar caramelos o chocolates?- dijo gracioso.  Al parecer hoy estaba de humor, pensó Gin.  Aunque sea él no la estaba echando, diciéndole cosas feas o quien sabe que.  Eso le hizo pensar a Gin que había elegido bien ese lugar como su refugio.  -No sabia que este lugar tenía un limite de estadía.- alzo una ceja, mientras esquivaba su mirada divertida.  Joshua negó con la cabeza.  -No lo hay, puedes quedarte el tiempo que quieras. -Entonces ¿por qué me estás vigilando?  -El lugar está vacío, tengo que cuidar que no te robes nada.- soltó. Gin sintió la mirada acusadora sobre ella y alzó sus ojos.  -Shua…- quiso empezar, pero el chico negó nuevamente con su cabeza. -Me llegó información de las cosas que dijiste cuando me fui, eso de poner las manos en el fuego por mi y todo eso.- parecía algo avergonzado.- Así que supongo que puedo dejarlo pasar. Gin sonrió. -Enserio yo nunca pensé así de ti. Nunca serías capaz de robarme algo. Joshua se acercó un poco hacia ella, encerrandola contra una de las heladeras y ladeando su cabeza.  -¿Que te hace pensar eso?- le susurró.- ¿Que te hace pensar que yo no puedo lastimarte?- preguntó con esos ojos que brillaban iguales a los de un ciervo.  Al contrario de la intención de Joshua, Gin sonrió y también acercó su rostro inocentemente hacia el contrario.  -No lo sé, solo sé que puedo hacerlo.- suspiró.- ¿Estoy haciendo mal? Joshua tragó saliva y se alejó. -No lo sé.- respondió finalmente.- ¿Quieres que te sirva un café?- preguntó, intentando cambiar el tema. -¿Por qué te preocupas por mi ahora? Me gritaste que me odiabas.- dijo algo curiosa, un poco desconfiada de lo que estaba escuchando.  Joshua se dió vuelta y comenzó a caminar hasta detrás de la caja registradora, donde estaba la máquina de café.  -No me preocupo por ti.- negó rápidamente, tomando un vaso descartable.- Pero puedo ver tus ojeras y noto claramente que no dormiste bien.- finalizó, entregandole la bebida caliente. Gin alzó una ceja y corrió su cabeza hacia la pantalla que estaba en la caja, donde se veía claramente una imagen de ella en uno de los artículos.  Volvió su mirada hacia Joshua y aceptó la bebida caliente.  -Si, seguro…- susurró, soplando el café.  -Bien, quizás haya leído un poco. Lamento lo de tu hermana.- rascó su nuca, sirviéndose un café para él mismo.- Seguramente lo escuchaste mucho estos días.  Gin sonrió débilmente, era cierto. Ya lo había escuchado, pero el de Joshua era el primero que se sentía sincero.  Era triste que justo la persona de la que mas le llegaba ese sentimiento, sea alguien que la odiaba a ella y a su familia.  -Gracias por esto Joshua, debería irme.- se encogió de hombros.- Llevare esto.- puso la canasta sobre la caja y el chico comenzó a hacer su trabajo.  -Gin…- comenzó a hablar Joshua, como si estuviera buscando las palabras exactas para decirle.  -Estoy bien Shua.- le sonrió una vez más, pero el chico pudo ver aquel quiebre en sus ojos.- Solo tengo que ir a descansar un poco.- suspiró.  Joshua comenzaba a desesperarse, quería saber que hacer o qué decir.  Sus manos no dejaban de moverse, pasando las cosas que la chica había comprado.  Al final simplemente le entregó su tarjeta de crédito.  -No creo que necesites mi identificación, veo que conoces bien mi apellido.- dijo señalando la pantalla de la computadora.  Joshua negó con la cabeza.  -¿No quieres ir a la biblioteca? Te puedo enseñar ese tema que te hizo quedar segunda en el examen.  Gin lo fulminó con la mirada, tomando la bolsa.  -¿Ahora también haces chistes?-  rodó los ojos.- No estoy tan seguro de cuánto quiera aceptar esas clases.- remarcó la última palabra.  Ellos se quedaron observando el uno al otro por un largo rato, se quedaron en su mundo tanto que no escucharon como la puerta se abría de un momento a otro.  -Hey, estoy mandandote mensajes hace un largo rato Joshua.- al escuchar la voz de una mujer, Gin se giró.  Era la chica de la cafetería, la que Joshua había chocado accidentalmente.  Ella, con su cabello rizado, entró a la tienda y le sonrió al chico, casi ignorando a Gin que estaba ahí. De repente se sentía un extra en el lugar, ella ni siquiera la vio cuando paso frente a sus narices. -Oh, Emma.- la voz de Joshua salió algo entrecortada.- Lo siento, estaba atendiendo.- señaló a la chica enfrente a él.  La tal Emma la observó y abrió sus ojos sorprendida.  -Lo siento, no te vi.- dijo apurada.- ¿Eres Gin Brown?- frunció el ceño.  Gin asintió un poco incómoda.  -Si. -Oh wow, he visto tu rostro toda la mañana.- sonó graciosa, pero a Gin no le causaba mucha gracia.- En fin, ¿se supone que vamos a ir a cenar o…?- dejó la frase en el aire, esperando que Joshua la terminara.  El chico tragó saliva, se había olvidado completamente de esa cena con Emma, siendo sincero, por su cabeza no podía pasar otra cosa cuando se trataba de Gin con los ojos llorosos.  Joshua y Emma se habían conocido en aquel accidente, Joshua se la había llevado por delante pero sus reflejos fueron más rápidos y pudo atraparla antes de que cayera.  Después de eso se dio cuenta que Emma concurría a la misma clase que él y simplemente comenzaron a charlas.  Ella era una chica muy extrovertida y revoltosa, siempre con algún chiste para decir y con una personalidad muy alegre.  Rápidamente habían acordado para salir y pasar un buen rato.  Y Joshua estaba algo contento de eso, porque Emma le caía muy bien pero ahora… Giró su cabeza hacia Gin que se encontraba tan indefensa como siempre, observándola con una sonrisa tímida, las bolsas en sus manos y un gesto de incomodidad. Había tenido una semana difícil, pero ahí seguía ella tratando de sonar gentil con la gente que ni siquiera conocía.  Porque eso era lo que le habían enseñado desde chica, las apariencias eran lo que más importaba y tenía que crear una buena impresión en cualquier persona que llegará a su vida.  -Mm Emma, creo que vamos a tener que canc…- antes de que pudiera decir algo más, Gin de les adelantó y le sacó de la mano su tarjeta a Joshua. -Nos vemos chicos, espero que pasen una linda noche.- dijo lo suficientemente fuerte para que lo escucharan y simplemente abandonó la tienda.  Joshua le siguió el paso hasta que cerró la puerta, donde pudo ver como ella se quedaba parada unos largos segundos frente a su auto antes de finalmente entrar en él.  Justo como hizo cuando llegó hace una hora, apoyó su cabeza en el volante y soltó todo el aire que tenía contenido en su interior.  Joshua la había visto cuando llegó ese día, la había seguido con la mirada aunque ella no se había dado cuenta, había buscado el momento exacto para acercarse a ella.  -Wow, no se ve tan intimidante como en la universidad.- Emma rompió su concentración.  Emma esperaba pacientemente sentada en la caja registradora a que el chico saliera de su trance.  -¿A qué te refieres?- preguntó gracioso.  -Ya sabes, todo eso de ser una Brown. Pensé que sería más difícil de tratar.- explico con las manos.- Además, bueno, veo que ya estuviste leyendo.- señaló la computadora, Joshua pensó que debía dejar de usar la computadora en el trabajo.- Pero ella ha creado un alboroto para tu familia.- negó con la cabeza.- ¿Ustedes son amigos? Joshua negó con la cabeza, jugando con una moneda.  -No, apenas la conozco…- mintió.  (...) 
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