(...)
Abigail estaba tirada sobre el pasto del patio, pasto tan falso como la buena relación de su familia. Y eso daba un poco de gracia ahora que lo pensaba.
Sus padres estaban dando una entrevista adentro, y la habían mandado ahí para que no molestar a nadie, claro que sus padres habían dicho frente a los periodistas que querían que su ¨hija mayor fuera a disfrutar del bonito día¨
Ellos solamente no querían que ella arruinara su fachada.
Habían sido varias veces los que habían salido palabras de la boca de Abigail que arruinaban parte del discurso que sus padres habían aprendido de memoria, o que hacían que las atenciones se desviaran a otro.
Eran por esas razones que Abigail era dejada de lado en esas ocasiones.
La mejor estrategia era usar a alguien más ingenuo e inocente, alguien más fácil de manejar.
Por supuesto, esa era su pequeña hermana menor, Gin.
Gin tenía unos años menos que ella, recién había empezado la primaria y ya formaba parte de las campañas de los Brown.
Siempre tan perfecta, siempre tan correcta.
Sus padres habían logrado moldearla hasta que la transformaron en lo que ellos más querían.
Era algo que la ponía tan furiosa.
Le estaban quitando la infancia de la misma forma que se la habían quitado a ella años atrás.
La gente finalmente abandonó el lugar, y Gin corrió hacia ella, tapándole la vista al cielo.
- ¡Abby! - la llamó con toda la felicidad del mundo, mostrándole esa sonrisa sin un diente, razón por la cual había recibido dinero la noche anterior. - Mira, tengo un nuevo bebé. - le mostró alegremente aquel nuevo obsequio que sus padres le habían regalado.
Abigail sonrió, a pesar de que ella no había recibido ninguno, a pesar de haber sido olvidada nuevamente. -
- ¡Wow Gin! Es muy lindo. - dijo sosteniendo en sus manos el oso de peluche. - ¿Que nombre le vas a poner?
Su hermana menor pareció pensarlo unos segundos, antes de finalmente dar un pequeño saltito.
- ¡Pepe! Se llamará pepe.
Los Brown le regalaban a Gin un peluche cada vez que hacia bien las cosas.
(...)
- ¿Para qué tienen oídos si no escuchan? Se los vuelvo a repetir, ¡No usaré eso! - exclamó Abigail.
La preparatoria había empezado para ella, uno de los peores momentos de su vida.
Ella ya estaba creciendo y cada vez se les hacía más difícil manejar a su hija adolescente.
Además de eso, Abigail tenía que convivir todo el tiempo con reporteros, con otros adolescentes que trataban de hacerla sentir mal y profesores que la trataban bien solo por su apellido.
Era un infierno solamente recurrir a clases, pero ahí estaba ella, luchando por sí misma.
Luego había ciertas fechas, donde ella simplemente no podía escapar de su apellido y de todo lo que significaba.
Los bailes en la preparatoria era una de esas cosas que no podía simplemente esquivarle.
Tampoco a su madre y a todo un equipo de diseñadoras que probaban uno tras otro vestido de gala.
-Abigail, ¿puedes ser una buena hija por primera vez en tu vida? Necesito que te comportes. - dijo Alisa.
-Pues yo necesito que me escuches por primera vez. No me disfrazare de payaso para seguir con tu circo. - escupió. -
-Pueden marcharse, yo terminare de arreglarla. - le dijo la mujer al equipo que las acompañaba, dejándolas solas en esa fría habitación. Alisa se acercó hasta Abigail y tomó con sus dedos el mentón, haciendo que suba su cabeza. Abigail sentía los fríos dedos de su madre siendo clavados en ella. - No me la hagas más difícil Abigail, harás lo que yo te diga de una maldita vez. - moduló.
Abigail tragó saliva, aguantando su respiración por largos segundos.
- ¿O si no que? - se atrevió a decir.
Su madre la soltó, empujándola y haciendo que pierda el equilibrio.
-Sabes que si no me haces caso la única persona perjudicada será tu pequeña hermana menor…- Alargó.
-Dejen en paz a Gin, es solo una niña maldita sea. - volvió a levantarse.
-Ponte ese vestido y se una buena niña hoy y no tendrás problemas. - volvió a repetir.
Abigail pasó sus manos por su cabello, tratando de mantener su calma.
- ¿Hasta cuándo piensan que podrán manejarnos? ¿Hasta cuándo seremos sus títeres?
-Hasta que se nos dé la gana. - repitió, quitándole importancia, y acomodando su ropa frente al espejo.
Abigail soltó una risa sin gracia.
- ¿Crees que la gente los seguiría apoyando si supieran la clase de basura que son con sus hijas? ¿Si te enteran como quieres manejarnos? ¿De cómo quieres estar en cada maldito detalle de nuestras vidas?
Alison subió el cierre del vestido de Abigail, ahora si se veía como una digna de portar el apellido Brown, ahora se veía como alguien respetable.
- ¿Es una amenaza, Abigail? - cuestionó. - ¿Y quién te creerá? ¿Quién le creerá a la pobre hija mayor de los Brown que es constantemente opacada por una niña años menor? - se burló. - Dirán que estas resentida por vivir en las sombras de Gin. - le susurró en el oído, acariciando su cabello mientras las dos observaban el espejo.
El ambiente era tenso, no circulaba ni una gota de aire.
Las palabras que llegaban como susurros para Abigail retumbaban en su cabeza.
-Mamá…- le susurró, un poco aterrada de la persona a su lado, se sentía frio.
Sus palabras iban únicamente con la intención de lastimarla, de hacerla sufrir.
Buscaba atacarla psicológicamente, y estaba lográndolo completamente.
Tenía razón, ella era solo la sombra de Gin, formaba parte de un pequeño lugar en el mundo mágico de su hermana menor.
-Tranquila hija… Sé exactamente cómo lograr que no seas solamente un cero a la izquierda. - le sonrió. - Todos hablaran de lo hermosa que estas cuando llegues al baile, todos hablaran de tu belleza y de tu inteligencia. Entraras a la universidad de derecho y serás la primera estudiante en todos los exámenes. Todos querrán rodearte, todos querrán estar contigo. - hablaba aun en susurros, aun acariciando su cabello. Tratando de hipnotizarla. - Todos estarán felices solamente de verte. Esa serás tú, esa será tu nueva Abigail. Es tu momento de brillar, no de Gin, solamente tu…
-Solamente yo…- murmuró Abigail frente al espejo.
(...)
Aquel espejo que tanto la había visto sufrir ahora estaba partido en millones y millones de pedazos.
La habitación era un completo desastre.
Los cuadros estaban tirados, cualquier rastro de orden había desaparecido.
Aquella habitación no parecía siquiera habitable.
Abigail había enloquecido completamente.
No había logrado entrar a la universidad, todo el mundo hablaba del gran escándalo de la hija mayor de los Brown siendo una completa inútil.
Todos la observaban decepcionados, como si hubiera cometido el peor de los crímenes.
Esto la estaba haciendo perder toda su mentalidad.
Las cosas seguían siendo rotas por ella, arrojaba todo lo que podía al piso, en un ataque de furia.
Estaba fuera de sí, quería desaparecer.
Todo por lo que había estudiado, todo por lo que se había esforzado…
Se escurría de sus manos como granos de arena, no la habían aceptado. Ella no era lo suficiente para esa universidad.
- ¡Abigail! ¡Abby! ¡Abre por favor! - desde el otro lado de la puerta cerrada con cerrojo, Gin golpeaba y golpeaba completamente desesperada, se podía escuchar su llanto y su agonía. - ¡Abby por favor, hablemos! - seguía escuchando la voz de su hermana pequeña.
Oh, su perfecta hermana pequeña
No podía sentir lastima por ella.
No podía sentir lastima por nadie.
Ella vivía un infierno.
(...)
Volviendo a la actualidad, todos en la familia Brown estaban usando n***o.
Sus ropas oscuras le recordaban al mundo que estaban de luto.
Otra vez el aniversario de la muerte de su hermana estaba ahí para recordarle lo perfecta que tenía que ser siempre.
La última vez que había visto a Abby fue hace cinco años, aun recordaba su mirada perdida y sus ojos tristes, pero también recordaba vez un poco de enojo en ellos… Una sensación extraña que no podía entender.
Sus padres la habían encontrado sin vida en su cuarto días después de eso, su vida se había acabado.
Para todos habían sido días difíciles, habían sido días de pensar y pensar como debían seguir después de eso.
Para Gin, fueron los peores días de su vida.
Había perdido al modelo de lo que deseaba ser, a la única persona que le dejaba ser quien era verdaderamente sin ninguna excusa.
Era Abby quien siempre corría hacia ella cuando la escuchaba llorar o cuando no podía estudiar más, cuando ya su cuerpo pedía un descanso de todo, era su hermana quien la acostaba y acariciaba su cabello hasta que se dormía.
Había perdido todo eso de la noche a la mañana, y nunca se iba a poder perdonar por eso.
Por no haber podido salvarla.
Quizás las cosas hubieran sido diferentes si ella no hubiera nacido.
Todo el mundo sentía lastima por ella, se le permitió faltar a todo lo que faltaba del semestre, sus notas fueron aprobadas, todos iban a visitarla y trataban de animarla.
Ella solamente quería hundirse en la cama y descansar.
Pero claramente, eso no podía hacerlo.
Tenía que seguir dando la cara por su familia, por los Brown.
Aun tenía que ser la hija perfecta.
Hace cinco años, sus padres estaban buscando tener una posición estable en la política, la opinión del publico era lo que más les importaba (igual que en el presente)
Es por eso que el funeral fue un gran evento, donde no faltaron las cámaras y donde Gin sufrió demasiado por no poder despedirse correctamente de su dulce hermana.
Incluso esas cosas le habían arrebatado sus padres.
Ni siquiera pudo ver una última vez a su hermana, por culpa de esos tontos periodistas y por la culpa de los Brown.
Pero ahí estaban ellos nuevamente, en el evento ¨Abigail Brown¨
Un evento que sus padres hacían todos los años para recaudar fondos para los más necesitados, era el aniversario de su hija mayor y era la mejor manera de recordarla.
O esas eran sus sucias mentiras para quedar bien con el público.
Los Brown no hacían nada por el bien de los demás, cada una de sus decisiones eran planteadas para que de esa forma ellos sean los que se ven más beneficiados.
Y eso era algo que únicamente Gin sabía perfectamente.
Pero de todos modos estaba ahí, completamente elegante, saludando a los invitados y recibiendo palabras alentadoramente falsas, como las que había estado a escuchar por mucho tiempo.
-Ella está en un mejor lugar.
- ¿Fue un año difícil, ¿no?
-Tranquila, eres fuerte… Superaras esto.
Así de fácil era para ellos.
Luego entrarían allí, pondrían un gran fajo de dinero para la recaudación y se ocuparían de que su rostro saliera en todos los medios de comunicación como una gran persona que colaboro con los necesitados en el evento en memoria de Abigail Brown.
Todos eran iguales.
Gin rodó los ojos mientras que caminaba por el patio del lugar que habían alquilado para el evento.
Pudo ver una foto de su hermana, rodeada de flores.
Se quedó parada frente de eso, observando cada facción en el rostro de Abigail.
Mostraba una sonrisa, pero sus ojos estaban apagados.
La foto era de su fiesta de graduación, ella no quería usar esa ropa y tampoco quería estar allí.
Pero había tenido que hacerlo por culpa de su madre.
Ese vestido no era para nada de lo que a ella le gustaba usar y su cabello era lo suficientemente bonito para volar por los aires, pero ahí lo llevaba atado, seguramente por la vez en la que tiño mechones rojos en su rubio cabello.
Gin sonrió melancólicamente, extrañaba mucho a su hermana.
-Gin, cariño. Ven para aquí- escuchó la voz de su madre llamándola.
Se giró y limpió la pequeña lagrima que estaba cayendo por su mejilla y que podía dañar el maquillaje que llevaba puesto.
- ¿Que sucede? - cuestionó.
Su madre, que lucía un vestido n***o de colección, le sonrió mientras que tomaba su brazo.
-Ven adentro, la gente pregunta por ti. - acarició su mejilla. - ¿Porque estás aquí sola?
Gin la miró sin ninguna expresión en particular, tragando saliva.
¿En serio se lo preguntaba?
-No es como que me guste pasar el aniversario de la muerte de mi hermana rodeada de gente, madre. - soltó.
Alison rodó los ojos, y puso las dos manos sobre los hombros de su hija.
-Lo sé cariño, cuando esto termine podrás volver a casa para descansar adecuadamente ¿sí? - le sonrió. - Escuché que se vienen más exámenes ahora.
Gin asintió, exámenes era lo último en lo que quería pensar.
-Y como no queremos que vuelvas a perder el primer lugar, por supuesto que te daremos todo el tiempo del mundo para que estudies adecuadamente esta vez. - aunque su voz era tranquila, Gin podía sentir los ataques violentos en cada una de sus palabras.
La menor solo pudo asentir, y bajar su mirada.
Su madre la guio hasta dentro del evento, donde efectivamente todo el mundo se giró a observarla.
-Oh Gin, estas aquí. - dijo un hombre del cual no sabía ni su nombre.
-La encontré estudiando afuera. - mintió su madre. - ¿Pueden creer lo responsable que es?
Los demás soltaron una expresión sorprendidos y admirando a la pequeña.
-De finitamente el futuro de esta familia es muy brillante. - escuchó a otra persona.
-Han sido bendecidos con una hija como ella…
Gin los observó con una expresión furiosa.
Seguía sin poder creer que era lo que estaba escuchando.
- ¿Es que no se dan cuenta que estamos en el aniversario de la muerte de mi hermana? - les preguntó furiosa, con su ceño fruncido y su mano temblando. - ¿Pueden por una vez comportarse como adultos y ubicarse? Mi hermana merece un poco de respeto. - escupió. - Son todos unos hipócritas. - terminó de decir antes de perderse en el evento.
Eran todas unas personas horribles que no merecían nada.
Todos en ese lugar pagarían por lo que le hicieron a su hermana.
Incluso ella, la única responsable…