Locura necesaria

4055 Palabras
Grace salió a despedir a su abuelito, y cuando tuvo la casa sola, continúo haciendo sus deberes aun con las preocupaciones que no la dejaban tranquila, se dispuso a cerrar la tienda a la hora indicada, se duchó y bajó a hacer la cena, años de experiencia la avalaban como una buena cocinera, mientras buscaba los ingredientes para decidir qué hacer, encontró una de las botellas de vino de su abuelo y se le ocurrió que pasta y carne combinarían muy bien con dicha debida, al menos a Dante seguro le gustaría. — Es una buena idea. Por otro lado, Dante llegó a la casa más temprano de lo previsto, una colosal tormenta venía en camino y se alegraba de tener un techo en el cual refugiarse, así que usando la copia de la llave que Grace le había dado, entró. Fue un día duro, pero al final logró que todos sin excepción aceptaran sus decisiones, ya era suficiente, si iba a actuar como el productor de aquella farsa, lo haría bien y ya era hora de que colocara un dedo sobre el renglón y parara a tanto profesor que solo quería hacer su santa voluntad, no por nada su orgullo era alto y hacerse respetar lo llevaba en la sangre. Al entrar un olor peculiar le llegó desde la cocina, alguien evidentemente estaba preparando la cena, antes de arriesgarse a encontrarse con el señor Miller, cosa que no le gustaba debido a la tensión que siempre había entre los dos, se asomó con precaución viendo a su pequeña casera cocinar. — Huele bien—  dijo haciendo su entrada triunfal. — Oh, llegaste justo a tiempo, ya está listo. Dante debía reconocer que le encantaba la sazón de Grace, toda su vida comió solo lo mejor cocinado por excelentes chefs, pero ella tenía un toque especial que satisfacía hasta al más exigente de los paladares, su comida era como un calmante para su alma. Grace sirvió la comida y una copa de vino a su inquilino. — Dante... ¿de qué hablaste con July esta tarde? La incertidumbre la mataba y con tacto intentó indagar sobre la verdad. — ¿Mhn? ... de algunas... cosas. — ¿Qué cosas? — Grace, no seas curiosa—  sonrió el italiano bebiendo un trago de vino. — No lo soy—  murmuró la chica continuando su cena. — Ya lo entenderás a su tiempo, lo único que puedo decirte es que July me dejó realmente impresionado. De nuevo esa opresión en su pecho, así que para no decir algo desagradable se dedicó a seguir comiendo. — ¿Tú no bebes? — No. — ¿Por? — No aguanto muy bien el alcohol. — Oh, vamos solo un poco, ¿no vas a dejarme beber solo? ¿o sí? Grace terminó accediendo después de terminar la comida, el sabor del vino era suave y le causo cierto sopor, además de la relajación que no había logrado conseguir. — No me digas que ya se te subió, apenas fue una copa. — Es que no estoy acostumbrada a beber, es todo. Dante sonrió, el rostro de Grace lucia sonrojado y divertidamente encendido, algo que le causo ternura, así pues, incorporándose de la mesa la llevó a la sala. — ¿Por qué no descansas un poco?, yo lavaré los platos, te has estado esforzando mucho. La menor aceptó, estaba realmente cansada, sin embargo, necesitaba saber aquello que le dolía. — ¿Qué piensas de July? De nuevo la rubia, no lo entendía. — Es... agradable. — ¿Nada más? — Es simpática, graciosa... ¿qué más quieres que opine de ella?, no la conozco. Grace gruñó, la respuesta no le satisfizo. — ¿Y cómo... mujer? — ¿A qué viene todo esto Grace? — Vi como la mirabas, dime ¿te gusta? —  el tono de la pelinegra era de preocupación. — Es atractiva y llega a causar cierto agrado a la vista, pero... — ¿Pero? El extranjero pensó la respuesta, ahí estaba ocurriendo algo que no había planeado. — No creo que ella sea mi tipo. — ¿Y cuáles son tu tipo? — Grace... no creo que... Más la chica dejo toda su racionalidad de lado e incorporándose tomó de la mano al joven, llevándolo a su habitación, cerrando con seguro la puerta y encarándolo. — Me gustas Dante, me gustas mucho—  explicó al sorprendido muchacho—,y no sé si soy correspondida, ¿pero sabes?, no me importa... quiero continuar sintiendo eso que experimento cada que nos besamos y acariciamos... sin embargo, necesito más. — Grace no debería... — Quiero hacerlo contigo. ¿Había escuchado bien?, Grace se le estaba insinuando y ciertamente la oferta no era nada despreciativa, mas todo lo que había intentado evitar contener se derrumbaba, ¿qué iba a hacer? — Grace, escucha, eres todo un ángel, eres una chica maravillosa y linda, no obstante, no creo que yo sea el indicado para... Las palabras salían sobrando para la menor y así se lo indicó cuando tomando la iniciativa, lo besó apasionadamente, transmitiéndole todo lo que sentía; ya se habían besado antes, pero algo era diferente ese día, tal vez era la propia lujuria reprimida del extranjero o la fogosidad tierna de Grace quien estaba reclamando y pidiéndole algo que él se esforzaba en evitar. — Hazme el amor—  susurró la chica mordiendo el labio inferior de Dante, quien ya no estaba tan seguro de negarse. — No quiero lastimarte—  murmuró como último vestigio de cordura. — No lo harás, yo confió en ti. Estaba hecho, no había marcha atrás y aunque Dante lo había hecho infinidad de veces, quizá el momento o la chica en sus brazos le hicieron sentir que era desconocido y hasta especial para él. * * *   Alex terminó de guardar sus documentos, había pasado la tarde trabajando sin ninguna clase de molestia, tal vez porque la rubia aun no llegaba o porque su hermano en agradecimiento por la prueba de videojuegos fue a hacerse cargo de la corporación. El adolescente se había divertido bastante en su "visita", se comportaba como un emocionado niño pequeño cuya sonrisa alegraba al mayor. Se sentía un poco culpable de que estuviese en silla de ruedas, ya que en primera él fue quien le incitó a seguir sus sueños y en segunda porque su padre le echaba en cara que gracias a él su hermanito no volvería a caminar. Esto solo terminaría hasta que el azabache volviese a estar de pie. — Y lo hará—  aseguró, pues estaba poniendo todo su empeño en ello. No por nada estaba gastando en las mejores clínicas y fisioterapeutas, aunque su hermano se pusiera sus moños, él no se daría vencido tan rápido. Noa caminaría, esa era su misión, la cual lo mantenía cuerdo y sereno, su hermano era todo lo que tenía e iba hacerlo feliz, aunque le costara la vida. Estirándose con pereza se incorporó, era tarde, planeaba pasar la noche en la mansión, no era bueno que dejara tanto tiempo solo a su hermano, mas como todo lo impredecible July apareció en el momento en que tomaba sus cosas. — Buenas noches—  saludó con ironía, mirando la deslumbrante sonrisa de la rubia. — Hola—  aquella sonrisa creció aún más cuando se acercó a Killian—, ¿sabes? quiero contarte algo. — Voy de salida—  argumentó el ojiazul, colocándose su gabardina sin mirar a la chica que no se dio por vencida. — Vamos, no te quitaré mucho tiempo. Era una mala señal que ella pidiera y el accediera tan fácilmente, su estoicidad no estaba funcionando tan bien como quisiera y menos cuando se trataba de ella. — Que sea rápido. La oración satisfizo a la de ojos castaños, por ello extrajo de su mochila un montón de hojas que le cedió al genio. — Mira. Con la ceja enarcada el millonario tomó el montón de hojas y las examinó, percatándose de que era un guion y no cualquiera, era el guion de la obra universitaria, lo que le hizo saber que su petición había sido cumplida. Ya podía decir que su filantropía estaba completa, y que ya podía irse despidiendo de aquella chica perdida que retomaba su vida. — El Conde de Montecristo, buena obra—  fue todo lo que dijo volviendo a entregar las hojas a su legitima dueña. — ¿Y no me preguntaras dónde estuve? — No es asunto mío—  contestó agriamente, guardando las llaves del departamento en la bolsa de su gabardina. — Vamos, te lo estoy preguntando amablemente—  expresó la joven haciendo un puchero que nuevamente el genio no pudo resistir. — ¿En dónde estuviste? — Estuve ensayando; el productor, que por cierto al principio me pareció algo raro, me dio una oportunidad, me dijo que mañana me haría una prueba y que si la pasaba podría ser la suplente de Jack, ósea que si él se enferma u ocurre algún problema yo lo supliré, ¿no es fantástico?—  gritó jubilosa. — Bien por ti—  en el fondo así pensaba, aunque la frialdad volvió a su voz. — Oh, enserio, ¿es todo lo que me dirás? — ¿Y qué quieres que te diga?, conseguiste lo que querías, mucha suerte. Alex se dirigió hasta la puerta y cuando giraba el pomo para dar fin a aquel repentino exceso de felicidad en su departamento, se detuvo al escuchar cuatro palabras que cambiarían permanentemente el rumbo de su vida. — Sé que me ayudaste. El castaño no respondió, ni mucho menos se giró. — ¿Cómo? — Soy psíquica. El bufido del muchacho, le hizo ser seria. — Obvio no... pero creíste que no uniría cabos, tu compañía es la patrocinadora de la obra y la llamada que hicieron del departamento de becas a tu casa era muy sospechosa. — Vaya no se te va ni una—  Alex se mofó, más July no lo tomó a mal, aquello lo había meditado profundamente y no iba rendirse ante el aparente cubo de hielo. — No, y ahora estoy doblemente en deuda contigo. — No hace falta que te desgastes la existencia Julianna, como te dije antes, tómalo como simple altruismo y punto— Alex la miró seriamente, estaba cansándose de eso. — No me gusta que sean altruistas conmigo, todo lo que he ganado en mi vida lo hice por mi propio esfuerzo y con esto solo me dejas sabiendo que... — ¿Qué?, ¿que soy un snob engreído y petulante que terminara muerto, sin nadie que le recuerde y sin una sola obra benéfica en la vida?, así es y la verdad me tiene sin cuidado. — No—  negó July dejando el guion sobre la mesa—, yo iba a decir que ahora sé del buen corazón que tienes, el cual evitas mostrar a toda costa, ahora me doy cuenta de cuanto nos parecemos. El genio rió, aquello era una estúpida cursilería. — No digas bobadas, tu y yo no nos parecemos en nada. — En realidad, sí nos parecemos, y tú lo sabes muy bien ¿o ya no recuerdas el día en el ascensor?, descubrimos muchas cosas que... — No tienes idea de lo que es mi vida y por muchas coincidencias que existan entre nosotros, eso no quiere decir que nos parezcamos. De nuevo las riñas, no obstante, esta vez July no planeaba que las cosas terminaran a gritos, al apreciar al joven veía a un animalito acorralado, por eso mismo negó las palabras del magnate. — Si nos parecemos y mucho... yo sé que nuestras vidas tienen divergencias, pero... ¿acaso no te has dado cuenta de lo solos que estamos? Siempre tratando de hacer las cosas sin la ayuda de nadie, o ¿de la dependencia que formamos con nuestros hermanos? Y lo desprendidos que podemos llegar a ser solo por ayudar aquellos quienes son importantes para nosotros... aunque te veas frío y yo alegre, solo son mascaras que utilizamos para que nada nos lastime más... Alex, yo te admiro. El ojiazul frunció el entrecejo. — No digas tonterías. — No lo son, es la verdad... ¿crees que me habría tomado la molestia de decirte todo esto porque sí?, nuestro orgullo es tan grande y legendario que hemos aprendido a convivir juntos a pesar de lo explosivos que podemos ser... te admiro por todo lo que eres, aun cuando quieras aparentar. Esto se le estaba saliendo de las manos, tenía que escapar, sin embargo, July le impidió el paso y comenzó a sentirse claustrofóbico. — No te debo nada ni me debes nada, terminemos con esto y olvidémonos que un día nos topamos Julianna. — ¿Cómo olvidarlo cuando me has dado más que nadie en esta vida?, somos dos personas dañadas que se encontraron por casualidad. — No existen las casualidades. — Entonces llámalo destino o como quieras. July no pudo contenerse más, así que siguió su instinto, abrazándose del castaño lo besó con intensidad, y con el deseo que siempre manifestaban sus besos, transmitiéndole una infinidad de emociones que solo ellos conocían. Alex no supo cómo responder y finalmente siguió el movimiento de aquellos labios sobre los suyos, asegurándose de atrapar la estrecha cintura del torbellino rubio que había llegado a revolucionar su vida. Él no sabía si era todo eso que July había dicho, aun así, sabía que se sentía solo y aceptaba que tal vez el destino si confabuló para presentarlos. Acercándose más, July bajó sus manos por la amplia espalda de Killian, comprobando que el chico era atlético y eso le encendió a sobremanera; se dio a la tarea de vagar por aquella anatomía a su antojo mientras su lengua se fundía en una lucha sin cuartel con la del ojiazul quien aún quería tratar de controlar la situación, con fuerza empujó a la chica al sofá, acción que los calentó aún más, July abrió las piernas cuando sintió el suave sofá bajo ella, ajustando así el cuerpo del otro contra el suyo. Así pues, en esa nueva posición la rubia se adentró con mucha maestría y pleno convencimiento de sus actos, bajo la camisa del genio el cual se había desprendido de su gabardina desde el momento que el beso pasó de manso a fogoso. La piel era perfecta, con músculos y líneas que definían muy bien su varonil cuerpo. — No—  murmuró el ojiazul cuando su pantalón había sido abierto y el elástico de su bóxer estaba siendo violado. — Yo digo que sí—  dijo sonriendo tiernamente sobre los labios de su compañero, apresando con sus estilizadas piernas a Alex. Killian ya no pensaba con coherencia y de haberlo hecho se habría perdido de todo lo que a continuación experimentó, cosa de la cual jamás se arrepentiría. No pudiendo más, cargó a July de un solo movimiento y la llevó a la habitación; con la experiencia de años de práctica, la rubia continúo acariciando la piel del millonario mientras se besaban y sin desprenderse ambos cayeron en la cama, gimiendo cuando sus cuerpos realmente se tocaron. — No sé si esto es correcto— comentó la parte lucida que aún le quedaba. — Ni yo, pero me gusta—  aseguró la de ojos melados comenzando a quitarle la camisa a aquel joven tan guapo. A la vez que July hacia su lo suyo, Alex la contempló, se veía hermosa bajo la escasa luz que entraba por la ventana, su aura innatamente sensual y su desaliño por el reciente momento le hicieron sentir un fuego interno que lo obligaba a atacar como depredador a su presa cuando en otras circunstancias lo hubiese dejado pasar, empezando porque se trataba de Julianna Wells, la misma chica latosa que lo retaba desde su primer día en la universidad haciendo su vida un caos y pasando en un constante ojo por ojo...y con todo aquello, la misma chica le sonreía con un brillo de lujuria; las mejillas rosadas y respiración entrecortada encendían de manera involuntaria su libido reprimido que en vez de molestarle como era de suponer, le había gustado y mucho. No quería quedarse atrás, así que recostó a July entre intenso y deseoso, sin el tacto que la joven había tenido para desvestirlo le arrancó la blusa y asaltó su blanco cuello, un gemidito salió de la garganta de la rubia mientras chupaba, lamia y mordía cuanta piel tuviera expuesta. — Ah, cielos, no pares—  imploró la fémina sintiendo escalofríos placenteros cuando su hombro fue abordado por los blancos dientes del chico. July estaba perdiendo la cabeza para entregarse al placer, aun así, estaba consciente de lo que hacía y no se quejaba porque ella lo había propiciado, más que eso, necesitaba hacerlo con Alex Killian. Los bellos ojos melados se cerraron para continuar percibiendo aquello que nadie le había hecho sentir antes con tanta intensidad, haciendo que sus manos viajaran por la espalda hasta el elástico de la ropa interior, el cual en esta ocasión logró rebasar, adentrándose en terrenos ocultos. Algo parecido a un gemido escapó de los labios de Alex, quien no paraba de jugar con uno de los pezones de la rubia con bastante insistencia. — No hagas eso—  ordenó, gruñendo por ser interrumpido en su tarea. — ¿Hacer qué?—  preguntó con "inocencia" la santa damita, volviendo a acariciar el m*****o del castaño. — Ahrg, eso—  suspiró, sabiendo de antemano que estaba disfrutando la caricia. La sonrisa que July curvó en sus labios fue tomada como mofa y castigada con mordiditas, la cuales terminaron con ella enarcando la espalda con placer cuando el ombligo fue atacado por la diestra lengua del ojiazul. — Eso es para que aprendas. Los ojos castaños miraron un brillo diferente en los ojos azules, un brillo que se intensifico cuando las manos del mismo desabotonaron su pantalón bajándolo con todo y bragas, dejándola desnuda y a merced de aquel hombre. — Si la vez que te quite la ropa después del día de la tormenta me hubiera dado cuenta de lo que ahora veo, te habría tomado. — Pervertido—  sonrió causándole cierta excitación la confesión anterior —, ¿y ahora qué vas a hacer? Alex se lamio los labios, evidentemente había dejado de ser el señor perfección para transformarse en un simple joven que se dejaba llevar por la calentura. — Uhhhh, esto va ponerse interesante... No había ni terminado su oración cuando Alex volvió a tomar sus labios mientras ella retiraba las ultimas prendas que cubrían el cuerpo de Killian percibiendo la perfección aun antes de mirarla, y así tan impulsiva e impaciente como era, lo apartó observando con ojo depredador al enigmático genio. — Wow, sí que ocultas bien tus posesiones, ¿verdad? — Solo para quienes son merecedores de verlas. Ambos rieron para luego darle un toque más sensual al asunto, el castaño se movió extrayendo de la suave garganta de su compañera un erótico gemido que aumento cuando aquellas manos acariciaron sus muslos recorriendo su cadera hasta posarse con deseo en el plano vientre. Ambos experimentaban roces, caricias, besos y demás acciones que erizan sus pieles y comenzaban a sudar de tanto calor. — Hagámoslo—  susurró July sentándose a horcajadas sobre el cuerpo del ojiazul. — Se suponía que no había nada personal entre nosotros—  indicó incorporándose lo suficiente teniendo a la rubia aun sobre su regazo. — Y no lo hay—  asintió July, sintiendo como un dedo lentamente se abría paso en su interior haciéndola estremecer. — ¿Acaso este es tu pago? — ¿Pago? — Sabes a que me refiero. Cuando July lanzó un delicioso gemido eso le hizo sentir importante. — No, esto lo hago porque quiero. — Es una locura—  murmuró Alex cuando tres de sus dedos se adentraron con gráciles movimientos en el interior de la joven para lubricarla y ésta en retribución masturbo su erección olvidada pero no por eso menos explorada. — Yo creo que... Dejó la frase inconclusa para alejarse un poco, agacharse y succionar lentamente el sexo del genio el cual disfrutó con deleite. La muchacha lamia la extensión con meticuloso cuidado, chupando y venerando lo que muy pronto tendría más cercanamente. Alex por su lado se sentía en el paraíso e instintivamente cerró los ojos dejando caer su cabeza hacia atrás, sin preocuparse por los sonidos desconocidos que salían de su garganta, limitándose a gozar aquello deliciosamente pecaminoso que la rubia le estaba haciendo y antes de que su compañero tocara las estrellas, se apartó besando el abdomen, el torso, el cuello y la barbilla, posteriormente los labios se unieron una vez más en una erótica caricia; ambos se miraron fijamente por primera vez esa noche y supieron, que aunque hubiese un mundo afuera, en ese momento solo podían existir ellos dos, azul y castaño, fuego y pasión, todo era un mensaje que ya no podían ocultar. — Como decía, Alex, yo creo que esto más bien es una locura necesaria. Y más de acuerdo no pudo estar, así que ansioso como él solo y tan perfeccionista como su persona, tomó las caderas de su amante y con lentitud impropia a su carácter, se fue adentrando en la magnífica estrechez que ese delicado cuerpo poseía. Cada intento de entrar era un gemido placentero de July y un exquisito estimulante para Alex, al final ante la desesperante lentitud, el genio salió y entró rápidamente completando la unión. La rubia se abrazó al castaño mientras éste besaba su cuello, al parecer ella era muy sensible en ese lugar. La de ojos melados comenzó a moverse y el ritmo fue subiendo de intensidad conforme ambos lo indicaban. Para July era distinto, mágico; mentiría si dijese que era su primera vez, sin embargo, algo en su interior le hacía sentir que así era, jamás había hecho el amor con tanta lujuria, pasión y la dulzura con la que el genio la estaba tratando, todo era distinto a sus veces anteriores y eso le gusto. Alex estaba experimentando algo espontaneo que comenzaba a parecerle verdaderamente interesante, nunca había sentido eso, así como nunca había experimentado tan intensamente la unión con alguien y mucho menos gozado con la sensación que le producía escuchar los gemidos de July; pasión, posesión, deseo, era algo que quería transmitirle al ritmo de las embestidas que volvían loca a su amante. El rito estaba a punto de llegar a su fin por lo que recostando a July fue como Alex tomó todo el control para demostrarle a la joven lo que sentía. — Alex... — Me gustas—  se aventuró a decir el ojiazul, algo que no hubiera hecho en sus cinco sentidos. — Y tu... tu a mí también me gustas. La pasión era inmensa y las embestidas cada vez más profundas les obsequiaban un placer que ambos estaban disfrutando al máximo y antes de llegar al clímax, Alex reclamó los labios de July para segundos después cada uno sumergirse en un majestuoso orgasmo. Cansados, sudorosos y con la razón adormecida fue como volvieron a mirarse, distinguiendo infinidad de emociones en el interior del otro, así fue como tomaron conciencia de que acaban de tener sexo o algo más fuerte y que a pesar de todo lo que pasara por sus mentes lo habían disfrutado por el hecho que había sido uno en los brazos del otro. Con una sonrisa traviesa July lamió levemente los labios de Alex, el cual se permitió una sonrisa discreta que compartía toda la emoción que su boca no sabía expresar. — En cualquier momento sucedería— indicó el castaño, sin querer romper el momento. — Lo sé, nuestra tensión s****l era gigantesca, los besos ya no nos eran suficientes—  asintió July, recostando su cabeza en el hombro de su amante cuando éste salió completamente de ella recostándose a su lado. — Con que una locura necesaria, ¿eh? — Lo es ¿o no? Insegura, la rubia miró los azules ojos y en lugar de dudas encontró un hermoso brillo que fue comparable con el suyo. — Sí, fue una locura realmente necesaria. Y se fundieron en un cálido beso, sin importarles las circunstancias, la vida o el mañana, solo importaba el momento, solo el momento.
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