… “Eso fue lo que el pasó” Anny miraba cautelosa a Magda mientras le informaba lo ocurrido a la llegada del príncipe con la joven Dahlia Targa.
“¡Así que… eso fue lo que él dijo! ¡Jum! Solo se topó con ella, esa baya de pantano se cree muy cercana a él mientras él la trata como si fuera una sirvienta más”.
“No tienes de que preocuparte, incluso… pude notar que al Capitán no le hizo ninguna gracia verlos llegar juntos”.
“Al menos ese ogro sabe su lugar, ¡maldita baya apestosa! ¡que se cree? Solo porque debutó en la corte el año pasado se le subieron los humos a la cabeza, ¡tal mustia soñando con el Príncipe!, ni siquiera es de las ramas principales de los Targa, por muy hija del capitán de la guardia y hermana del Jefe de primera brigada sigue siendo una don nadie”.
Magda se regocijaba menospreciando a Dahlia, sus ojos agudos llenos de maldad brillaban de odio, erguía su cuello y levantaba su nariz con arrogancia sintiéndose superior a todos, a nadie odiaba más que a Dahlia.
Dahlia es la mejor estudiante de su clase en la Academia Real de Drákan donde asisten al mismo salón, cada año los mejores estudiantes que aún no han debutado en la corte son seleccionados para hacer su primera aparición durante el festival conmemorativo de la de la creación del Reino, gracias a sus méritos estudiantiles Dahlia debutó en la corte con tan solo 14 años convirtiéndose en la mujer más joven en hacerlo desde su creación, mientras que los demás jóvenes están obligados a hacerlo a los 17 años en el Baile Anual de debutantes.
El que Dahlia haya debutado antes que ella que es hija del jefe y de la primera rama del Clan Serem, el de mayor poderío militar en Drákan simplemente la enfurece, encima se crió cercana al príncipe y gracias al puesto que ostenta su padre en el ejército puede entrar y salir del palacio a su antojo cosa que ni siquiera los jefes de clanes pueden hacer, ¡una don nadie con tales privilegios es indignante!, motivos de sobra para que Magda Serem sea corroída por los celos y la envidia.
“Magda, Anny, al fin las encuentro, te tengo una bomba hermana jajaja”
Betuel Serem de diecisiete años, junto sus manos en un aplauso mientras la frotaba entre sí, Segundo hermano mayor de Magda es solo dos años mayor que ella, su ropa lucia desprolija, los botones de su chaqueta negra se había hecho a prisa, el primero y el ultimo botón estaban sueltos, parte del dobladillo de su camisa amarilla sobresalía de sus pantalones por la parte de atrás donde termina su espalda, tenía el rostro sonrojado y su cabello rubio se pegaba a su cuello por el sudor, estaba hecho un desastre, un desastre muy refrescante a la vista.
“¿Pero qué rayos te pasó?”
Magda miraba con aberración a su hermano, no lucía para nada como el segundo heredero del clan Serem, lo dimensionó de pies a cabeza, entonces notó la marca con forma de roseta en su cuello, aún no son las tres de la mañana y su hermano ya ha estado haciendo… eso, ¡una vergüenza! Este playboy llenará de deshonor la familia si alguien más lo descubre.
Al notar la mirada de su hermana fija en su cuello, el sinvergüenza se acarició el cuello con su mano derecha cubriendo su marca y hablo con sarcasmo.
“¿Qué? Es la primera noche de luna roja hermanita, no voy a desaprovechar la oportunidad si se presenta, hace ya dos años que no lo hago, no soy como esos santurrones vírgenes que se enclaustran las siete noches de luna roja rogándole a Dios que no les exploten las bolas, incluido tu adorado Príncipe Ángel, ese es el más hipócrita de todos”.
“Y antes de que abras la boca para despotricar en mi contra y te pongas a defender al mojigato constipado ese, déjame decirte que gracias a las mieles de mí encanto, vi algo realmente interesante… que tiene que ver que tu principito de torta”.
Magda se tragó los insultos que estaba por soltarle en cuanto escucho que tenía información relevante sobre el príncipe.
“¿De qué se trata? Habla rápido”
“Uy que carácter, por eso es que ese conejito rojo te está ganando la partida ¡y tenme respeto que soy mayor que tú!”
“¡YA! ¡habla de una vez!”
“Aish, relájate, hermanita. Verás, mientras buscaba un lugar apropiado para aplacar a mi acompañante y darle rienda suelta a… digamos que a mis instintos, escuché decir a los sirvientes que estaban usando de bodega las terrazas oeste, así que me dirigí hacia allí, pensé que debería haber alguna de esas esponjosas tumbonas que pusieron cercas de las barandas y serían perfectas para mi cometido, pero en ese momento vimos una pequeña cabecita roja entrando, así que decidimos esperar un momento pero para mi sorpresa unos minutos después llegó el Príncipe escoltado por dos guardias, el entró y dejó los guardias afuera, supongo que viste salir al príncipe y lo seguiste, que espectáculo cuando te echaron los guardias hermanita”.
Betuel le dedicaba una mirada burlona a Magda mientras chasqueaba repetidamente su lengua.
“¡¿Qué estás diciendo?! ¿el Príncipe y esa mustia estaban juntos en la terraza?”
“Tal y como lo oyes. No estuvieron mucho tiempo adentro así que supongo que ese virgen asolapado no llegó a poner del todo sus manos encima de ese conejito, pero te aseguro que algo paso entre ellos, hasta los guardias se asombraron cuando los vieron saliendo juntos, Miss Dahlia tenía la cara tan roja como su cabello”.
¡¿CÓMO TE ATREVES A MENTIRME?!
¡PAJ!
Magda sintió su sangre hirviendo llenando su cabeza, en un arranque de furia se dirigió a Anny y le dio una cachetada tan fuerte que la tumbó al suelo y un hilo rojo comenzó a recorrer su barbilla desde la comisura de sus labios.
“¿Te has vuelto loca? ¿Por qué golpeas a Anny?
Anny yacía en el suelo aterrada sosteniendo su mejilla que comenzaba a hincharse mientras Betuel trataba de ponerla de pie.
“me dijo que escucho decir al Príncipe que se encontró con Dahlia en el camino de regreso a la terraza de la fiesta, se atrevió a mentirme”.
Anny lloraba desconsolada y presa del miedo, Betuel logró ponerla de pie.
“Te acabo de decir que el Príncipe es un gran hipócrita, obviamente no le diría a nadie que estaban juntos, con el miedo que siempre te ha tenido Anny no te mentiría, salgamos de aquí, llevemos a Anny a que la revisen, si se presenta con ese golpe mañana nuestro padre nos hará papilla a los dos, vamos por el cochero, la luna roja tiene un efecto tan repulsivo en ti, esa pasión que muestras es todo lo contrario a lo que debería ser”.
“Maldita baya de pantano, me vengaré de tí, esto no se va a quedar así, no tendrás al Príncipe, eso lo juro… ¡Sobre mi cadáver!”
…
En la sala principal del acceso a los salones del palacio las diferentes comitivas de distinguidos invitados eran despedidos por la familia real, la hora pico de la luna se acercaba y aunque todos querían aprovechar a intercambiar unas palabras especialmente con el Príncipe no les fue posible, la luna comenzaba a hacerles efecto en especial a los caballeros, debían salir a prisa a refugiarse a las villas.
El orden fue impecable, la Reina Alessa calculó a la perfección el tiempo de llegada de los carruajes en contraste con el fin del banquete. Lady Marian verificaba las listas junto con el mayordomo Lenin.
“Feliz cumpleaños Alteza, ha sido un honor compartir esta noche con Udes.”.
Poco a poco los salones quedaban vacíos, El Rey observó a su hijo, esta sería la primera noche de luna roja que Ángel pasaría solo y sin su apoyo, pero el muchacho lo estaba manejando bastante bien, el área del palacio asignada como residencia real estaba dividida en cinco secciones, la primera y la más grande era la torre principal que sobresalía en la vista frontal del palacio y que estaba asignada a las habitaciones personales y conyugales del rey y la Reina, recibe el nombre de la Torre Granate, la segunda en tamaño es la Torre de Jade, son los aposentos del Príncipe Asher donde todo permanece tal y como él la dejó antes de ese trágico día, la tercer torre es la torre Zafiro y son los aposentos del príncipe Ángel, las dos torres restantes eran salas de estudio, salas de comedor, cocinas, gimnasio, áreas de reposo y habitaciones para invitados y familiares más cercanos, generalmente usados por Lady Marian.
Los aposentos reales estaban a diez minutos de distancia de los salones de recepción, ya son casi las tres de la madrugada, se estaban quedando sin tiempo y esa nefasta delegación aún no ha salido, ¿lo están haciendo a propósito?
La temperatura corporal de ángel comenzó a subir, sus mejillas se tornaban rosadas y sus ojos estaban vidriosos, gotas de sudor volvieron a brotas por sus sienes y las palpitaciones de su corazón se estaban volviendo irregulares el rose de su ropa contra su piel comenzaba a incomodarlo.
“Hijo, solo falta una delegación, nos haremos cargo de ellos, puedes retirarte a tus habitaciones, que el mayordomo Lenin te acompañe, iré a verte en cuanto terminemos aquí, Mayordomo Lenin llegas justo a tiempo, acompaña al Príncipe a su residencia”.
“Como lo ordene su Majestad, Su Alteza, tengo preparado un carruaje para ud”.
Solo quedaba por despedir esa delegación y mientras más lejos se encuentre Ángel de ellos mejor, ese era el pensamiento del Rey, además el Dagna de fuego del Príncipe es demasiado poderoso para su edad, durante su ceremonia de Dagna el año anterior estuvo a punto de incendiar toda la montaña de las minas de cristales de fuego, el joven no resistirá más tiempo.
“Te ordeno que te retires” le dijo sereno, “La Reina y yo terminaremos pronto”.
Se llevó la mano a la cara y apretó los ojos, de nuevo no tuvo más remedio que obedecer, pero como siempre pondría sus propias condiciones.
“Me retiro entonces, pero no usaré el carruaje, aún hay demasiada gente afuera y rodear el palacio puede causar un atraso para los demás carruajes, iré por los jardines, no me tomará tanto tiempo además me hará bien caminar”.
“Hijo, puedes retirarte”. Alessa se acercaba después de despedir junto a Lady Marian a Lady Nilse de Targa, esposa del líder del clan Targa.
“Ya le pedí que lo haga, El Mayordomo Lenin lo acompañará”.
“¿Por qué rayos siento que me están corriendo?” pensó el príncipe.
“Me parece una falta de respeto hacia el Reino de Condega que el agasajado de la noche no esté presente para despedirnos después de haber hecho tan largo viaje solo para acompañarlo en su celebración de cumpleaños”.
La voz de la mujer estaba cargada de ironía, de pronto Ángel supo por qué sus padres le pedían que se retirara, la última delegación que quedaba era la del Reino de Condega, los mismos que no les despegaban la vista de encima en las terrazas.
“Reina Sinia, lamento el mal entendido, como comprenderá estamos al límite del tiempo con la luna roja, así que solo estamos teniendo esa pequeña consideración para nuestro hijo, El Rey y yo, personalmente nos estamos encargando de darles la despedida que se merecen, puedo ver que sus acompañantes comienzan a verse afectados, tenemos todo listo para que pasen en total comodidad lo que queda de la noche, en un momento así nuestra prioridad es proteger a nuestros jóvenes y nuestro hijo es el más importante”.
Ambas mujeres se miraban fijamente, Alessa se interpuso entre su hijo y la Reina de Condega que parecía querer arrancarle la cabeza con sus propias manos, el Rey Ryuk también dio un paso al frente, entrelazó su mano con la de Alessa, su mirada afilada se clavó en las cinco personas frente a él.
“Proteger a tu… hijo, que ironía, yo ya no tengo hijos que proteger, en cambio a tí… todavía te queda uno”.
A pesar de la calma que con la que hablaba se podía sentir el odio sus palabras, las amatistas purpuras y diamantes en su corona brillaban tan intensos como su aguda mirada, su largo cabello plateado estaba acomodado en un moño que se entrelazaba en su nuca, sus labios pintados en color purpura hacían juego con la capa de su vestido, elegante y aguda cual felino acechando a su presa.
Entre sus cuatro acompañantes estaba su guardaespaldas personal Julius Hekay y su sobrino, Kelvin Hekay de diecisiete años, la luna roja ya comenzaba a hacer estragos en él, tiene que demostrar que es lo suficientemente apto y fuerte si quería ser nombrado Príncipe heredero de Condega, tiene que ser mejor que Ángel.
“Yo perdí a mi hija y a mi hijo y el único que puede decirme que pasó realmente es… este hijo tuyo, este que aún te queda”.
“Nosotros también perdimos un hijo Sinia”
“Ryuk, ¿tengo que repetirlo? A ustedes aún les queda un hijo mientras que a mi nadie va a devolverme a Ludis y a Yaris, cumplir dieciséis años es una fecha muy importante, yo no alcance a celebrar a mis niños, he tenido que aguantar ocho años para poder volver a pisar este país, Drákan le debe muchas explicaciones a Condega, ustedes me deben un hijo y una hija, Drákan dejó a Condega sin herederos al trono, ¿te harás responsable por ello Ryuk? ¿Engendrarás un heredero conmigo para mi reino?”.
Los cuatro acompañantes de Sinia reaccionaron asombrados ante las palabras de su reina, ha pasado tan solo medio año desde la muerte del Rey de Condega y su reina ya está pidiéndole un heredero a otro hombre.
“¿Cómo te atreves a codiciar a mi esposo en mi presencia?”
Alessa reaccionó furiosa a punto de abalanzarse sobre ella, fue retenida por el abrazo del Rey.
“¿Madre!” Ángel se puso entre ambas mujeres, al ver la acción de Ángel Kelvin también reaccionó quedando frente a Ángel, ambos jóvenes en evidente estado de alerta se repartían miradas llenas de furia, uno defendía a su madre, el otro su posibilidad de ascender al trono.
¡Jum, jajajaja, ay Alessa, ¿se te olvida cómo pudiste casarte con él? Dejaré las cosas así, por el momento… Príncipe, feliz cumpleaños. Salgamos de aquí, siento que me asfixio con tanta hipocresía”.
Sin decir nada más Sinia se dirigió a la salida con sus hombres tras de ella, sus pasos hacían eco en el suelo y una expresión triunfante en su cara, pero a la vez sentía tanta rabia que su labio inferior temblaba, vino a Drákan a provocar caos y lo consiguió, sacar de sus casillas a Alessa fue en verdad placentero.
“Julius, averigua todo lo que puedas sobre la chica de Targa, con eso me refiero a que encuentres algo con que hacer que se ponga de nuestra parte, si el Príncipe es el portador esa chica puede serme de utilidad, voy a tener mi venganza sobre Alessa y Ryuk cueste lo que me cueste, me encargaré de que pierdan todo, me cobraré cada una de mis pérdidas mil veces, jugaré con Ryuk a mi antojo mientras hago que Alessa lo presencie”.