Capitulo XXVI. Temblor.

967 Palabras
Hanna. Me levanté al medio día, Robert no se encontraba en casa, debe de estar esforzándose en su trabajo como todos los días. Yo antes de irnos a dormir le había pedido que dijera en el trabajó que hoy no iba a poder asistir. Realmente me siento exhausta, es como si me estuviesen chupando la energía y con esa arpía trabajando allá no me extrañaría que fuese así. Miriam se ha mantenido al margen todo el tiempo que me ha tocado estar allá, por supuesto que de vez en cuando la veo encima de Robert tratando de llamar su atención. «Estoy seguro que su juego empieza con él, quiere quitarme a mi esposo». Cómo me he estado percatado de todos sus movimientos regreso a casa muy tarde y demasiado cansada. «Trabajar es más agotador de lo que recordaba». En mi juventud me gustaba jugar con que trabaja en una cafetería y servía a mis peluches malditos tasitas de café, la mayoría de ellos solía tomarselas engañados con que yo dejaría que vagaran libremente en el mundo humano pero en realidad siempre era una vil mentira de mi parte para que se dejarán controlar más sencillamente. Me dirigí al baño para prepararme la tina con agua caliente. Me quite la bata que cargaba para luego meterme en la tina. Me a recosté un rato allí, permitiéndole a mis músculos descansar. Conjure un pequeño hechizó que me proporcionaba una taza con fresas con chocolate. «Tenia permitido darme gustos». Probé varias de las fresas que había hecho aparecer, estaba segura de que podían lograr que vinieran con un mejor sabor. Mi mirada se quedó atrapada en el bombillo blanco que alumbraba por completo el baño. Empecé a acariciar mi cuerpo desnudo, relajándome por completó, queriendo dejar de pensar por un momento. Cerré los ojos y dejé que mi mente fluyera «Ya recuerdo porque me encanta tomar baños calientes cuando me encuentro sola en casa». Comencé a acariciar mis pequeños pechos permitiéndome jugar un rato con ellos, me gusta imaginar que se trata de Robert. No puedo creer lo candente que me hace sentir ese hombre, jamás en mi larga vida he sentido lo mismo por alguna otra persona. Robert me hacía querer vivir en cama con él, sabía que no estaba correcto que una dama como yo dijera semejantes palabras pero no podía ocultar mis deseos carnales, ese hombre ocasionaba que crecieran cada día más. Toqué suavemente la punta de mi pezón para luego apretarlo de la misma forma en que lo hace él dejando escapar un pequeño gemido de mi parte. Bajé rápidamente mi otra mano a mi v****a acariciándola en círculos para luego meter los dedos con la que la acariciaba. Seguí jugando conmigo por un rato hasta que no pude más y sin querer provoque un hechizo en la habitación, dónde por culpa de mi cerebro había provocado que apareciera una copia totalmente desnuda de mi esposo. Él sin previo aviso comenzó a besarme, apartando mis dedos para introducir los de él, aunque no lo quería debía admitir que lo estaba disfrutando. Hacer el amor con Robert es como tocar un pedazo del cielo y hacer que Jesús sienta envidia. —Mas fuerte— Susurraba mientras soltaba silenciosos gemidos. Él hacía todo lo que yo me imaginaba y así como él terminé soltando todo el estrés en un fuerte gemido, tan fuerte que el bombillo del baño explotó y la copia se desvaneció. Algunos de los trozos cayeron sobre el agua provocándome algunas heridas en la espalda. Salí de inmediato de la tina dirigiéndome a la habitación a colocarme algo encima. Al entrar nuevamente a mi habitación el cuarto y toda la casa comenzó a temblar, las cosas salían de sus estantes cayendo al suelo, las ventanas se cerraron de un golpe dejándome atrapada en la casa. Intenté bajar a la sala para ver qué ocurría pero con el batuqueo terminé en el suelo un poco mareada. Cerré mis ojos susurrando un hechizo para que la casa dejara de temblar pero por más que lo decía nada ocurría. Me empecé a asustar de verdad, no entendía que sucedía y mi magia no estaba funcionando tampoco. La casa vez se sentía que se movía más y más a los lados y los estruendos adentro se seguían escuchando. Después de un rato, me coloque en forma bolita en el suelo aterrada de la situación, la casa finalmente se dejó de mover permitiéndome ponerme de pie. Me levanté velozmente para aprovechar esa oportunidad, intenté buscar algo de ropa pero por alguna razón los gabinetes no se abrían, estaba obligada a estar desnuda. Me fue en busca de la ropa que cargaba puesta pero esa también se había esfumado. No lograba comprender nada. Decidí bajar por el teléfono en la sala y llamar a Margaret para pedir su ayuda. Pobre Margaret, tengo un poco de tiempo que no la he vuelto a llamar, me siento mal por actuar como una mala amiga. No es el momento de lamentarme, necesito resolver este problema o al menos que alguien venga en mi auxilio. Me rendí con el asunto de mi vestimenta y decidí bajar desnuda «De todas formas estoy completamente sola en casa». Al bajar por las escaleras me lance a coger el teléfono tratando de llamar a Margaret pero las llamadas tampoco salían, intenté varias veces, en verdad perdí mucho tiempo ahí pero simplemente la llamada no salía. Comencé a entrar en desesperación sin saber que hacer, tenía miedo y de repente pensé en Robert. «Tal vez también le está pasando algo a él». No debí dejarlo solo, debí haber ido a trabajar, ahora tengo miedo y a nadie que me pueda abrazar. —Que linda figura— Comentó con sarcasmo Miriam quien de encontraba sentada en mi sala viendo la televisión.  
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