capitulo XXV. Exploración (segunda parte).

545 Palabras
Nuevamente no obtuve respuesta… o quizás sí, él me tomó la mano y la dirigió hacia su entrepierna, estaba tan duro, tan excitado que inmediatamente decidí que quería que mi mano también jugara a ser escurridiza y se infiltrara debajo de su ropa. Robert me quitó la pijama y comenzó a besar mi abdomen, me causaba cosquillas y él se reía cuando yo lo hacía, hizo un camino con sus labios hasta llegar a mis pezones y una vez allí comenzó a tocarlos ligeramente su lengua. Nunca antes había hecho así, ni siquiera me había llegado a imaginar que algo así podría hacer que mi espalda se retorciera y que mi cuerpo temblara, lleno de deseo, exigiendo más y más, lo tomé por el pelo, empujándolo hacia mí, entonces él abrió su boca y comenzó a chupar, finalmente había conocido el cielo. Su mano jugueteando allí abajo y lengua haciendo de las suyas arribas fue todo que necesité para liberar mi estrés. —¿Ahora te sientes mejor? — preguntó él besándome en la zona de la barbilla, incluso atreviéndose el muy descarado a seguir a seguir rozando sus labios con la piel de mi cuello. —Podría decirse que sí — contesté en voz baja, riéndome un poco al recordar lo que acababa de pasar. —¿Podría decirse? Quizás necesitas un poco más — respondió él con una sonrisa mientras me tomaba de la mano. —Deberíamos estar durmiendo — le dije como respuesta. —Solo la gente aburrida está durmiendo ahora — sus expresiones, su risa, su forma de decirlo, era impresionante, no necesitaba hacer algo extraordinario para serlo. —Entonces el resto de los días somos gente aburrida. —Sí, quizás — contestó Robert poniéndose encima de mí — pero hoy no. Se colocó sobre sus rodillas en la cama y podía ver como palpitaba bajo la pijama, eso no duró mucho tiempo, pues él, sin previo aviso ni nada, bajó los pantalones de tela suave en conjunto con su ropa interior, solo verlo bastó para que todo mi cuerpo comenzara a recargarse, con ambas manos comencé a acariciar sus muslos, eran firmes y al mismo tiempo suaves, traté de subir más mis manos pero él no me lo permitió, sus propias manos fueron las encargadas de posicionarse en ese lugar y de jugar con él mismo. —¿No puedo? — pregunté tratando de contener la risa. —Claro que sí, pero no ahorita, por ahora solo sé una buena chica ¿Te parece? Una de sus manos fue hasta mi rostro, introduciendo su dedo pulgar en mi boca, la otra de sus manos se movía cada vez más rápido y escucharlo soltar ligeros gemidos hacia que todo mi cuerpo se calentara, él necesitaba más de una mano para hacer ese trabajo, realmente era difícil tener en una sola algo tan grande. —¿Es solo mío, cierto? — pregunté sacando su mano de mi boca y lamiendo su pulgar. —¿De qué estás hablando, amor? — preguntó él devuelta sin detenerse. No dije nada, le di una respuesta a su más puro estilo y solo lo miré hacia su m*****o. —Es todo tuyo — contestó sonriente mientras dejaba caer sobre mí el producto de todo su esfuerzo.
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