—Estás loca — me dijo Arianna mientras recorríamos los pasillos del edificio, limpiando con nuestro carrito de agua, jabón y mopas — de hecho no, creo que no, no estás loca, estás muy loca.
—¿Por qué crees que estoy loca? Tú eres la que sonríe mientras dices eso, me preocupas — respondí divertida.
—Pudiste haber perdido tus dientes en el vestidor, una vez Karen peleó con una chica, esa chica terminó en el hospital — Arianna lo decía tan dramáticamente que me causaba más risa que miedo.
—Pero no los perdí, aquí estoy — contesté orgullosa — yo sé defenderme, podría haber peleado con ella — lo pensé un momento antes de preguntar pero no quería quedarme con la duda — ¿Tan mal quedó la chica que terminó en el hospital?
—Si, la despidieron de acá por “alborotadora” eso pasa cuando no tienes cuidado con lo que dices o con lo que haces, la culpa era de ambas pero Karen salió ilesa del conflicto, como si no hubiese hecho nada. Ahora la pobre trabaja en el hospital, limpiando los pisos y cuidando a los enfermos — luego de escuchar eso pude imaginar tres puntos suspensivos sobre mi cabeza, siempre estoy quedando como estúpida.
—¿Me estás queriendo decir que la chica ahora trabaja en el hospital? — pregunté incrédula.
—Si, exactamente. Pobrecita, aquí hubiese estado mejor — la respuesta de Arianna me dejó aún más perpleja.
—Yo creí que la habían golpeado tan fuerte que tuvo que tratarla un médico, no que la despidieron y la contrataron en el hospital.
—Tampoco somos animales, Hannah. Si la golpeó muy fuerte, pero no fue nada tan grave ¿Te parece poco tener que limpiar vómito todos los días — Arianna se detuvo para hacer un gesto de asco y todo su cuerpo tembló de una manera bastante extraña — yo no podría, no, no, ya he caído bastante bajo como para caer aún. Que me perdone Dios y mis palabras no me castiguen, pero ya me basta con tener que vivir este infierno.
—¿Por qué no intentas nuevamente ser una vendedora? — pregunté emocionada, solo salió de mí, la duda entró repentinamente y salió de igual manera.
—Ahora sí, lo acabo de confirmar — comentó ella riéndose, obviando por completo lo que le acababa de decir.
—¿Qué has confirmado? — pregunté claramente confundida, últimamente sentía que vivía en la luna, no comprendía casi nada de lo que sucedía a mi alrededor, aunque para ser sinceros venía de un lugar parecido.
—¡Que estás loca! — exclamó ella con una risita burlona.
—No lo estoy — dije como una sentencia.
—Si lo estás — afirmó ella alejándose poco a poco.
—Ya te dije que no — contesté acelerando el paso para acercarme.
—Claro que sí — respondió ella en voz alta.
—Ya vuelve acá, no seas infantil — dije empezando a correr detrás de ella.
—Me dice infantil la que está corriendo — contestó ella corriendo también con el carrito a un lado, llevándolo gracias al palo de la mopa.
—Tú también estás corriendo — grité tratando de alcanzarla.
Estábamos tan distraídas en nuestro juego que no nos dimos cuenta de que en realidad estábamos en el trabajo y que no éramos las únicas, que habían otras personas caminando por los pasillos, todo fue muy divertido hasta que eso sucedió. Arianna chocó con el jefe del piso, derramando sobre él la cubeta llena de agua.
—¡Eres una incompetente! — gritó él al instante.
Yo me quedé paralizada, solo podía mirar desde lejos, las personas se acercaban y los miraban, negando con la cabeza, podía notar el miedo en los ojos de Arianna, en sus manos que se movían de manera nerviosa mientras trataba de defenderse.
—Le suplico que me perdone, señor — decía ella con la voz temblorosa.