capitulo XIX. Desayuno (desayuno).

446 Palabras
estaban mejor, los probé y al principio no fue tan malo, pero estaban crudos por dentro, literalmente la mezcla estaba líquida dentro del panqueque. —¿Qué te parece el desayuno, amor? — preguntó Robert mientras me miraba desde su lugar, no podía decirle la verdad, se veía tan feliz, tan orgulloso de lo que había hecho, pobre e ingenuo. —Está muy bueno — contesté con una sonrisa mal fingida. —Me alegra que te guste, termino de prepararte el almuerzo y nos vamos juntos al trabajo. ¿Que estaba haciendo qué? No, no, no ¡Por favor no! Dicen que el amor no conoce límites pero siento que hoy el mío lo ha conocido, no puedo comer ni un solo bocado más, aunque tampoco quiero botarlo, realmente estaría muy mal de mi parte si hiciera eso, es como si agarrara su esfuerzo, sus sentimientos, sus buenas intenciones y las tirara a la basura, no era algo que deseaba hacer. —No es necesario, amor. Puedo comer algo por fuera — respondí al instante, tratando de librarme de esa tortura a la hora del almuerzo. Tomé otro trozo de panqueque en mi tenedor y lo llevé a mi boca «Para esto me hubiese servido directamente la mezcla en el plato» —No te preocupes, Hannah. No es ninguna molestia, además ya casi termino. Junté toda la comida para evitar el sabor salado de los huevos, fue horrible, pero lo comí todo. Luego subí rápidamente a la habitación para arreglarme, segundo día y no tenía energías, mucho menos ganas de ir. Bajé nuevamente dónde Robert me recibió con la bolsa del almuerzo en su mano «Es un encanto» pensé automáticamente «Un encanto que definitivamente no tiene ni la más mínima idea de lo que es cocinar de verdad» nos subimos al auto y me pareció tan lindo poder ir junto a él al trabajo, era justamente la razón por la que estaba allí, limpiando baños. —¿Te divierte el empleo? — preguntó él a mitad del camino, haciendo qué comenzara a ignorar la música que estaba sonando de fondo. —Depende — contesté como si lo estuviese pensando. —¿Depende de qué? — cuestionó él confundido. —Depende de qué tan divertido sea para ti limpiar un baño — respondí mientras me reía. —Tenemos intereses diferentes, cariño — replicó él fingiendo incomodidad. —Eres un tonto. —Pero no soy cualquier tonto — contestó él al instante, ni siquiera me dio tiempo para pensarlo, solo me reí y respondí. —¿Eres un tonto especial? —Podría decirse que sí, algo así. —¿Algo así? — cuestioné. —Es que tú tonto.
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