Capitulo XX. Pelea.

689 Palabras
Después de un rato llegamos al trabajo, me bajé del auto dispuesta a comenzar mi día realmente, Robert hizo lo mismo y se colocó de pie a mi lado, tenía miedo, no quería experimentar lo mismo que había sentido el día anterior, ese extraño frío, esa extraña sensación, no quería volver a tenerla en mi cuerpo. —¿lista? — preguntó él con una sonrisa que se desplegaba de par en par en su hermoso rostro. —Lista — contesté con firmeza, dispuesta a enfrentarme a lo que fuese que sucediera. Entramos juntos al edificio y nos despedimos en las escaleras, me sentía como una niña que es dejada sola en su primer día de escuela. Me dirigí hacia la oficina del señor Allen para anunciarle mi llegada, al llegar a la puerta pude ver el gatito en el póster, ese gatito realmente me animaba cada vez que lo veía. Toqué la puerta un par de veces y el señor Allen vino en mi encuentro. —Buenos días, Hannah ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte? — preguntó él confundido, pero al mismo tiempo se le notaba alegre. —Buenos días, señor Allen. He venido a notificarle mi llegada — él se echó a reír ante mis palabras, no podía comprender porqué así que decidí preguntar — ¿He dicho algo gracioso? —No, claro no — respondió él aún sonriente — es solo que no tienes que venir hasta acá para avisarme que llegaste, solo debes ir hasta tu puesto de trabajo. —Lo lamento mucho, señor — respondí avergonzada al darme cuenta de el error que había cometido. —No se preocupe, me alegra verla por aquí y realmente no sería un disgusto que pase por acá cada día, es una buena manera de iniciar la mañana — había algo en la manera en que decía esto que me hacía sentir diferente, como si desprendiera una energía cálida. —Entonces trataré de venir a verlo cada vez que tenga una oportunidad — contesté tratando de ser cortés — espero que tenga un feliz día, señor Allen. —Creo que efectivamente voy a tenerlo — respondió él mirándome a los ojos, esa vibra que transmitía era tan contagiosa, tan pegadiza, como si fuese una melodía. Caminé por los pasillos del edificio hasta llegar a los vestidores, abrí la puerta y me conseguí a Arianna allí sentada con las demás, fumando un cigarrillo y riéndose a carcajadas. —¿No es muy temprano para eso? — pregunté ingenuamente mientras me sentaba al otro lado, colocando mi pequeño bolso junto a mí. —Nunca es temprano para un buen chisme, cariño — respondió Arianna como si fuese algo obvio. —Tienes razón, pero yo hablaba del cigarrillo — contesté confundida ¿Cómo no pudo darse cuenta de que estaba hablando de algo completamente diferente?. —¡Ah eso! — intervino Georgina, una muchacha bastante grande que estaba junto a Arianna — no hay hora para fumarse un cigarrillo, el humo se eleva y las penas bajan, deberías saberlo. —Nunca en mi vida he fumado — al decir estas palabras parecía que hubiese dicho algo realmente terrible porque ellas fingieron estar completamente asombradas, al menos yo quiero creer que estaban fingiendo el asombro y que no lo estaban realmente. —Lo supe desde que entraste por esa puerta, no eres del tipo de chica que suelen trabajar aquí — comentó Karen, otra compañera de trabajo, probablemente la más ruidosa de todas. Parecía un pájaro que estaba agarrando por la cola para impedirle el vuelo. —¿Qué tipo de chica soy? ¿De las que tienen educación? — no pensé que mi respuesta fuese mala, pero Karen puso una expresión de que realmente no le había gustado lo que acababa de decir. —¿Qué rayos acabas de decir? — preguntó en voz alta, un tanto atónita a mi parecer. —Creo que lo has escuchado bien ¿Realmente debo repetirlo? — respondí sin más, no me inmutaba, no cambiaba mi expresión, no le tomaba mayor importancia, después de todo ¿Realmente debería hacerlo? Yo creo firmemente que no.
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