2 años atrás.
Verano, bosque de Isola Santa, Italia.
La noche era de las más calurosas que yo recordaba desde siempre, Italia no había estado tan caliente nunca, era tan molesto que ya no lo soportaba, el sudor pegajoso pegaba mi cabello en mi cuello y el calor excesivo de mi cuerpo empapaba mi ligera blusa de botones sin mangas y mis cortos shorts de mezclilla, ni siquiera el hielo que habíamos despedazado para calmar los ardores del clima, eran suficientes, además, los mosquitos eran lo peor de todo el caso, Annia y yo ya habíamos terminado con los dos aerosoles anti mosquitos y tal parecía que eso no servía de nada.
Sabía que al final del campamento, terminaría llena de espantosas ronchas y una desesperante comezón.
Sin embargo, aquella noche no era tan infernal como se pudiera esperar, pues, pese a el clima inconveniente, me la estaba pasando de maravilla, Damien parecía estar de buen humor y, bromeaba junto a Ángelo, Nico y Lorenzo, íntimos amigos de él, tres italianos quienes eran secretamente, miembros junto a nosotros del club “Fetich”, además, los padres de los tres, eran accionistas de una de las múltiples empresas de exportación de vino de Ígor, motivo por el que se había hecho aquel campamento, además que ya era tradición de cada año, sin olvidar que los tres no se perdían ninguna de las fiestas de la familia y, sobre todo, las fiestas en el club.
Y mientras los “adultos” se divertían apenas a un kilómetro de sus hijos, nosotros nos divertíamos entre nosotros, habíamos tendido campamentos alrededor de una fogata innecesaria mientras nos emborrachábamos entre risas y chistes.
-Toma otro hielo Stella-, me susurró Annia mientras me extendía un pedazo de hielo de la hielera de junto mientras me tenía recostada en sus piernas bronceadas -el que tienes está por terminarse-. Musitó apartando un mechón húmedo de mi frente brillosa, resoplé mirando las copas de los árboles oscurecidas y las estrellas tintineando en el cielo.
La obedecí tirando el pequeño hielo que me frotaba en el cuello hacia Iván, el que sonrió cuando la pequeña piedrita fría aterrizó en su hombro.
-No hagas eso-. Me reprendió dándole un largo trago a su lata de cerveza, nos miramos y yo le sonreí, sin embargo, Iván borró su sonrisa cuando Nico le pasó el brazo por los hombros, mientras ambos estaban sentados uno junto al otro en un mediano tronco seco.
- ¿Quieres otro chico lindo? – Le dijo acercándose demasiado al hijo menor, Iván frunció el ceño y lo apartó sutilmente.
-No-. Le contestó, Nico hizo un puchero mientras Damien estaba distraído en una estúpida conversación con Ángelo y Lorenzo.
-Oh vamos-, continuó -no has bebido casi nada-. Nico, quien tenía la misma edad que Damien insistió mientras volvía a pasarle el brazo por los hombros, Iván puso los ojos en blanco irritado.
-Te dije que no-. Le respondió con irritación, pero Nico no hizo más que soltar unas ligeras carcajadas, luego Damien se puso de pie dándole un largo trago a su bebida.
-Basta, déjalo-, musitó Damien entre carcajadas de borracho - ¿Por qué mejor no jugamos algo? -Sugirió caminando tambaleante hasta nosotras, dejándose caer sobre ambas, Annia y yo gritamos entre risas, Damien impidió que me levantara de las piernas de Annia, le sonreí apartándolo.
-Quítate-. Lo empujé entre risas.
- ¿Jugamos a la botella? -Sugirió Ángelo, Annia y Lorenzo protestaron.
- Eso es para adolescentes-. Se quejó Lorenzo.
-Además solo somos dos chicas-. Annia le segundo apartando a Damien quien continuaba sobre nosotras en un juego de fuerzas, para después detener las manos de su prima para agacharse sobre mí, y besarme con hambre - ¡Basta ustedes dos! -Gritó ella entre risas.
- Dos chicas y una belleza encantadora-. Ángelo miró a Iván, el hijo menor le regresó la mirada con cara de pocos amigos, fruncí el ceño, pero inevitablemente aparté a Damien procesando el como él había llamado a Iván, Damien finalmente se apartó poniéndose de pie.
- Está haciendo un calor de mierda, porque mejor seguimos bebiendo-, Damien propuso cruzándose de brazos -aún quedan muchas latas de cerveza, juguemos a ver quién se las termina más pronto-. Dijo arrojándome una lata cerrada, la que me costó atrapar, hasta ese punto yo era la que había bebido más que ellos, y la que posiblemente les ganaría en ese estúpido juego propuesto por Damien.
Me senté sobre la roca junto a Annia quien encendía un cigarrillo, con desinterés.
-Oh quizás podemos bailar alrededor del fuego, estamos todos ebrios, y quien se caiga dentro de la fogata y se muera, pierde-. Dijo ella dándole una calada a su cigarrillo, no tardaron las risas, Lorenzo se sentó junto a Iván para alcanzar a Annia, y que esta le compartiera de su cigarrillo.
Pronto, una más animosa conversación se desarrolló entre todos, en verdad, me divertía, la lata de cerveza no hizo más que sumarse a las que ya tenía subidas en la cabeza, la bruma de la embriagues me causaba una ola de carcajadas que hacían que me doliera el estómago, y aproveché para ir hasta Iván para sacarlo a bailar, al final, todos le habíamos hecho caso a Annia y bailábamos a excepción de Nico y Damien alrededor de la pequeña fogata, como unos completos alcohólicos locos, Iván sin pensarlo me rodeo el cuerpo para bailar conmigo como si ambos estuviésemos en una elegante pista con una hermosa orquesta tocando en nuestra imaginación, él me hacía girar sobre mi propio eje mientras me miraba con los ojos brillando al fuego naranja de la fogata, lo abracé acunándolo entre mis brazos, sin importarme que estuviéramos cubiertos en sudor, él parecía estar genuinamente feliz mientras rodeábamos el fuego entre risas y giros, luego, Damien, nos sorprendió abrazándonos a los dos, grité alegremente cuando los brazos del hijo mayor rodearon mi cintura y la de su hermano.
-Ahh Damien-, se quejó Iván cuando casi nos caemos sobre la fogata -eres un egoísta, déjame estar con ella un poco más-. Iván frunció el ceño mirando a su hermano como exactamente un hermano menor miraría las travesuras de su hermano mayor, la ternura me ablandó el corazón, y no me reprimí en acariciar la suave mejilla de Iván.
-Solo un poco más entonces-, nos soltó Damien, para después apuntarlo -pero solo porque tú, “Idan”, me lo pides-. Iván frunció el ceño molesto al escuchar aquel apodo que Damien le había dado desde niños cuando no podía pronunciar su nombre.
- Ya no me llames de esa manera-. Se quejó, me mordí los labios enternecida.
Damien levantó los brazos.
-Oh claro, perdón, ya eres adulto, pequeño “Idan”-. Dijo entre risas, Iván replicó apartándome de Damien.
-Si si muy gracioso idiota-. Musitó alejándome, fue cuando lo estreché a mi cuerpo, para seguir bailando como lo estábamos haciendo, él sonrió para después también sonreírle a su hermano con rotunda admiración.
Nos divertimos un rato más, hasta que Damien me vino a reclamar, Iván ya no puso más restricciones y dejó que su hermano mayor me llevara, acaparando mi atención, Damien se recargó en el tronco de árbol más cercano conmigo entre sus brazos, el hambre de mí, estaba tatuándole el rostro mientras Annia se acercaba a Iván, para que, al estar con el heredero mi alrededor desapareciera, estar juntos provocaba que solo él y yo existiéramos, y me encantaba cuando me rodeaba con aquel deseo que me consumía, por lo que el tiempo se detuvo mientras me hacía de nuevo de los labios de Damien, unos labios deliciosos que me buscaban para consumirme como el fuego, mi cuerpo reaccionó erizándose, perdiéndome en sus ojos claros y su ligero olor a sudor dulzón que me volaba la mente, y colgada del cuello del atractivo chico, me hice de su lengua caliente, sin importar quienes estaban a mi alrededor, realmente nunca había importado que nos miraran, todo era parte del juego, uno que disfrutaba soberanamente, tanto que me perdía en todo y en todos, hasta que sorpresivamente un grito de ira rompió con la bruma azul en la que estaba envuelta, parpadee jadeante y con el corazón martillándome en el cuerpo, al mismo tiempo en que mi atención la guie al origen del problema.
Sorpresivamente, descubrimos con horror como Iván había empujado a Ángelo tirándolo al suelo del bosque con una ira que desfiguraba su mirada azul.
- ¡No vuelvas a molestarme imbécil! -Le gritó Iván mientras Annia lo sostenía por un brazo con el rostro vuelto en terror, Damien se movió de mi con una velocidad tan increíble que no parecía propia de un humano, Ángelo se puso de pie de un brinco para encarar a Iván, Lorenzo entre risas apartó a su amigo por un hombro.
- ¿Qué pasó? - Damien intervino.
-Basta Ángelo-. Nico parpadeo burlón, sin meterse.
- ¿Cuál es tu puto problema? -Ángelo se acercó a Iván para empujarlo de igual manera, pero Damien logró llegar antes de que su amigo tocara a su hermano menor.
- ¡No vas a pegarle idiota-! Damien se puso entre los dos, me llevé una mano al pecho mientras me acercaba con las piernas temblorosas ¿Qué estaba pasando?
- ¡Te advertí que pararas, jodido pervertido! -Iván gritó tras su hermano, mientras intentaba escurrirse del agarre de Annia quien le pedía que se tranquilizara y del cuerpo imponente de Damien.
- ¿Pervertido? -Susurré aterrada.
- ¿Qué? – Damien miró a Ángelo mientras Nico borraba la sonrisa de sus labios.
- ¿No sé de qué mierda estás hablando cabrón? –
- ¡Ya basta! -Gritó Nico interviniendo, distrayendo lo que estaba pasando.
- ¡No no no, nada de basta! -, gritaba Iván rojo de ira, mientras su cuerpo se impulsaba hacia adelante, completamente decidido a llegar hasta Ángelo, quienes estarían enganchados en una pelea de no ser porque el imponente Damien los frenaba justo entre los dos - ¡Son unos putos asquerosos! -Escupió Iván luchando con su hermano mayor.
- ¿Asquerosos? – Ángelo hasta ese punto, estaba completamente encolerizado, miró con ofensa a Iván mientras Nico intentaba tranquilizarlo con todo lo que podía - ¡Como mierda te atreves en llamarnos de esa manera puto mocoso! -Aulló apuntándolo con un agresivo dedo acusatorio.
- ¡Ya paren! ¡Por favor! -Irrumpió Annia, intentando frenar la ira de su primo, halándolo de la sudorosa camisa blanca, Damien apretó los ojos, completamente sobrepasado.
- ¡Ángelo, ya es suficiente! – Advirtió Damien empujando enérgicamente a su amigo, quien no prestó oídos, su furia lo ensordecía, su mirada era la de un desquiciado y su lengua, resultó venenosa, como las cobras.
Mientras que yo, miraba el espectáculo desagradable, completamente imposibilitada de poder reaccionar adecuadamente, mi miedo me paralizó a tal punto, que me dejó clavada en el suelo, mirando como una tonta.
- ¡Vuelve a llamarme asqueroso una vez más hijo de puta y te parto esa cara de niña bonita que tienes! - Continuó Ángelo, Nico le rodeo el pecho con una mano mientras luchaba por contener la risa, mi corazón galopó en mi cuerpo, al darme cuenta de que solo yo había descubierto “al mejor amigo” de Damien, divertirse con algo como eso.
- ¡Ángelo! -Lo reprendió Lorenzo, sin intentar detenerlos.
- ¡Maldito hijo de perra! – Gritó Iván ingobernable.
- ¡Enfermos son ustedes! -Ángelo nos apuntó a mí, a Annia y a los hermanos con rabia en los labios, mi corazón se contrajo en una sensación tremendamente desagradable, Iván se silenció mirándolo con los ojos bien abiertos, mientras Damien y Annia entornaban su mirada a un Ángelo implacable - ¡Si! ¿O acaso a sus padres les divierte ese jueguito perverso e incestuoso que tienen entre ustedes cuatro? -Nos preguntó mirándonos completamente desorbitado en medio de la ausencia de gritos y jaloneos, Nico tomó a su compañero para alejarlo de Damien, pero eso no impidió que el hijo mayor lograra silenciarlo con un poderoso puñetazo en el rostro, haciendo que Annia y yo nos lleváramos las manos a los labios, el bosque se silenció e Iván se quedó de piedra, junto a todos nosotros alrededor.
-Nico-, lo llamó Damien con una seriedad que causaba escalofríos, el joven Nicolas contempló al heredero con los ojos bien abiertos mientras ponía de pie a un muy confundido y ensangrentado Ángelo -llévatelo de aquí-, le dijo mientras Lorenzo se acercaba para ayudar a Nico con su desvalido amigo -porque un segundo más y lo muelo a golpes-. Amenazó Damien, la mirada de Nicolas se ensombreció.
-Damien no…-
- ¡Llévatelo! -Respondió el heredero gritando, haciendo que me estremeciera completa -No los quiero cerca de mi hermano de nuevo-. Amenazó con ojos asesinos.
Nico frunció los labios en una mueca de desapruebo mientras fugazmente entornaba los ojos en Iván.
-Estás cometiendo un error Damien, golpeaste a “mi hermano”, y esto debe emparejarse, además, Ángelo no ha dicho mentiras -. La voz de Nico sonó amenazadora, pero eso no intimidó para nada a Damien quien apretó las manos en puño, sin embargo, había algo en su expresión que parecía titubear, resentirse con las palabras de su mejor amigo, un amigo que parecía guardar veneno en su interior desde hace mucho tiempo.
-No voy a decirlo de nuevo-. Dijo apretando los dientes, Nico entornó los ojos preparándose para irse junto a sus amigos.
-Esto no se va a quedar así-. Salieron las ponzoñosas palabras de alguien completamente envuelto en resentimiento y maldad.
Un desagradable estremecimiento me había recorrido aquella noche, tan poderoso que jamás me abandonó en la soledad de mis noches, clavándose como espinas en mi cuerpo, aquella sensación tan consumidora me apañó, pues, aquellas últimas palabras habían sido no una advertencia completa, o mero fulgor del momento, aquellas concisas palabras venían cargadas de envidias y resentimientos pasados y Damien, había cometido un error aquella noche, uno, que se llevaría más que su propia alma.